Historia

1949. La Roubaix de la polémica

La edición de 1949 de la Paris-Roubaix, no pasó a la historia por el gran espectáculo ofrecido por los corredores. Sin embargo, la polémica por los errores logísticos en la parte final, llevaron a los organizadores a otorgar ex aequo la victoria a dos corredores. Un caso único en su historia, y probablemente en la de las grandes carreras ciclistas.

Treinta años después de su bautizo como “infierno” por parte de un periodista de L`Auto, que acompañaba al recordado Eugéne Christophe en coche por las devastadas carreteras que habían dejado la Primera Guerra Mundial, se ponía en marcha otra edición, la 47, de la Paris-Roubaix en los alrededores de Saint Denis. Atrás quedaban los aciagos días de otro conflicto bélico, la Segunda Guerra Mundial, que de igual forma asoló gran parte del hexágono francés y privó a los aficionados de poder ver las mejores carreras y por supuesto a los ciclistas de correrlas. Allí se dieron cita algunos de los más grandes ciclistas del momento, con todos los focos puestos en un posible duelo. Rik Van Steenbergen, belga de Arendonk, vencedor de la anterior edición y que años más tarde iba a convertirse en Campeón del Mundo hasta en tres ocasiones, igualando a Alfredo Binda, un verdadero especialista en estos escenarios que sobre el papel iba a tener en frente nada menos que a Fausto Coppi en su primera participación en la antigua Pascale.

El célebre Campionissimo se enfrentaba a un reto que nunca tuvo muy claro de acometer, pero que afrontaba con la motivación habitual de un hombre que ya contaba en su haber con tres Milán San Remo y los mismos Giros de Lombardía, casi nada. Además de los dos citados, otros corredores de renombre en la época como el suizo Ferdi Kubler o un veterano Achiel Buysse contaban de igual forma en los pronósticos de aquella Roubaix del 49 que Jacques Goddet tituló con anterioridad en L´Equipe como “la carrera del siglo”, nada más lejos de la realidad.

Estos pronósticos previos tuvieron poco recorrido, las caídas dejaron fuera de carrera a Kubler y a Van Steenbergen, y los protagonistas no fueron en última instancia los esperados. A menos de treinta kilómetros para llegar a la textil Roubaix, fueron cuatro ciclistas los que pusieron tierra de por medio rumbo a la victoria, Jesus Moujica, Frans Leenen, Florient Mathieu y André Mahé. El infortunio se cebó con Mathieu, que perdía opciones con una caída. Moujica, un francés nacido vasco, de Urretxu, que ese mismo año ganaría la Burdeos-Paris, también cae, a pesar de todo consigue unirse al dúo Leenen-Mahé en busca de la victoria.

Ya en los alrededores del insigne velódromo de la ciudad de Roubaix, se iba a producir un hecho que iba a protagonizar, en el aspecto negativo, indudablemente la carrera y su devenir. El gendarme encargado de indicar a los corredores, envía por error a la cabeza de carrera dirección a la puerta del velódromo que da acceso a la prensa, sin transitar por el trazado oficial de la prueba. Mahé se impone en la línea de meta y ya celebra su triunfo, cuando aparece en escena un grupo numeroso de ciclistas entrando en meta, estos sí por el acceso reglamentario, en el cual se impone al sprint Coppi, pero no Fausto, en este caso Serse el hermano pequeño, también corredor del Bianchi, la imitación chistosa de Fausto según el escritor Dino Buzzati. La polémica estaba servida.

El Campionissimo arenga a su hermano a reclamar la victoria como suya, después de que la organización se la adjudicará a Mahé. Los italianos se escudan en el artículo 156 del reglamento oficial de la carrera, el cual indica que debe seguirse el itinerario fijado oficialmente, sin embargo, el mismo artículo cita más adelante que se deben seguir las indicaciones de los agentes de policía, y es eso lo que defiende André Mahé para conservar su victoria. En estas Fausto Coppi, amenaza a los organizadores con no volver a poner los pies jamás en Francia, en el Tour, ni por supuesto en la Paris Roubaix si la victoria no es para su hermano. Corredores belgas y franceses ponen el grito en el cielo por el chantaje de Fausto a la organización.

El final de esta historia nos lleva a meses después, cuando se decide por primera vez, y única hasta la fecha, en la historia de la Paris-Roubaix que los vencedores serán dos: Serse Coppi y André Mahé, una decisión salomónica en una edición del Infierno del Norte que tanto L´Equipe como el propio Goddet tratan de olvidar lo antes posible e incluso ofrecen una prima a repartir entre Mahé, Moujica y Leenen equivalente a los tres primeros clasificados de la prueba para intentar rebajar las críticas. Y sí, Fausto Coppi volvería a pisar suelo francés, y con éxito, pero esa es otra historia.

Escrito por Alberto Díaz Caballero (@Sincadenablog)
Foto: Sirotti

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