Ciclobulario

Ciclobulario – Coche escoba

El coche escoba, la furgoneta, camión o vehículo de cualquier tipo que se ocupa de marcar el cierre de una carrera, es uno de los elementos más característicos de las pruebas ciclistas. Su origen se remonta, cómo no, al Tour de Francia. Después de unas primeras ediciones cargadas de polémica y picaresca, el gran patrón Henri Desgrange decidía añadir un nuevo elemento en su afán por garantizar la dureza y exigencia únicas de “su” carrera. La “voiture balai” iría detrás de los ciclistas asegurándose que todos terminaban la etapa en bicicleta y no utilizando otros medios motorizados como motocicletas o trenes.

Con el paso del tiempo, el coche escoba fue adquiriendo más funciones, estableciéndose su misión en la que le ha dado fama: recoger a los ciclistas retirados, magullados por caídas o fuera del tiempo de control. Un elemento destinado a “barrer” la carretera antes de la reapertura del tráfico. De ahí esa simbólica escoba enganchada en la parte trasera del furgón de cola que aún hoy pervive en tantísimas pruebas ciclistas. Una expresión que también ha dado el salto del léxico ciclista al uso común del idioma, designando al cierre de procesiones, desfiles y pruebas deportivas.

La epopeya ciclista tiende a fijarse en los grandes vencedores, aquellos que cabalgan en solitario hacia la gloria y la eternidad y de los que se escribirán todo tipo de cantares de gesta. Sin embargo, aún más épica es la resistencia de los que se resisten a abandonar su sueño y que sobreviven a duras penas a base de chepazos y movimientos donde ya solo el instinto responde. O más dramático el de los que ven como una caída o una enfermedad se lleva por delante todo el trabajo y los sueños de muchos meses. Ahí es donde el coche escoba, y por extensión su conductor, se convierte en testigo privilegiado del ciclismo que no se ve, pero que vale tanto o más que el de las portadas.

El responsable del coche escoba se convierte entonces en una especie de mano amiga, la primera persona que está ahí para animar al ciclista en un momento especialmente duro. Preparado para ofrecer abrigo, consuelo y asistencia. Una figura que ha ido perdiendo ese valor romántico en la era de los pinganillos, GPSs y demás tecnologías.

En la París-Roubaix de 2018 se vivió uno de tantos dramas ocultos que ocurren frente al parabrisas del coche escoba, y que supuso que un ciclista lituano se ganara la admiración y el cariño de todos. Evaldas Siskevicius penaba para completar el Infierno del Norte. Todo estaba en su contra: solo, descolgado, con el coche de equipo averiado… Parecía condenado al abandono. Para colmo, una avería. Incansable, se subía a la grúa donde viajaba su coche en busca de otra bicicleta, pero el tiempo perdido obligaba al coche escoba a cerrar la carrera. Él quería seguir, ya con tráfico abierto, para cumplir su sueño de cruzar la línea de meta del velódromo de Roubaix, que tuvo que reabrir sus puertas ex profeso para el corredor de Delko. Una de historia de la que ha quedado testimonio visual como ejemplo de las miles de anécdotas que se han perdido en el olvido. Curiosamente, Evaldas Siskevicius tendría su revancha con las piedras el año siguiente, terminando noveno en Roubaix y convirtiéndose en ídolo absoluto de muchos aficionados.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto via Wikimedia Commons

Una respuesta

  1. En vuelta ciclista el coche escoba lo conducía hace años un amigo. Si m puede leer, q m escriba.
    Gracias

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