Ciclobulario

Ciclobulario – Abanicos

Abanico es el nombre que se da en el argot ciclista a una suerte muy característica de la especialidad de ruta en la que el pelotón se divide en múltiples grupos que buscar protegerse del viento lateral. Curiosamente, si bien la forma de esas manadas de pedalistas en lucha contra los elementos puede asemejar a ese complemento, su objetivo es el contrario. Mientras el abanico “común” sirve para combatir el calor, el abanico ciclista suele provocar sofocos. Y si uno produce aire, el otro busca precisamente lo contrario, evitar su efecto. En Italia se opta por esa misma metáfora, “ventagli”, que al menos ya nos trae en su etimología la evocación al gran protagonista de este lance, el viento.

Quizás el término francés “bordure” se ajusta más a lo que esta suerte representa. Una palabra que en castellano podría traducirse como “orilla”, “borde”, “cerco” o “frontera”. Y es que es exactamente eso, una forma de parapetarse ante la acción del viento. Aunque es cierto que ahí prevalece la idea de protección y defensa, y el abanico ciclista es, sobre todo en su proceso de génesis, una acción ofensiva de primer nivel. Por eso podríamos mirar también al término en inglés, “echelon“, galicismo que se puede traducir como “escalón” o “escalera” y que se utiliza también en lenguaje militar para esa formación escalonada utilizada por la aviación y la marina.

El abanico recordará a algunos a las grandes de la copla, a otros las extravagancias del grupo Locomía, pero a nosotros nos evoca intensidad, emoción y batalla. En esto sí que coincide el espíritu del utensilio y de la estrategia ciclista: ambos pueden servir para avivar el fuego.

En el ciclismo los grandes rodadores del norte de Europa han sido siempre los principales baluartes de esta eficaz arma de ataque. Gigantones capaces de “meter cuneta” y castigar a escaladores y corredores despistados, reventando el pelotón en mil pedazos y pudiendo dar vuelcos inesperados en las clasificaciones generales de las grandes carreras.

Del Ti-Raleigh al Quick Step, muchos equipos han hecho del abanico un arte. Una especialidad que ha causado más de una pesadilla a los ciclistas españoles, sobre todo en aquellos tiempos en los que todo lo que no fuera montaña sonaba a exotismo y espejismo para los equipos patrios. La ONCE cambió esa concepción con su mentalidad de equipo y el espíritu innovador de su dirección. Incluso el actual Movistar se ha atrevido en alguna ocasión a jugar con el viento.

En el ciclismo actual, en el que todo se iguala y en el que cada despiste penaliza, hay corredores que han aprendido a alimentarse del caos, supliendo la falta de envergadura con visión de carrera y pillería. Caso ejemplar es el de Nairo Quintana, que se crece en situaciones en las que sus predecesores escarabajos habrían sufrido tremendas minutadas. Quién no recuerda aquella etapa de la Vuelta 19 camino de Guadalajara, en la que el boyacense puso en jaque a todos los favoritos cuando muchos lo daban por muerto.

Pocas suertes más estéticas para el aficionado y más estresantes para el ciclista. Quizás por ello nos pasamos etapas enteras buscando y esperando que el viento sople más y en otra dirección…

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: LaPresse/ Fabio Ferrari / RCS Sport

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