Urbano

Ciclismo Urbano y las grandes ciudades: conoce Barcelona en bicicleta

Los viajes nos permiten conocer nuevos lugares. Patear una ciudad te acerca a más dimensiones de las que descubrimos en otras formas, pero en bicicleta, acortando el tiempo de traslado entre unas zonas y otras, nos regala tiempo para llegar más allá, para cubrir más terreno. Además que nos sentiremos mejor a la hora de degustar la rica gastronomía local al hacer ejercicio al mismo tiempo que liberamos nuestra conciencia. Es todo ventajas. Más aún si hablamos de una ciudad tan abierta, adaptada y acostumbrada a la bicicleta como Barcelona, donde el servicio municipal de préstamo funciona a las mil maravillas y que ha tenido durante muchos años estaciones de bicicletas a lo largo de los puntos más emblemáticos de la ciudad. 

El mayor problema lo podemos encontrar en la orografía. Las subidas a Montjuic y los barrios altos de la Ciudad Condal exigen cierta forma, paciencia o una combinación de ambas. El resto es plano, con cierta tendencia descendente hacia el mar. Las Ramblas no dejan de ser eso, un descenso hacia la playa. Y es que desde el Barrio Olímpico y La Barceloneta se puede desplazar en bicicleta a la otra punta sin mayor dificultad. Ya en la primera década de los años 2000 la infraestructura estaba preparada para el ciclismo urbano. Y, lo mejor de todo, era ya muy habitual el uso de la bici como medio de transporte. Una circunstancia que ponía a Barcelona en vanguardia y a la cabeza de la modernidad en cuanto a un transporte sostenible. 

Lo más destacable de la ciudad a nivel turístico requiere en ocasiones pisar asfalto. No hay problema porque además de carriles bici, existe conciencia y convivencia con el tráfico a motor. Ningún problema más allá de los normales que puedan surgir entre seres humanos que comparten un mismo espacio. Visitar lugares como Sagrada Familia en bicicleta es un lujo. Podrás ganar todas las perspectivas posibles con facilidad y rapidez. Luego trasladarte a Casa Batlló o La Pedrera, dos símbolos de la ciudad. A Parque Güell y toda la zona alta camino del Tibidabo. Y seguro que los búnkeres de la Guerra, que permiten unas vistas increíbles de la cuadratura del círculo que es esta mole mediterránea. 

No nos podemos olvidar de Montjuic y toda la belleza de sus parques y el Poblado Español. El Museo Nacional y su entorno, una de las mejores postales a conseguir. El mítico Camp Nou, el barrio de Sans, con la comunicación con Madrid y otras ciudades a través de la alta velocidad, nos permite ir y venir por carril bici de amplias aceras. Si es que además es más seguro que caminar por la propia calle. Y si el cansancio se acumula, una parada en una terraza para reponer fuerzas y listo. Muy interesantes en el Barrio Gótico, donde el gusto por el brunch o el aperitivo colman este gran barrio bohemio. 

Y lo mejor de todo es que no se quedan aquí los encantos de Barna. Las montañas de alrededor dan para una buena ruta de domingo. Desde las vertientes del Tibidabo y Forat del Vent al magnífico bosque de Santa Creu d’Olorda. Un auténtico cambio de paisaje estando bien cerca del mar y la gran ciudad. Valvidrera y Collserola son otras opciones para salir de tanto coche. Otras opciones orográficas llegan si nos desplazamos, sobre todo, hacia el norte, con la Conrería encima de Badalona, o el ya más lejano Collformic, en el torno del famoso Parc del Montseny. Una oportunidad única de relacionar buen clima, bicicleta y turismo. ¿Quién ofrece más?

Texto: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Fotos: Jorge Matesanz

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