Cicloturismo

Cicloturismo: las 1000 subidas a La Cubilla de Jorge Fonseca

La subida a La Cubilla está calificada como una de las más bellas no sólo de Asturias, sino de todo el territorio nacional, donde no faltan auténticas maravillas paisajísticas surcadas a lomos de carreteras que son más que una obra de arte arquitectónica. Dichas curvas, colgadas de la ladera de una montaña ofrecen panorámicas únicas que, en combinación con un clima cambiante, como es el caso los picos asturianos, da fotografías difícilmente posibles en otros lugares de la orografía española.

El verde es el color más repetido a lo largo de los dieciocho kilómetros que lleva ascender a La Cubilla. Podemos alargar a los treinta si estiramos el inicio a Campomanes, donde también da comienzo el mítico puerto de Pajares, puerta de Asturias durante tantos años en los que la autopista del Huerna no estaba ni siquiera soñada. Curvas, laderas, montañas que parecen imposibles de alcanzar y después ves desde arriba en alguna de sus atalayas. Carretera clásica de montaña, poco tráfico, aunque en aumento por la gran fama que está cobrando la subida.

Jorge, administrativo de una empresa de la construcción en Oviedo, es un cicloturista asturiano que tiene como aficiones la montaña, con nieve sobre todo en invierno, pero también un vicio uno bastante poco común. Cualquiera diría que la bicicleta lo es, y en parte es verdad. Pero tiene la absoluta costumbre de ascender al Puerto de la Cubilla de forma habitual. Tanto que según ha ido alcanzando números redondos, ha ido recibiendo galardones y pequeños homenajes.

“La bici siempre ha estado presente en mí vida, desde muy pequeño siempre fue mi juguete preferido, aunque de niño lo que más me gustaba era derrapar con ella en la tierra, hasta que mi padre, cansado de tanto comprar cubiertas, cumplió su amenaza de comprarme solo una cada cierto tiempo y a partir de ahí me vi obligado a limitar los derrapes y la bici perdió algo de encanto. Luego con 14 o 15 años, mis padres pasaban los veranos en un camping de un pueblo de León y yo para no aburrirme me preparaba un bocadillo por la mañana y marchaba todo el día con la bici. Regresaba bien entrada la tarde, la bici era una BH de paseo, las típicas de la época de un solo plato y corona pero había días que llegaba a hacer con esa bici 100 km. Un verano, creo que con 16 años, propuse a mis padres regresar a Oviedo en bici en lugar de ir con ellos en coche, les argumentaba que si me entraba la pájara esperaría en la carretera y subiría al coche. Mi madre entró en pánico, se negaba rotundamente pero al final me dejaron intentarlo. Eran 155 km en una bici de paseo pero conseguí llegar. Recuerdo que cuando entré en casa, me lancé a la nevera a devorar todo lo que encontraba. Llegue de milagro a casa, las empinadas rampas de Pajares devoraron mis zapatas y me quedé sin frenos, frenaba usando los pies. No obstante, haber podido llegar para mí fue toda una proeza y me emocione tanto que desde aquel día ya solo soñaba con poseer una bicicleta de corredor”.

La Cubilla, los Alpes Tuizos, como llegamos a titular, es una joya que pronto descubrió: “Me encanta la Cubilla por el paisaje montañoso tan precioso que te va enseñando en cada pedalada. La Cubilla atraviesa Las Ubiñas, una de las montañas más bonitas de Asturias y para mí no hay felicidad mayor que pedalear rodeado de tan espectaculares montañas. Alguien definió La Cubilla como “Un regalo de los Alpes a Asturias” y sinceramente creo que no puede haber mejor definición, por algo esa zona es conocida por los montañeros como los Alpes Tuizos. (Tuiza es el último pueblo que atraviesa La Cubilla). Además del paisaje es un puerto que me encanta por su longitud (cuanto más largo sea el puerto más disfruto subiéndolo), lo tranquilo que es, al morir arriba la carretera suele haber muy poco tráfico, lo cual siempre es de agradecer por parte del ciclista. Por último, porque su pendiente es muy tendida y a diferencia de otros puertos con grandes pendientes que solo hay una velocidad de subida, en la Cubilla puedes escoger entre subir relajado y disfrutar del paisaje y darte caña que se encargará en sus 28 kilómetros de ascensión de que llegues arriba tocado pero contento, dado que esa ha sido tu elección. La Cubilla me encanta tanto que incluso quedamos todos los veranos para subirla por la noche, este año será la XII edición de la Cubilla Nocturna, subir y bajar la Cubilla con la luz de nuestros focos, la luna y las estrellas es una experiencia que todo el que lo prueba está deseando repetir”.

El ciclismo y los puertos arrojan una perspectiva particular a cada persona que los disfruta / sufre: “Para mí La Cubilla supone olvidarse de todos los problemas de la vida diaria, es el mejor anti estrés que pueda existir. Siempre que la corono bajo unos metros a un sitio donde me siento durante un buen rato y los minutos me pasan volando observando cómo serpentea la carretera en los últimos tramos. Luego suele aparecer en la distancia algún coche o algún ciclista y lo sigo con la mirada un buen rato. En ese momento no pienso en nada, los problemas se han esfumado, solo disfruto del paisaje y me doy cuenta de lo pequeños que somos en comparación con la montaña. Felicidad y paz absoluta. Eso es La Cubilla”.

