Puertos

Altimetrías: los tres mitos de Asturias (Angliru, Lagos de Covadonga y Gamoniteiro)

La Montaña Central asturiana y, concreta mente, la Sierra del Áramo es bien cono- cida por los cicloturistas de toda España y, más aún, de todo el mundo por albergar las terroríficas rampas del considerado Olimpo del ciclismo patrio: L’Angliru.  

Sus cuestas, tan temidas como afamadas y visitadas, mueren cuesta abajo junto a un lago, casi charca, al pie de La Gamonal –nombre del pico con que primeramente fue bautizado el coloso riosano- una de las cumbres más altas de estos contornos, un honor éste que le corresponde en exclusiva a la montaña que aquí nos atañe, menos conocida por el público en general, pero -lo que es más importante- igualmente temible: el Pico Gamoniteiro.  

Se trata de un rival de muchísimo nivel a cuya vecindad con La Gamonal también hay que añadir, curiosamente, una etimología similar en su denominación: “tierra de gamones”, es decir, tierra rica en asfódalos, esa planta que también llaman pita ciega y que pare unas vistosas flores blancas. Y, por supuesto, un paisaje similar de esos de quitar el hipo: Asturias a la enésima potencia. Hasta el mismísimo Gamoniteiro asciende una carretera que es compartida durante casi 9 km. con la del alto de La Cobertoria, una subida varias veces visitada por la Vuelta Ciclista a España desde su estreno en 1988, aunque siempre ascendida por una de sus caras me nos fieras. 

De hecho, este puerto se granjeó cierto renombre en el mundillo más bien por su peligrosísimo descenso hacia Pola de Lena –por la antigua carretera, ya que la actual, remozada y mejorada, no presenta más dificultad que la que puedan plantear las fuertes pendientes-, que ha propiciado múltiples caídas de cierta importancia en la historia de la prueba ciclista: Fernando Escartín besó el suelo un par de veces y a punto estuvo de no poder llegar a su boda con tres costillas rotas del costalazo y Abraham Olano se dejó ahí sus opciones para ganar la Vuelta, pero es al suizo Alex Zülle a quien debemos la más “divertida” anécdota cuando allá por 1993, entumecido por la lluvia, el frío y el barro de la caída pronunció o, más bien, balbuceó aquello de «agua, culo, carretera, bicicleta, flores» mientras su compatriota Tony Rominger le “sisaba” el liderato y a la postre el triunfo en la carrera. 

La pista asfaltada del Gamoniteiro, que parte aproximadamente un kilómetro antes de La Cobertoria, tiene su origen en la instalación de las antenas o repetidores de RTVE que se erigen en la cima, cuando fueron inaugurados el cinco de marzo del lejano año de 1964. Como ocurre en otros muchos lugares de la geografía nacional, se buscó un lugar elevado que estuviese ubicado en el centro de la región para darle buena cobertura. De ahí que la Sierra del Áramo -y, más concretamente los 1.791 m. de altitud del Gamoniteiro- fuese el emplazamiento escogido para Asturias. Así pues, éste fue el motivo de la construcción de la que ha sido carretera asfaltada más alta del Principado hasta la pavimentación del Cueto Negro, prolongación de Pajares-Brañillín. 

Pero unas líneas más arriba hemos afirmado que este ascenso es un duro rival de su vecino, L’Angliru, y eso es mucho decir. Presos del entorno, pero también del cansancio, apenas capaces de dar dos pedaladas cadentes, avanzamos hacia nuestro objetivo con la ventaja de tenerlo a la vista y el inconveniente, a la vez, de atisbarlo aún tan alto. Sólo cuando se acaba la montaña, cuando trazamos una postrera curva de herradura a derechas –tampoco hemos encontrado muchas en el trazado-, de nuevo hormigonada y con una pendiente máxima próxima al 20%, chocaremos frontalmente con el grupo de antenas de la cima justo hasta que una valla nos impide, a menos que la encontremos abierta, ascender hasta el punto más alto que alcanza la carretera, varias decenas de metros más arriba. 

Lagos quizás porque fue el primer gran puerto -con permiso de Pajares y Sierra Nevada- en incluirse en la Vuelta Ciclista a España; quizás porque el mismísimo Hinault -derrotado por Lejarreta en su cima- afirmó que se trataba de una subida más dura que todo un Alpe D’Huez; quizás porque su inclusión se llevó a cabo el primer año en que la carrera se retransmitía íntegra por televisión para asombro de un país que aún entre bostezos despertaba de su eterno letargo de complejos y comenzaba a descubrir la belleza de los rincones más recónditos de su geografía. 

Quizá porque la grandiosidad del paisaje de Picos de Europa sublima a cualquiera, incluso a quienes no poseen la menor sensibilidad para apreciar la majestuosidad de la naturaleza en general ni de la montaña en particular; quizás por uno, por varios o por todos estos motivos y algunos otros que se puedan esgrimir, nos parece fuera de toda duda que Lagos de Covadonga es de largo el puerto con mayor halo de misticismo dentro del ciclismo patrio, aunque como ocurre con el pirenaico Tourmalet en nuestro país vecino, su ascenso hace años que dejó de ser el más duro para los ciclistas, el más atractivo para el espectador o el visitante, o incluso aquél en que se han producido las batallas más determinantes de nuestro deporte. Gracias a La Vuelta, a TVE y aquel lejano 1983 -y años venideros- fuimos muchos los cicloturistas que localizamos en el mapa esta subida y aún hoy la marcamos entre las imprescindibles… la huella que nos dejó en su momento es imposible de borrar. Pero Covadonga, así como su entorno, comienza mucho más atrás en el tiempo formando parte de la historia de nuestro país. 

Precisamente entre la historia y la leyenda se ubica la figura de Don Pelayo, un noble o quizás señor de caudales, a quien se le ha figurado históricamente como el cabecilla de la rebelión contra la invasión musulmana de la península que comenzó en 722 con la denominada como como Batalla de Covadonga, controvertido punto en que suele ubicar se el inicio de la llamada Reconquista. 

Volvemos a la guerra Gamoniteiro – Angliru. El análisis comparativo nos dice que se trata de ascensos radicalmente diferentes: si obviamos datos generales como longitud y pendiente media en ambos, por un lado tenemos un puerto con 6,5 km. de extrema dureza precedidos por un inicio duro, aunque nada fuera de lo normal: lo que marca la diferencia en L’Angliru es su tramo final y, sobre todo, ese km. a más del 17% de pendiente media con la famosa Cueña les Cabres (“camino de las cabras”, ¡cuán apropiado nombre!) donde los ciclistas nos retorcemos de lo lindo. 

Sin embargo, Gamoniteiro es un puerto más constante y, desde que se abandona Pola de Lena, apenas si encontramos tregua en sus rampas: sólo el tramo previo al cruce de las antenas y el posterior rebajan la pendiente. Podemos afirmar que su porcentaje medio es representativo de la práctica totalidad del puerto, por lo que sus algo más de 15 km. al 9,7% los sufriremos desde el cabo hasta el rabo. Presos del entorno, pero también del cansancio, apenas capaces de dar dos pedaladas cadentes, avanzamos hacia nuestro objetivo con la ventaja de tenerlo a la vista y el inconveniente, a la vez, de atisbar aún tan alto. Las cimas, como cabía esperar, son una magnífica atalaya de toda Asturias, quizás de las mejores por su situación en el centro del Principado, un privilegiado otero que es además Olimpo ciclista español. 

Reportajes de puertos más amplios

Escrito por Martín Cerván
Fotos: Martín Cerván
Gráficos: Miguel Baeza

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