Cicloturismo

Cicloturismo: Lysefjordsveien, Noruega en estado puro

El sur de Noruega es un lugar que comparte latitud con la punta norte de Escocia. Lo que en un país es visto como la zona más agreste y oscura, en otra es vista como un vergel, una pura explosión de naturaleza. Así es uno de los fiordos más famosos y visitados de la zona, navegado por cruceros que hacen degustar a sus pasajeros este Lysefjorden que goza de auténticas postales a cada rincón. 

Lo bueno del cicloturismo es que ascendiendo a esta montaña de nombre impronunciable, se garantiza unas vistas espectaculares sobre el propio fiordo y los lagos que aguardan en la parte superior de la montaña. Esta carretera que deberemos ascender viene a ser precisamente una bajada desde la carretera principal de la comarca que da acceso a este idílico lugar entre paredes verticales de gran altura. De hecho, no existirán más conexiones por carretera con este fiordo. 

Al menos en lo que respecta a vías principales atravesando múltiples kilómetros de sinuosas calzadas de carácter secundario a lo largo de la geografía noruega. Un incómodo tránsito repleto de subidas que sin ser grandes puertos sí apuntalarán las piernas. Los núcleos de población estarán muy separados entre sí, aunque en muchas ocasiones éstos serán casas que disten unas de otras kilómetros y kilómetros. La densidad de población es extremadamente baja y el clima, como es normal y de sobra conocido, apenas levanta del cero a lo largo de algunos meses. Dicha temperatura, eso sí, es muy constante a lo largo del día, lo que contrasta con el clima europeo de gran contraste entre el día y la noche. Teniendo este aspecto en cuenta, la mejor época para asaltar un coloso como el que nos ocupa debería ser el verano. Sin nieve y problemas de frío, es un destino que merece la pena. 

No es fácil el acceso, pero una vez nos encontramos en el valle, al pie de esas imposibles montañas que remontaremos de nuevo, debemos armarnos de paciencia y alimentos, puesto que el reto no va a ser de los más sencillos. Serán en total 16 kilómetros con una pendiente media del 6% y unos primeros diez que recordarán a otros mitos europeos como el Mortirolo. Así de espectacular es, con kilómetros completos por encima del 10% y rampas sobre el 14%. Un túnel al comenzar la subida más empinada nos hace de entrante. De pronto, nos sorprenderán las curvas de herradura, que  alcanzan el increíble número de 27, con muchas de ellas acumuladas en los kilómetros comprendidos entre el 4 y el 7. 

Es una ruta peligrosa, ya que es una carretera no excesivamente ancha y con el peligro añadido de tener un túnel en curva y escarbado en grandes pendientes. Lo que además hace peligroso el discurrir por esta carretera es que el porcentaje medio se va haciendo bola y poco a poco mina las piernas, por lo que a la mínima el desfallecimiento puede ser de aúpa. Cuando terminamos la zona más dura aún quedarán emociones fuertes. Un altiplano con constantes subidas y bajadas nos irán haciendo coincidir con otros lagos y cursos fluviales que harán las delicias de nuestras cámaras de fotos. 

De nuevo, una acumulación constante de postales en cualquier dirección que se mire. Absolutamente espectacular. La luz que desprende el paisaje es algo visto muy pocas veces y en muy pocos lugares. Practicar ciclismo en estas condiciones es un auténtico lujo. La roca se va imponiendo en las partes altas para combinarse con el azul del cielo y el turquesa del agua. Las bajadas en este tramo serán muy agradecidas por el sufrimiento anterior, aunque están acompañadas en muchos casos de subidas repentinas y traicioneras, lo que irá machacando más si cabe nuestro incesante pedalear. 

También será un enemigo invisible el viento, muy presente en esas partes desprotegidas que nos garantizan un mayor esfuerzo a la hora de encontrar un ritmo digno. Como no encontremos protección y Eolo haga de las suyas, casi vamos a echar de menos no estar inmersos en las rampas incesantes de la parte más empinada de este coloso. Ese terreno irregular en ocasiones es capaz de hacer más daño que una subida de altos porcentajes. Un problema que podemos encontrar es el tráfico. En épocas estivales, el turismo en la zona es constante y garantiza cruzarse con múltiples vehículos. Hay apartaderos y amplitud para cruzarse sin problema con uno. 

El problema viene cuando dos caravanas o autobuses coinciden en la ruta. Si nos vemos en ese tipo de situación, desde luego que debemos ser cautos y prudentes. Que el incomparable marco no nos haga olvidar que seguimos siendo débiles en la carretera pese a encontrarnos en un auténtico paraíso. 

Un paraíso terrenal, alejado de lo masivo, pero que pertenece a un destino, Noruega, con cada vez más adeptos que huyen del clásico verano de playa y países mediterráneos con asistencia masificada y poco gusto por el color verde. Un clima más benigno que da un respiro a los visitantes del sur de Europa y que permite disfrutar en todo su esplendor del gran espectáculo que supone visitar los fiordos y disfrutar del ciclismo en un marco difícilmente igualable.

Escrito por: Lucrecio Sánchez (@Lucre_Sanchez)
Fotos: 1001puertos.com

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