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Breuil-Cervinia, el ascenso a la belleza

La ascensión a Cervinia ha sido una llegada ocasional del Giro de Italia que está intensificando su presencia en los últimos tiempos. Su primera meta en la corsa rosa data de 1960, cuando el italiano Kazanka levantó los brazos en la que sería su mejor victoria. Eran tiempos de Anquetil y Gaul, con ambos en el podio final. 

Tuvieron que pasar 37 años hasta volver a ver al pelotón en esta cima. Entonces sí fue decisiva, ya que Ivan Gotti sentenció la que iba a ser su primera victoria en el Giro. 

Hablamos del año 1997, siendo además la etapa reina. Andrei Amador se llevó el parcial en 2012, año en el que Hesjedal (a la postre vencedor) y Purito Rodríguez se enfrentaron por el rosa. No fue menos llamativo el duelo que se vivió en 2015, con el supersónico Astana lanzando una ofensiva contra el poderoso Alberto Contador. Landa, a rueda del madrileño y siendo del mismo equipo que Fabio Aru, que había demarrado, veía con nervios que estaba perdiendo la oportunidad de ganar el Giro siendo el más fuerte en las subidas. La maglia rosa jugó con la sangre fría de ambos para salvar con holgura la situación. Tres años más tarde fue Froome, otro ilustre, el que llegó de líder y sentenció allí su victoria final. Aquella ocasión fue la etapa elegida para finalizar las tres semanas de ronda transalpina. 

Ubicada en el valle de Aosta y a los pies del conocido Cervino, la estación de esquí que da nombre a esta ascensión conlleva un gran esfuerzo por alcanzar la cima, con nada menos que 27 kilómetros de longitud. El porcentaje medio se sitúa sobre el 5%, si bien hay alguna zona más cómoda que equilibra la media. En realidad, se trata de una subida que gira en torno a un 7-8% constante. 

La carretera, amplia como a toda estación de esquí alpina, dará más sensación de no avanzar. Mentalmente es un reto, ya que el puerto se puede ir fácilmente a la hora y media o dos de esfuerzo. Podríamos decir que su altimetría está en escalera, con zonas más duras (nunca excesivas) y otras más llevaderas. Se puede contar hasta tres peldaños, siendo el último el más difícil, ya encaramados a la montaña sobre la que se ubica el puerto. 
Se atraviesan algunas localidades, lo que unido a los espléndidos paisajes reduce la sensación de tedio que una subida tan larga puede producir. Los altiplanos normalmente acogen lagos (recomendable el lago de Blu) y algo más de vegetación. Es decir, protección si entra viento, ya que se trata de una carretera muy expuesta. 

En definitiva, un puerto recomendable, aunque para superar sus más de 1400 metros de desnivel deberemos estar en forma física y concienciados del gran reto que nos espera. 

Texto: Lucrecio Sánchez
Fotografía: 1001puertos.com

Galería de fotos y descripción detallada en 1001puertos.comhttps://www.1001puertos.com/2019/11/breuil-cervinia-por-chatillon.html

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