Historia

Cuando las clásicas defraudan

En la época de las grandes clásicas nos aprestamos a vivir grandes carreras. Encarnizadas luchas sobre la tierra, el asfalto o el pavé. Esperamos ver a los grandes favoritos luchar de tú a tú entre sí. Muchas veces, el guion se cumple. Aunque quizá con menos dosis de heroicidad de la que gustaría al aficionado, suele ser alguno de los favoritos quien habitualmente se lleva la carrera a su palmarés. Por la sencilla razón de que es el más fuerte.

Pero en otras muchas ocasiones los guiones no se cumplen. Saltan hechos trizas. Las expectativas quedan ampliamente defraudadas. El desarrollo de carrera para nada es el previsible por los expertos. Y acaban en el más alto escalón del podio corredores sorprendentes; incluso algunas veces de lo más desconocidos. Ciclistas que pasan de rodar anónimamente en la panza del pelotón a ser estrellas, la mayor parte de ellos, sólo por un día.

Haremos un sucinto repaso a algunas de estas carreras. No es la pretensión recordarlas todas. Por supuesto que hay muchos más ejemplos más.

4 de abril de 1982. “Los campeones no saben tomar sus responsabilidades. No son capaces de imponerse. Deberían todos renunciar a ese apelativo. Todos me han decepcionado. Si René Martens se mete a ganador de clásicas, ¿a dónde se dirige todo esto?” Es Eddy Merckx quien habla. Merckx maneja las palabras como en un tiempo lo hizo con sus pedales durante su carrera deportiva. A limpia patada comenta un anodino Tour de Flandes de 1982 que se ha llevado René Martens. No. No hablamos de Freddy Maertens. Hablamos de René Martens. Un ciclista conocido, sí. Pero en absoluto favorito en la salida a vencer en toda una Ronde Van Vlaanderen.

La ausencia de un favorito que ejerciera un papel de patrón real de carrera, las luchas intestinas en el seno de los equipos, las escapadas consentidas, la parsimonia con que se reaccionó a esas escapadas consentidas… El ascenso al Koppenberg por aquellos años servía tradicionalmente para seleccionar la carrera. Y aquel año… aquel año se había subido casi silbando. En suma, aquel Tour de Flandes resultó soporífero.

Todo este desenlace quedaba aderezado y rematado por las sinceras declaraciones del vencedor René Martens: “Este era mi quinto Tour de Flandes en el que tomaba la salida. Los cuatro anteriores no los había conseguido finalizar. Esta victoria mía es increíble”.

Y es que llovía sobre mojado. Desde la Milán- San Remo disputada quince días antes que llevaba lloviendo…

En la salida de Milán, Francia llevaba sin ganar la San Remo diecinueve años. Desde la victoria en 1963 de Joseph Groussard. Después de 286 kilómetros de escapada, Marc Gómez, ciclista del Wolber, se anotaba la Classicissima. ¿Gómez? ¿Francés? El público expectante en San Remo esperaba y ansiaba una victoria de Moser o de Saronni. Cualquiera de los dos hubiese valido. La concurrencia, incrédula, se preguntaba: Pero, ¿ese Gómez?, ¿quién es ese Gómez? Con ese apellido, más parece un español.

Hijo de españoles emigrados, Marc Gómez era un francés bretón que había estudiado Informática. No encontraba trabajo de lo suyo. Así que Marc empezó a hacer pequeños trabajos: ganar dinero esperando que la cosa mejorase. Marc Gómez se puso a repartir periódicos por la mañana. A las tardes, Gómez seguía montado sobre su bici. Pero ya lo hacía con un maillot y con un culotte. A las tardes ya era ciclista. De hasta qué punto se tomaba en serio esto de ser ciclista Marc, da idea el siguiente hecho: Cyrille Guimard le ofreció la posibilidad de pasar a profesionales… y Marc Gómez la rechazó.

Fue finalmente otro director, Marcel Boishardy, el que le terminó de convencer de sus posibilidades en el campo profesional. Para entonces Gómez ya tenía 27 años. Boishardy tuvo que ir a la carga en varias oportunidades para conseguir su objetivo. La esposa de Gómez, tan reticente a ello como el marido, tampoco ayudaba. Incluso la temporada anterior a su paso con los pro, Gómez pensaba más en limitar sus entrenamientos y buscar un “trabajo de verdad” que en pasar a ser un profesional del ciclismo.

Pues sí. Aquel ciclista neoprofesional, que el año anterior había pensado en ir dejando el ciclismo, que había rechazado una oferta de Guimard, que jamás había disputado una clásica, que jamás había abordado una distancia tan larga… fue quien llevó a su palmarés la Milán-San Remo de 1982. El uno por el otro, ni el Famcucine de Francesco Moser, ni el Del Tongo de Giuseppe Saronni habían asumido sus responsabilidades de echar abajo la escapada de Alain Bondue y Marc Gómez. Confiaron en que aquellos dos franceses madurasen por sí mismos… pero no fue así. Así que no sorprende que Eddy Merckx, quince días más tarde, y tras lo sucedido en el Tour de Flandes, bramase de aquellas maneras.

Tras su victoria, algunos periodistas sometían a Marc Gómez a preguntas impropias, que el propio ciclista no contestó por pudor. Marc Gómez se llegó a sentir menospreciado en su condición de ciclista por algunas de aquellas preguntas. Era un ciclista modesto, sí. Pero tenía una dignidad. Además, se descolgó con un recuerdo para su compañero de escapada, Alain Bondue. Bondue había sufrido una caída durante los últimos kilómetros, y Gómez vino a decir que Bondue mereció la victoria tanto como él.

Similares preguntas a las que se hacía el público de San Remo, se las hacía el público de Roubaix a la llegada del Infierno del Norte el 10 de abril de 1988. ¿Cómo se escribe su nombre? ¿De Mol en dos palabras? ¿Es neerlandés? ¿Es neoprofesional? Y es que Dirk Demol hasta ese día solo había ganado 9 carreras en sus 8 temporadas ya como profesional.

Fue sí, una sorpresa mayúscula. De los 266 kiómetros que constó la Paris-Roubaix de aquel año, Demol se pasó 240 en fuga. En la fuga inicial junto con otros trece corredores. Luego ya con solo cinco a 50 kilómetros de meta. Y a 10 de meta ya solo con el suizo del Kas-Canal 10 Thomas Wegmuller. Wegmuller. Otro corredor desconocido en aquel momento, que cumplía su segundo año con los pros y con solo tres victorias en su palmarés hasta aquel momento, una de ellas en una etapa de la Guillermo Tell.

Fue una Roubaix soleada. Sin viento. A pesar de la presencia de Wegmuller en cabeza de carrera, el Kas-Canal 10 de Sean Kelly no confiaba en él. Así que tras un intento en solitario de Bontempi de empalmar con los de cabeza, era Peio Ruiz Cabestany, también del Kas, quien lo intentaba en solitario. No pudo enganchar con los de cabeza y fue absorbido por el pelotón de los considerados favoritos. En este pelotón, Sean Kelly sufría una caída…

La escapada de Wegmuller y Demol llegó a meta, y en el sprint se impuso Demol. Para más sorpresa todavía, Demol corría en un equipo en aquel momento considerado como modesto: el ADR. Un equipo… que ya se había impuesto siete días antes en el Tour de Flandes. Aquella vez gracias a Eddy Planckaert.

Sus directores, De Wever y Jose De Cauwer, bien contentos podían estar. Más que lo estarían al año siguiente…

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto: Fabio Ferrari / RCS Sport

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