Historia

Álvaro Pino, el adalid del ciclismo gallego

Y es que Pino fue mucho Pino. El de Ponteareas ganó fama internacional al vencer aquella Vuelta de 1986 ante el abnegado segundo, Robert Millar, el escocés del pendiente. Parecía que tras el fiasco de la Sierra de Guadarrama, era su ocasión para vengar la afrenta que Delgado encabezó. Sierra Nevada era el día en el que la suerte, las fuerzas y la cabeza iban a decidir quién era el favorito número uno a llevarse la primera grande de aquella temporada. La eterna ascensión a Pradollano dio para mucho, con ataques incesantes y un Pino que primero pareció perder el amarillo para después resucitar y sentenciar la carrera, dejando atrás a su gran rival. La etapa que ascendía el novedoso puerto de las Palomas se suspendería por una huelga un tanto ficticia. Había cansancio y las excusas suplantaron a las soluciones ante cualquier problema. Sin más campo de batalla, solo restaba la crono de Jerez de la Frontera. Álvaro la ganó de amarillo y el título de la Vuelta se fue a Galicia. 

Terminó su trayectoria, tras haber pasado por Colchón-CR, Zor, BH y Seur, en ese orden, en el Kelme, donde siguió como director deportivo años más tarde. Tuvo el gran mérito de reconducir las grandes dotes escaladoras del equipo en una máquina de obtener buenos resultados y jugar a ganar, sin complejos y sin duda ni miedo al rival. De esa forma, hombres a los que se había encasillado como conservadores como al oscense Fernando Escartín, supieron salirse de ese carril de conformismo para alcanzar, a través del ataque, un podio el Tour de Francia y convertirse en un ídolo de masas en España, donde su actitud era admirada y aplaudida. Álvaro Pino tuvo mucho que ver. Sus manos fueron también las que lo recogieron del suelo en el descenso de La Cobertoria, donde acababa el sueño de luchar por ganar la Vuelta de 1999. 

Se marchó de ese proyecto, que ganaría la Vuelta con Roberto Heras tras recoger los frutos de esa actitud de avispero constante. Una filosofía que llegó al equipo para quedarse. El gallego optó por tomarse un respiro y capitanear más tarde el polémico Phonak suizo. Hamilton, Sevilla, Landis, etc. Un equipo con pura base española en el que poco a poco fue creciendo otro pontevedrés, esta vez de Mos: Óscar Pereiro. Su calidad le llevó a fichar por Caisse d’Epargne y proclamarse campeón del Tour tras la descalificación de Floyd Landis, ex compañero en Phonak. Un caso que hizo mucho daño a la estructura y le alejó de ella. 

Y aquí viene su tercer y último proyecto como director, el Xacobeo. Galicia necesitaba alguien al volante para comandar las operaciones de un conjunto con el sueño de reflotar y capitalizar toda la pasión por la bici contenida en la región. Álvaro tomó las riendas y tras notables éxitos, sobre todo, en la Vuelta a España como las etapas de los gallegos David García y Gustavo César Veloso, se plantó en la edición de 2010 con otro gallego, Ezequiel Mosquera, en posición de pelear la carrera frente a los grandes jefes. Nibali y él vivieron un precioso duelo en la cima de la Bola del Mundo, el estreno del coloso madrileño, y que sirvió para que ambos ofrecieran un espectáculo magnífico. Segundo en la general final, también hubo problemas con el dopaje y durante un tiempo fue apartado por la UCI, perjudicando su fichaje por Vacansoleil. El hombre brújula del ciclismo gallego tenía en realidad a otro gallego detrás. Así se cerró el círculo. 

Pino fue un gran escalador. Sus cinco victorias de etapa en la Vuelta fueron su gran logro, y entre ellas el haber coronado los famosos Lagos de Covadonga. En 1983 formó parte de esa banda de ciclistas españoles que le estaba haciendo la vida imposible al mismísimo Bernard Hinault. El galo vencería de todas formas tras su exhibición camino de Ávila, pero se dejaría muchas plumas por el camino. Pino se clasificó cuarto y es lo más cerca que ha estado de un podio de grandes vueltas. Si obviamos su triunfo en 1986, claro. Un palmarés envidiable con la Volta a Catalunya entre sus conquistas, así como etapas en Burgos, Galicia, etc. Siempre en calendario español. 

Escrito por: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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