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Cicloturismo: la cara oculta de Abantos (Ávila)

Normalmente se asigna el Pico Abantos a la cara madrileña de la montaña, y está bien pensarlo porque la parte más poblada es la sur, la que mira hacia Madrid y desde llega la mayor parte de visitantes. Es un destino muy visitado por deportistas y amantes de la montaña, ya que los accesos a la base son bastante más sencillo que a la cara norte, donde únicamente se puede acceder por Peguerinos, ya que el puerto de Malagón está cortado al tráfico motorizado, y el tránsito hasta la pequeña localidad abulense es incómoda o menos evidentes. Va a ser, por cierto, nuestro punto de arranque de la subida.

Si llegamos a través de los puertos de Robledondo y Santa María de la Alameda, tendremos un calentamiento más que interesante. En toda la subida a Abantos por esta cara tendremos constantes desvíos a campings e instalaciones recreativas que no son excesivamente conocidas, pero que están repletas de encanto (y se come muy bien en ellas). Hay menos movimiento en épocas no estivales, pero aún así merece la pena aunque sea únicamente para disfrutar del deporte en alta montaña. O como campo base para pasar unos días en este entorno único.

Desde Peguerinos parte la carretera hacia la cima de Abantos. El piso ha sido remozado a tramos, sobre todo en este primer tercio. Hablamos de una subida de unos 10 kilómetros con una pendiente media sobre el 3,5%. No son unos grandes números, pero sí muy engañosos. En primer lugar, debido al estado del firme en la parte central, que hará los tramos fáciles de la escalada que precisamente no lo sean. De salida son un par de kilómetros duros, con vista sobre el embalse de Aceña y el monte al que escalaremos desde una perspectiva aún lejana.

Los descansos serán la norma en esta primera mitad. Iremos dejando a mano izquierda desvíos que nos llevarán a diferentes instalaciones. Uno de ellos es el que escala hasta el puerto de la Mina, que enlaza con el Puerto de Guadarrama en tierra. El mal asfalto y los agujeros en algunos tramos nos hacen dejarlo para otro día. Seguimos adelante y pasamos junto a un albergue y una pequeña explanadita normalmente repleta de vacas. De pronto se alza ante nosotros una cruel recta que supondrá la parte más dura de la subida a Abantos por esta cara.

Es medio kilómetro que se sitúa sobre el 8%. Si hace calor, una tortura. Pasamos junto a un caño que da buen agua (si no está seco) y que se encuentra justo antes de torcer a mano derecha gracias a una curva de semiherradura. Ahí arranca la parte más dura, con tramos de buen porcentaje (en torno al 10%), seguidos de descansos relativos. El último tramo es más suave y nos permite llegar al collado, donde corona unos metros después este duro entremés llamado Abantos.

Hay ocasión de sortear la barrera y el paso canadiense para seguir por la vertiente de Madrid. También para desde la explanada de la cima girar a la izquierda y ascender al pico y a la cruz tan conocidas de esta sierra. En todo caso, estos últimos tramos tendrán que ser con bicicleta de montaña. Y no se trata de una ruta especialmente fácil por la cantidad de piedra que encontraremos.

Una ruta muy recomendable puede ser ascender por la vertiente madrileña (en mal estado en varios tramos para bicicleta de carretera, ideal para MTB) y combinarla con esta vertiente norte. El cambio de temperatura se hace sentir una vez se pasa el límite provincial. Y hay que tener cuidado con las sombras, los baches y los descensos, una mala combinación. Yendo con cuidado y despacio, ningún problema.

Existen múltiples rutas que salen de la cima del puerto de Malagón (parte baja de Abantos) para regresar por tierra al punto de inicio a través del embalse del Aceña. Los paisajes en primavera son magníficos. También en ascenso hacia la zona oeste de la montaña, ruta de la que hablaremos más adelante y que merece la pena explorar.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: Jorge Matesanz

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