Ciclistas Profesional

Carta de Peter Sagan al mundo del ciclismo

Lo primero que debes saber es que no soy Peter Sagan. Tampoco me parezco. He calzado sus zapatos y vivido intensamente junto a él. Quiero narrar mi historia para que el mundo del ciclismo entienda mis sentimientos hipotéticos. Lo duro que es pasar de ser una referencia a nivel mundial en mi deporte a dejar el equipo que me ha rodeado de todo aquello que he necesitado o pedido. Más de una década de sacrificios y de la más alta exigencia. 

Cuando comencé en el ciclismo no me podía imaginar haber alcanzado todas estas cotas. Haber cumplido no sólo un sueño, sino haber rebasado todas mis previsiones con creces. Cualquiera que monta en bicicleta y le da fuerte a los pedales tiene la ilusión de llegar donde sus ídolos lo han hecho, de superar las montañas y los adoquines que se deban para alzar los brazos en el podio y recibir el ramo de flores de alguna azafata (sin pellizco está bien). Nunca piensas en la parte menos atractiva, en todo lo que hará falta para llegar hasta allí arriba. Justo lo que piensas cuando escalas a cualquier gigante alpino y vislumbras la cima allá a lo lejos. 

Supongo que tendré talento para haber llegado. Lo hice por convicción competitiva, el deporte al final es luchar por ganar. Aunque algunos no lo hagan. Por pura diversión en mi caso. Aunque algunos no lo hagan. Yo no soy algunos. Yo soy Peto. Es difícil ser yo. Lo que vale para muchos, no vale ni por asomo para mí. El ciclismo reconozco que siempre me ha gustado y cuanto más lo he practicado, más me he enganchado a él. La bicicleta tiene algo adictivo, no sé qué puede ser. Tal vez la inercia de la victoria me aficionó al éxito y realmente es a lo que me acostumbré. Cuando lo extraordinario se vuelve rutina, mal asunto. Mucho más si es tu pasión. Las cosas no tienen por qué salir bien siempre. Pero siempre es más fácil cuando salen bien. ¿Me entiendes? 

Quizá me aburrí, perdí el apetito. El respeto al fracaso, a no conseguir lo que hasta ahora parecía fácil. Nunca lo fue. Eso lo sabía, lo sé y lo sabré. Siempre he sido un ganador, no soporto la idea de ver a otros ganar y ser yo quien no levante los brazos. Entiendo que cada uno hace su carrera, pero me causa frustración que haya ciclistas que triunfen debido a mi sola presencia en un grupo. Ese éxito era mío. Y ese otro. Ese marcaje quema. Desmotiva. Sobre todo cuando una y otra vez sientes la impotencia de no poder expresar todo tu potencial. ¿Merece la pena el sacrificio? No nací para ser segundo. Todo esto me hace pensar. 

En la prensa me critican otra vez. Todo eran alabanzas, parabienes, miradas de aprobación y atención. Ésas siguen llegando, aunque observo que otros captan más flashes que yo. Es diferente. Se hace difícil a ratos. Cuando eres el centro, mola. Ahora ya no vale un segundo puesto ante rivales que han aprovechado mi rueda o el marcaje a la misma. Incluso cuando gano me critican porque no lo logré en metas de primer nivel. O con el pelotón completo. Es la curva de la fama. En trayectoria ascendente, todo es inercia positiva. En la caída, nada vale, todo es torpe. Como un niño cuando se hace mayor y pierde su gracia. Reconozco que en ese primer momento creciente de fama, estaba en mi salsa. 

Antes ganaba a los velocistas puros. Mi explosividad me lo permitía. Pero es una cualidad que el tiempo erosiona. Pienso a veces qué puedo hacer para luchar contra esa evolución hacia una muy buena nota media y un mejor ciclista. Esos grises que no hacen brillar ningún blanco ni ningún negro. Ganas en unas cosas, pierdes en otras. Me considero mejor ciclista, irónicamente, aunque ya no gane tanto. Los rivales también corren. Tienen calidad y cada vez explotan más jóvenes. Me gustaría verles tras once años en primer plano. Me gustaría también ver su punta de velocidad. Mi media sigue siendo alta. Pero a nadie le vale, y a mí tampoco. La autoexigencia es el peor campo para tener un defecto. Y se hace más patente cuando las cosas no salen como esperas. 

Con la edad es más complicado coger la forma. Lo sé, lo sabía y lo sabré. Se necesita ese plus que ahora noto que no llega. Entreno duro, eh. Dialogo con mis fantasmas. Siempre lo hice. En el próximo sprint no vas a tener opciones. Los jóvenes son más rápidos que tú. Me autoengaño pensando que no es verdad. Por eso necesito cambios, nuevas ilusiones, horizontes donde otros objetivos me conduzcan a ser otra vez yo. Otra gente. Otro comenzar. Bora está reforzando el equipo de forma sensacional. Me da la sensación de que nada gira ya en torno a mí en exclusividad. Siento que mi etapa está terminada. Entiendo las caras. No voy a decir que son malas, sólo diferentes. Necesito el espíritu de 2010, cuando nadie vigilaba mi rueda, cuando podía expresar lo que soy encima de una bicicleta. 

Me cansa el primer plano, aunque al mismo tiempo me encanta. Llevo mucho tiempo dando que hablar. Reconozco que me gusta. Pero desgasta mucho, son muchos años. ¿Cuánto debo estar en activo? Ahora entiendo el mérito de aquellos que siguen en el pelotón pasada la cuarentena. Y además siendo competitivos. A veces quisiera ser como ellos. Envidio esa constancia extrema incluso cuando sientes que tu pedalada ya no es la misma. Y tengo la pasión necesaria, no lo dudes. Pero estamos en la fase de caída de la curva de la fama, ¿recuerdas? Aquí no todo vale. No todo es suficiente. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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