Historia

6 de julio de 1992: Nace la Virenquemanía

El 4 de julio de 1992, el que acabaría siendo el segundo Tour en el palmarés de Miguel Induráin, parte de Donosti-San Sebastián para recorrer cerca de 4.000 kilómetros. Es el ciclista villavés quien se adjudica la etapa prólogo. Pero al día siguiente, Alex Zülle, en otra etapa que finaliza también en la capital guipuzcoana, se viste de amarillo.

El lunes 6 de julio la etapa vuelve a partir de Donosti arribando a Pau. Son 255 kilómetros de recorrido. Por el camino, los ciclistas se van a topar con el alto de Aritxulegi, con el de Agiña, con el Col d’Ispegi que se sube por el lado de la Navarra Sur hacia la Navarra Norte, con el Col d’Osquich… Y sobre todo con el Marie Blanque, situado a 46 kilómetros de la meta, que en tantas oportunidades ha sido llegada en la Grande Boucle.

Aquella nublada mañana de lunes en Donosti, Richard Virenque no es más que un gamin. Un neoprofesional del R.M.O.Mavic Onet que, en el último momento, ha sido seleccionado por sus directores Jacques Michaud y Bruno Roussel para tomar la salida con el dorsal 38. Sí que era un gamin, un debutante. Pero no necesariamente por ello debía de ser una persona tímida, como el tiempo demostró.

Virenque, ya en sus inicios, era derrochador. Se pagó un Porsche con lo cobrado en sus primeros años de profesional. También, en cierta manera, era una persona solidaria. Las primas obtenidas durante el Tour de 1994, cerca de 250.000 francos, las donó a la causa del genocidio ruandés, en aquel año latente. No solo esto. Era un showman, capaz de imitar a Michael Jackson en una emisión de televisiva de Patrick Sébastien.

Así que, antes de partir la etapa hacia Pau, Richard se dirige hacia el periodista de L’Equipe Philippe Le Gars y le plantea: “¿Sabes lo que me gustaría de verdad?: Participar en la emisión del periodista y comediante Gérard Holtz después de la llegada de la etapa. ¿Podrías tú proponerle para que yo fuera el invitado?”.

Sin embargo, Richard Virenque iba a explotar ante los ojos del gran público aquel 6 de julio de 1992. ¡No iba a ser necesaria la intercesión de Philippe Le Gars para salir en la televisión! Virenque se lo iba a ganar en la carretera y por derecho propio. Richard “Corazón de León” nos iba a demostrar el ciclismo que él amaba. El de los sueños en amarillo o en topos rojos. El de la gloria y el dinero. El ciclismo en que se era capaz de saltar al abordaje costase lo que costara. Virenque, “le panache” en estado puro.

Virenque saltaba en solitario en el kilómetro 30 de aquella etapa, en las estribaciones del alto de Agiña. “Solo” restaban 225 kilómetros para la meta. 25 más tarde iba a ser alcanzado por su compañero de formación Dante Rezze y por el ciclista alavés del Seguros Amaya, Javier Murguialday.

Durante el paso de la carrera por Navarra los tres ciclistas cabeceros pusieron mucho tiempo de por medio. El pelotón sesteaba. Al fin y a la postre, ninguno de aquellos tres ciclistas, en aquel momento, representaba ningún peligro para los grandes favoritos. La diferencia se ponía en el kilómetro 97, al paso por el Col d’Ispegi, en los 22 minutos. Esta ventaja se redujo hasta la mitad en el transcurso del quebrado recorrido que les conducía hasta la base de la gran dificultad del día, el puerto de Marie Blanque.

Dante Rezze se queda, y Virenque pasa en el alto con 15 segundos de ventaja respecto a Murguialday. Sin embargo, el alavés vuelve a contactar con Virenque. Una vez los dos en cabeza, el acuerdo es total. Los dos pasan al relevo. Porque poco hay que discutir. El ciclista de Javier Mínguez ya se intuía que se iba a adjudicar la etapa. Y el francés de R.M.O. iba a vestirse sucesivamente en el podio de Pau con tres maillots: el amarillo, el verde, y el de topos rojos.

Nada más entrar en meta, la muchedumbre se agolpa en torno a Virenque. Se ve rodeado de multitud de cámaras y micros. La emoción se apodera de Richard que, al poco, acude a “Vélo Club”, al programa de Gérard Holtz, a relatar su hazaña al público galo.

Al día siguiente, un fatigado Richard Virenque cede su maillot amarillo a su coequipier Pascal Lino. ¿Era ya quizás lo de menos en aquel momento? Porque el día anterior, ya había nacido la “Virenquemanía”.

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto: Sirotti

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