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Caja Rural: más caminos que el éxito

El éxito no es el único camino para alcanzar el reconocimiento del público. No, no es este un proverbio chino. Tampoco hablamos de Mikel Landa. El artículo de hoy gira en torno al Caja Rural y a su trayectoria como equipo vivero. Cuando en el pasado mes de marzo se supo que el equipo navarro no sería invitado a la próxima Vuelta a España, le llovieron las muestras de apoyo desde todas partes. Pero analizando un poco las circunstancias del equipo, hay que tener en cuenta que el aluvión desinteresado de cariño no pudo provenir únicamente de sus resultados en anteriores participaciones en la Vuelta, en general algo limitados. Tampoco de lo que se vería a los pocos días en la Itzulia. Vinieron principalmente a raíz de la doble naturaleza de este conjunto, por un lado equipo – trampolín para dar el salto a la primera categoría, por otro, equipo – refugio para los corredores veteranos que buscan un último año sin la presión que exige formar parte del primer rango del circo ciclista.

En el papel de equipo para jóvenes, el Caja Rural está más cerca de las estructuras multipatrocinadas de Gianni Savio y la banda de los Reverberi que de los estilosos cazatalentos del Hagens Berman – Axeon o del SEG Racing Academy. Qué duda cabe. Tampoco tienen el aire de escuela de ciclismo de las tantas sucursales development de los grandes equipos. En realidad, el Caja Rural es un equipo de mayores, con pretensiones serias, que enraíza con una tradición más longeva en el ciclismo, la de los equipos humildes, aunque sin el punto de improvisación tan característico de los equipos menores italianos. Muchos ciclistas han dado en el equipo de la espiga amarilla sus primeros pasos, o al menos los anteriores a dar el Gran Salto. Pasemos a hacer un breve recuento.

Sin duda el corredor más laureado de todos los que ha pasado por Caja Rural ha sido Michal Kwiatkowski, aunque a decir verdad apenas hay fotos del periodo y en ellas el polaco parece otro. Era apenas un veinteañero venido del este y aterrizado en Navarra, cuando del equipo todavía no estaban puestos ni los andamios. Luego vendría su eclosión en Quick Step, su rutilante paso al Imperio y su labor de gregario excelentemente remunerado. En todo este periplo de continuos altibajos y bruscos parones, se ha llevado un mundial, dos Amstels y una Sanremo, birlada en los mismos morros a Sagan. Casi nada para un corredor que empezó en un equipo modesto.

Otro nombre extranjero que también destacó en Caja Rural fue el de Hugh Carthy. El espigado escalador británico alcanzó su consagración definitiva en la Vuelta de 2020, con una tercera plaza y un triunfo en el Angliru, corriendo ya para Vaughters. En aquella etapa, sin el público que suele estrechar la tortuosa ascensión al Moloch asturiano, la montaña parecía todavía más inhóspita, salvaje y hostil. Carthy estuvo en el conjunto navarro en las temporadas 2015 y 2016, consiguiendo como gran triunfo la Vuelta a Asturias de 2016, con victoria en el Acebo. Fue uno de los corredores de los que más se recuerda su paso por el equipo.

Otro de los grandes nombres que han pasado por el equipo navarro ha sido Pello Bilbao. El corredor de Gernika pasó primero por Euskaltel – Euskadi, cuando la formación naranja era continental. Su presencia en Caja Rural duró tres años (2014, 2015, 2016), con victorias en etapas de la vuelta a Turquía y en la Klasika Primavera en Amorebieta. Entonces parecía fundamentalmente un corredor rapidillo, apto para llevar a buen puerto fugas numerosas en etapas de media montaña. Con el paso de los años y tras su eclosión en Astana, Bilbao ha ido creciendo, convirtiéndose en todo un todoterreno que incluso ha coqueteado con las generales de grandes vueltas, como sucediera en el Giro de 2020. Hoy en día es un pilar insustituible en el Bahrain.

Junto con Pello Bilbao, Omar Fraile es otro de los corredores más destacados de la generación española de 1990, esa particular mezcla del sandwich entre las dos rebanadas de pan que constituyen el ultraveterano Valverde por un lado, y los imberbes Carlos Rodríguez y Juan Ayuso por otro. Fraile comenzó como un corredor ofensivo, habitual de las escapadas, pasando tres años en Caja Rural (2013, 2014 y 2015). En 2015 consiguió para el equipo la clasificación de la montaña de la Vuelta, sin ser un escalador puro. A partir de ese momento y con su paso por Dimension Data y Astana, Omar Fraile acabaría convirtiéndose en un corredor letal en escapadas, con sus triunfos en Bagno di Romagna y Mende. En los últimos años, con más altibajos, se ha convertido en un gregario muy preciado, tanto que ha acabado formando parte del rodillo de Ineos.

David de la Cruz ha sido otro de los nombres que se asocian a la estructura navarra, aunque su paso por el equipo fue más anónimo. El de Sabadell formó parte del equipo en 2010, 2011 y 2012, en los momentos inciales del equipo, y realmente no destacó hasta su paso a NetApp (el origen humilde del actual Bora). Desde entonces ha figurado en algunas de las grandes maquinarias del pelotón internacional, como Quick Step, Sky o UAE, con un único triunfo de etapa en la Vuelta de 2016 en el Alto del Naranco. En general ha sido un ciclista al que le ha costado mucho ganar, a pesar de sus constantes intentos.

Movistar ha sido en muchos casos el equipo que ha acabado fagocitando a muchos corredores de Caja Rural. Lluis Mas, Carlos Barbero, Gonzalo Serrano o Eduard Prades acabaron formando parte del decano del ciclismo español tras su paso por Caja Rural, con mayor o menor fortuna. Recientemente se han unido al grupo Oier Lazkano y sobre todo Alex Aranburu, este último pasando primero por Astana.

Alex Aranburu quizá sea el mejor corredor de los últimos provenientes de Caja Rural, en su caso pasando previamente por Murias. Su gran presentación tuvo lugar en la Vuelta de 2019, la primera de Roglic, en la que quedó segundo en dos etapas, tras Nikias Arndt y Philippe Gilbert. Es especialmente recordada su actuación en la etapa de Bilbao, en el alto del Vivero, respondiendo de tú a tú a la última versión dominadora de Philippe Gilbert. La carrera predilecta de Aranburu parece ser la Milán – Sanremo, con un séptimo puesto cuando ya corría en Astana y una actuación bastante notable en la presente edición, en la que incluso se atrevió a coger rueda a un desbocado Pogacar en uno de sus incontables ataques en el Poggio. Para el recuerdo queda también la etapa ganada en la excepcional edición de la Itzulia de 2021, con un descenso bastante arriesgado de la Asturiana camino de Sestao.

Así pues, estas han sido algunas de las figuras asociadas al equipo de la espiga dorada. Será extraño no ver el característico maillot del equipo en la próxima edición de la Vuelta a España. Su no invitación debe dar lugar a dos reflexiones. En primer lugar, es un síntoma de la consolidación de otros equipos en la categoría profesional española: ahora hay más competencia, lo que siempre es de agradecer. En un panorama de creciente concurrencia, con equipos de gente joven como el Kern Pharma de Roger Adrià y Kiko Galván, el Caja Rural no podía aportar su antigüedad como único argumento sólido para su invitación: había que ofrecer algo más. En segundo lugar, su caso obliga a repensar con un poco más de seriedad y sensatez el número de invitaciones que concede la UCI para las grandes vueltas. Si de verdad se quiere mantener una segunda categoría interesante y peleada, en la que haya patrocinadores, no cuesta nada que haya un equipo más en liza. Se probó durante los años pandémicos y no fue, ni mucho menos, una catástrofe. Muchos equipos en la cuerda floja necesitan precisamente de esa visibilidad para garantizar su continuidad en el pelotón, en especial en estos tiempos complicados.

Escrito por: Ignacio Capilla (@AlpinoGliaccia)
Foto: Foto: @ACampoPhoto 

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