Ciclistas

Dani Moreno, el ardenero con sombra de Puro

Ahora que llegan los calores estivales parece que dejamos de lado personajes de la primavera, esas Ardenas que acumulan subidas explosivas, aficionados con las banderas entonces recientes del León de Flandes a ambos lados de las cunetas. Actores que se sepultan unos a otros. Los que un año triunfan al siguiente se ven eclipsado por los que vienen con más fuerza. Y ahí en ese batiburrillo de corredores de fuerza, escaladores a los que no les llega el punch para el duro y vueltómanos con cierta punta de velocidad y cierto grado de optimismo se encuentran otros que podrían señalar la equis en cada una de las casillas. Ese es el caso de Dani Moreno, el ardenero de las mil facetas. 

En sus tiempos, el madrileño se doctoró en los colores del Relax-Fuenlabrada. Ser segundo en el Monte Abantos tras Samuel Sánchez no es poca cosa, menos aún vistiendo los colores de un conjunto modesto como los suyos. Una lástima quedar a un paso de la gloria, un éxito garantizarse estar en la élite y asegurar un paso al Caisse d’Epargne que le iba a poner definitivamente en el mapa. