Carreras Historia

90 años de maglia rosa

Una de las prendas más famosas del ciclismo junto al soñado maillot amarillo y al selecto club capaz de lucir las bandas multicolor del arco iris. Ambas comparten ese halo de mítica y épica que solo el rosa del Giro ha conseguido construir y conservar durante noventa años. Noventa años de historia, de magia, de mitos elevados a los altares y reducidos a cenizas con la misma celeridad. El rosa da y quita, pone el foco encima de ti y espera a que te muestres como un gran campeón o que la presión del escenario haga temblar tus piernas. 

Quien la luce es durante ese periodo un apellido que prácticamente toda Italia va a conocer y a idolatrar. Los puertos corearán tu nombre, muchos de ellos sabrán más de tu biografía de lo que tú seas capaz de recordar. Eso es la maglia rosa, el símbolo de un estilo de ciclismo, ese que no es tan comercial como el del Tour de Francia. Ese que se aloja en el corazón de los verdaderos y fieles aficionados al ciclismo.

Desde 1931 los más afamados pedalistas han subido al podio a recogerla. El color rosa de las páginas de la Gazzetta dello Sport inspiraron esta idea, rellenando aún más de dicho color sus contenidos, recreándose en las gestas de Merckx, sufriente en la defensa de la maglia ante incisivos escaladores como Fuente y a la postre recordman con 78 días en rosa. O Alfredo Binda, que compitió en la edición de 1931 pero no fue capaz de alzarse con el que se intuía iba a ser uno de los iconos de este deporte. El honor de vestirse de rosa por primera vez fue para Learco Guerra, apodado ‘La Locomotora Humana’, y que además consiguió en su Mantua natal, primera meta de aquella edición. Un hito que quedará para siempre en los libros de la corsa transalpina. 

Anquetil, Coppi, Hinault, Indurain, Moser, Saronni, Bartali… no solo ha sido un juego de italianos. Aunque los más presentes en esta tarea han sido obviamente los ciclistas locales, para los que lucir la maglia da razón de ser a toda una carrera deportiva. Con la globalización del ciclismo, cada vez es más extraño ver una bandera de Italia encabezando la clasificación general. Lo más habitual es observar británicas, colombianas, neerlandesas o incluso luxemburguesas. Más raro aún ver la tricolore en fases decisivas del Giro. Nibali fue el último en hacerse con la maglia definitiva, en 2016. No parece un hecho aislado, sino más bien una tendencia que no parece revertirse en el corto plazo. 

El prestigio de la maglia rosa se mantiene como un recodo del antiguo ciclismo, ese que el moderno parecía haber desterrado para siempre. Como todo lo vintage, en un intento por pasar a la historia del ciclismo, muchos de los principales actores de la actualidad han crecido sin el complejo de inferioridad con el que el miedo afligía. En cambio, parecen verse seducidos por ese romanticismo que saben vender tan bien en Italia. Las personas luciendo rosa, las casas vestidas del mismo color, incluso las carreteras teñidas así. La verdadera pasión. La representatividad del ciclismo a toda escala italiana. Tan difícil de conseguir, tan fácil de perder. Pero si cuentas con la tradición y el buen hacer del Giro en llenar de color su carrera, es casi imposible que ese arraigo desaparezca. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Luca Zennaro / ANSA / RCS Sport

Una respuesta

  1. Muy bien expresado. La «rosa» tiene algo que para los nostálgicos como un servidor le falta al «jaune». Cuando era joven y salía con mi bici a la carretera soñaba con vestirla algún día. Entonces ni Induráin ni aún menos Contador habían conquistado la prenda. Larga vida al rosa!

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