Opinión

Andrei Kivilev y el uso del casco en el ciclismo

Hay un elemento histórico que se ha perdido, quién sabe si para siempre. Esas imágenes de Indurain luciendo gorra, que según la portaba su dominio del pelotón parecía instaurado por un general. Esos ciclistas que las regalaban cuando el sudor y el calor confabulaban para hacer más difícil el esfuerzo. Esa imagen vintage que ya sólo es parte del podio y de los momentos previos o posteriores a las etapas. Ese colorido y diversidad que ha restado reconocibilidad a los héroes modernos del pedal, indistinguibles cuando en pelotón se arrastran unos a otros con un rictus bastante similar.

La pérdida de la variedad va en pos de un ciclismo más seguro y que dé ejemplo. Al menos es lo que se puede extraer de ésta y otras decisiones actuales de la UCI. Como siempre y como se suele decir en la sociedad común, tuvo que ocurrir una desgracia para que se tomaran medidas, para actuar contra las consecuencias de un problema. Luego está el debate sobre el ser y el parecer, que es algo que la UCI debería discutir más a fondo si realmente quiere mantener la directriz ética y espiritual de su deporte. 

Andrei Kivilev fallecería el 12 de marzo en un hospital de Saint-Étienne como consecuencia de las heridas producidas por una brutal caída en la segunda etapa de la París-Niza. Sin la protección del casco, la fractura de cráneo y los daños ocasionados hicieron imposible su recuperación. Una tragedia evitable de haber actuado antes de la consecuencia. Más dramática para el espectador fue la desgracia del anhelado Fabio Casartelli, con el italiano sangrando escandalosamente en directo ante los ojos de medio mundo tras el choque de su cabeza con un quitamiedos del descenso del Portet d’Aspet. Corría el año 1995, ocho antes del accidente del kazajo. ¿Por qué no se tomaron las medidas entonces? ¿Por qué no se piensa en la prevención en lugar de parchear los problemas que van teniendo lugar? En muchos aspectos es irrelevante actuar antes, después o sobre la marcha, pero cuando en ello puede ir la vida de ciclistas, la cosa cambia, la necesidad es imperativa. 

Aquella decisión, que sentó, por cierto, bastante mal en el seno del pelotón, se tornó extrema por las excepciones que en algunos casos se hicieron. Algunos alegaron el calor como excusa para eximir el uso del casco en determinadas circunstancias. La norma se flexibilizó hasta el punto de liberar de la protección craneal en los finales en alto, aquellas etapas donde la línea de meta se ubica en la cima de un puerto de montaña. Y, además, no se permite el desprendimiento del casco hasta la llegada a esa última subida. Durante un tiempo los comienzos de los puertos se convirtieron en río de auxiliares. 

El problema vino con las discusiones filosóficas: ¿Qué se considera final en alto? ¿Qué hacemos con los casos ambiguos? En Pla de Beret, clásica llegada pirenaica de Vuelta a España y Tour de Francia, con tres kilómetros de falso llano descendente, todo el pelotón tuvo que aguantar el casco. Ante esas indefiniciones de la norma y la necesidad de hacer excepciones en cada momento, se tomó la decisión de hacerlo perenne, de eliminar la relajación de la norma. Desde ahí a nuestros días. 

Para la nostalgia sobre aquellos tiempos de gorras míticas cuya imagen nos estaremos ahora perdiendo, gozan de un hype especial. Para muestra, un botón: nuestro logo. En cambio, hay que aceptar la seguridad como el sacrificio que hacer para seguir gozando de este deporte no sólo en las pantallas, sino en los caminos o carreteras, donde el casco también es obligado para las motos y donde el ciclista es uno más, o al menos así debería ser. Ni más, ni menos. Antaño las carreteras eran caminos. Las bicicletas pesaban en proporción más que algunos ciclistas de la época. La ciencia avanza y las medidas deben ir de la mano y evolucionar también. Eso no es criticable. 

Lo que sí lo es es el hecho de que las soluciones lleguen después de la consecuencia, cuando se castiga a ciclistas por rodar en posiciones a los que están más que acostumbrados (¿alguien se imagina a la UEFA prohibiendo que se hagan chilenas o remates de cabeza por riesgo para la salud de los jugadores?). Mientras tanto, coches aparcados en los márgenes de las carreteras por las que se transita, vallas de pie interior con peligro para los ciclistas, isletas que provocan caídas terribles como la que ha terminado con la participación de Mikel Landa en el Giro, corredores que ponen en riesgo a otros en llegadas masivas -con lo peligrosas que son- y siguen compitiendo con normalidad… Tantos y tantos aspectos a los que prestar más atención y hacia los que la mirada está distraída. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Fotos: @ACampoPhoto

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