Un puerto que, sin embargo, debería mejorar su asfalto, como se reivindica en la zona: “Sin lugar a dudas, es una pena cómo está esa carretera y cómo están gran parte de los arcenes y carreteras secundarias de Asturias. Cada año tengo la esperanza que por fin se decidan a asfaltar La Cubilla por completo, me llevaría una enorme alegría. En la nocturna tenemos que bajar con mucho cuidado y un buen firme ayudaría mucho, pero más que por mí me alegraría sobre todo por los vecinos de La Cubilla que son los que tienen que sufrir esa carretera a diario. Ya han realizado muchas protestas y en la Cubilla hay varios carteles exigiendo la reparación de la carretera. Por el bien de todos espero que llegue pronto.

Sobre las mil ascensiones y la palabra récord: “Récord no creo que sea la palabra apropiada, desconozco si hay alguien que haya subido más veces que yo. No pienso para nada en las veces que la he subido yo o en llegar a una determinada cifra. Lo importante es seguir disfrutando subiendo y eso creo que está asegurado porque si algo me sorprende es que nunca me canso de subir aquí, cada ascensión que hago disfruto más que la anterior, siempre descubro algún nuevo rincón en el que no me había fijado en las subidas anteriores”.

Una rutina en combinación con el trabajo: “Generalmente no suelo trabajar por las tardes, así que suelo acercarme con el coche hasta Campomanes o Pola de Lena. Podría salir a rodar por los alrededores de Oviedo pero para mí no hay comparación entre rodar por las cercanías de casa a hacerlo en La Cubilla. Los fines de semana ya hay un poco de todo, hay días que diseño un recorrido saliendo de casa y otros días me acerco con el coche porque quiero subirla tres veces seguidas. El recorrido más bestia que recuerdo fue coronarla como sexto puerto, con 215 kilómetros y todavía me quedaba regresar a Oviedo”.

La Vuelta a España de 2019 estrenó esta carretera en el ciclismo profesional: “Me produjo un sentimiento un poco contradictorio. Por un lado, me encantaba la idea de que fuese final de etapa, al ser un puerto tan largo y esperaba muchos ataques y que fuese un gran éxito deportivo. También me encantaba la idea de dar a conocer a todo el mundo el puerto tan bonito que tenemos en Asturias, aunque lamentablemente ese día la niebla cubrió los últimos kilómetros y nos amargó la fiesta un poco. Por el lado negativo sabía que dar a conocer La Cubilla traería como consecuencia un aumento de visitantes atraídos por querer conocer el nuevo puerto. Lógicamente, deseo que vuelva a ser final de etapa y esperemos que sea todo un éxito en lo deportivo y en lo meteorológico”.

Subida que es una más en Asturias, Principado plagado de montañas y subidas de categoría. Sin embargo… “no tengo ningún otro puerto en Asturias por el que sienta especial atracción. Quizá, por decirte alguno, Lagos de Covadonga, quizá por ser un puerto mítico de la Vuelta a España y, sobre todo, por el paisaje tan espectacular en la cima. Eso sí, en verano procuro evitarlo, demasiada gente, prefiero subirlo en marzo o abril o ya dejarlo para finales de septiembre/octubre. Otro paraíso para rodar con la bici en Asturias es Ponga. Tiene infinidad de puertos y todos ellos envueltos en un paisaje muy salvaje. Me encanta”.

Pese a tener toda clase de ascensiones al lado de casa, Jorge ha sido un cicloturista muy viajero que ha conocido otros países como Austria, Francia, Italia, Suiza, Eslovenia, otras regiones de España y que valora más allá que la ascensión que adora… “Tengo la enorme suerte que haber podido dedicar casi todas mis vacaciones a la bicicleta y llevo más de veinte años intentando subir los puertos más míticos y más bonitos de España y Europa. Sin lugar a dudas, el puerto que más me ha impresionado es ‘su majestad’ el Stelvio. El rey de todos los puertos. Aunque lo haya subido ya en 40 ocasiones siempre quiero volver a subirlo. Es un puerto que me ha marcado tanto que mi correo electrónico y usuario se han visto influenciados. He pintado mi bici y ahora es marca Stelvio y modelo 2758, en mi furgoneta he quitado las letras de la casa del modelo y las he sustituido por las de Stelvio”.

En cuanto a referentes: “Sin dudar a dudas Perico e Indurain, con nadie como ellos he vivido el ciclismo con tanta emoción. Fue una época que recuerdo con mucho cariño, creo que sin ellos hubiese montado igual en bicicleta pero desde luego que ayudaron y mucho a mi pasión por la bicicleta. Fuera de la bicicleta, mi otro gran ídolo es Carlos Sainz (padre)”.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotografías: Jorge Fonseca y Vanesa Arranz

Dedicado a Miguelín

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