Ciclistas Profesional

Carlos Verona, un adelantado a su tiempo

Nacer en San Lorenzo del Escorial ya es un dato en sí. La afición ciclista de esta madrileña localidad contagia. La proximidad con el dominante Abantos exige al menos que lo hayas caminado, sino ciclado alguna vez. Haber nacido en 1992 da también ventaja en favor del ciclismo por haber vivido en épocas tempranas cómo los corredores más relevantes del momento se han aproximado en competición a la zona: Ullrich, Heras, Chava, Simoni, VDB, Tonkov, Zulle y cía. Imposible que en tu familia no hubiese alguien que picase el anzuelo. Alguien de quien heredar el encanto y devoción por la bicicleta. 

Añadiendo ‘Verona’ en la ecuación, tenemos una evocación al más puro ciclismo. Desde las victorias de Óscar Freire en su primer y último Campeonato del Mundo conquistados, logrados en la ciudad transalpina, a múltiples finales del Giro, normalmente en el impresionante Arena. Ciudad a la que todavía Carlos no ha podido llegar luciendo dorsal. 

Si soy honesto, he escuchado el nombre de Carlos Verona desde hace muchísimos años. Incluso desde antes de que pasara a las categorías élite. También he de decir que mi infinita ignorancia y desconocimiento me llevó a pensar que se trataba de una mera operación de social media, de hype. No podía estar más equivocado, la verdad. Ahora estoy entendiendo su papel y rol en el ciclismo. Tal vez lo esté terminando de descubrir él mismo. En su etapa en Movistar está mostrando un potencial extraordinario, sobre todo como gregario. Un más que digno sustituto y relevo de Imanol Erviti como capitán de ruta del equipo. Es más, es de los gregarios más en forma de los últimos tiempos en todo el pelotón. Y en todos los terrenos. Ya su firma por Orica le dio mayor visibilidad evidente. Ahora se ha disparado su cotización. 

Hay muchas cualidades observables en él, más aún tras ser un participante más activo del documental ‘El día menos pensado’, cuya segunda temporada muestra a un ciclista muy maduro y coherente en sus planteamientos. Con jerarquía, con voz y voto, sumado algún rifirrafe con alguno de sus líderes. Su imagen sale reforzada, no así la de otros miembros del staff. El rendimiento, además, ha mejorado. Finalizar todo un Tour de Francia entre los veinte mejores da idea del motor y potencial que las piernas de este ciclista encierran. El hype tenía razón y se han hecho realidad los argumentos deportivos que avalaban su gran fama y presencia en el mundillo. Me alegro de haber estado equivocado. 

Sobre todo me contenta el hecho de que haya definido su lugar en el pelotón, algo que lleva la eternidad a muchos corredores y les hace circular en un limbo incómodo: ni estrellas ni trabajadores. En constante frustración, en constante decepción de unas expectativas generadas a las que no puede responder.

El palmarés aún por estrenar, no parece un mal objetivo dejar de rozar el palo para tocar la red por dentro. El tercer lugar en la etapa del Peyresourde, en todo un Tour de Francia, tuvo un sabor agridulce. Fue una buena actuación, no cabe duda, pero dio la sensación de ser el más fuerte de la fuga. Visto el documental, la razón por la que dejó escapar el caballo era desconocida hasta entonces: fueron sus directores quienes se lo aconsejaron. Hubiese sido una bellísima forma de perder la virginidad en el profesionalismo. Si sigue rodando así de fuerte, conseguirá un primer puesto tarde o temprano, calidad ha demostrado que le sobra. Entre el lamento y la gloria pueden pasar simplemente unas horas. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Bettini Photo / Movistar Team

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