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Cicloturismo: Castillo de Magacela, la atalaya sobre las planicies de Extremadura

Los campos de llanura y cultivo se extienden ante nuestros ojos. Estamos en la cima de las bien conservadas ruinas del Castillo de Magacela. Desde lo alto de un torreón se puede observar el color amarillento de las planicies del norte de la provincia de Badajoz y los límites orográficos que alguna pequeña sierra originan en la lejanía, separando la comarca de Las Vegas Altas, donde la localidad al pie, Magacela, se encuentra, y otras más distantes.

En contraste con tanto terreno llano nos encontramos con la ascensión a este monte, que destaca en el recorte del horizonte y cuya ascensión, pese a no ser excesivamente dura, sí nos hará sudar, y no sólo por las altas temperaturas de la zona, más que habituales en época estival. Buena inclinación sobre las laderas de esta atalaya natural que corona, que notaremos a partir del cruce con la localidad que tendremos en nuestra vista en todo momento.

Que nadie se espere muchos kilómetros de ascensión. Desde el cruce con la carretera que conduce a La Haba se sucederán una serie de cambios de rasante en forma de pequeños repechos que nos irán haciendo ganar altura levemente. Vemos las localidades de Don Benito y Villanueva de la Serena alejarse y las últimas edificaciones ya entrecortarse en el fondo de la mirada. El piso es bueno, con buen asfalto, donde rueda la bicicleta con facilidad. El tráfico en este tramo, sin ser extremo, sí es medianamente elevado y nos obligará a estar atentos.

Alcanzado un cartel de cerámica que nos hace saber inequívocamente dónde estamos, giramos a la derecha (o izquierda si accedemos desde la vertiente posterior) y de nuevo a la derecha. Sobre nuestra cabeza tenemos el repechón que asciende a la base del castillo. El firme se vuelve algo más rugoso y la carretera se estrecha a modo de que dos coches se adelantan con dificultad. Existen bancos a lo largo de la ruta, lo cual indica posibilidad de peatones. Hay árboles, aunque no con frondosidad suficiente como para protegernos de los rayos del sol. Es más, en toda la ascensión que nos ocupa, las escasez de sombras será el principal problema.

No es un tramo largo, ya que la ascensión total rondará los tres kilómetros. Aquí hablamos de apenas uno, con una primera zona más dura, con pendientes superiores al 12% y algún descansillo posterior. E incluso leve descenso. Alcanzamos un pequeño parking y desde ahí será el más difícil todavía, puesto que es un empedrado hecho para alcanzar la cima a pie. Si alguien se anima en MTB, puede completar la ruta con éxito. En bicicleta de carretera se complica bastante. Por porcentaje, morfología del suelo y algún escalón a la salida del pueblo.

Por la otra cara, la que atraviesa de lleno la localidad de Magacela, añade algo de pendiente si en lugar de seguir la carretera tradicional atravesamos las calles del pueblo. Las casas de color blanco típicas en la zona le darán un tinte clásico. Sin embargo, lo bello de la estampa nos hará retorcernos como contrapunto.

En cuanto a la bajada, habrá que tener cuidado por la gran velocidad que se alcanza, aunque no existen curvas de gran dificultad, y los cruces que se atraviesan. El tráfico es el típico en una localidad con cierto hábito turista en la comarca, sin parecerse al de una gran mole de edificios. Las vistas desde la cima merecerán la pena, puesto que se domina todo el valle mientras la vista alcanza horizontes. Los pantanos, la ‘Siberia extremeña’, al sur localidades como Castuera, la Sierra de Las Cruces, los caminos rurales que atraviesan campos de cultivo… ¡todo a tus pies!

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: Esther Calvo

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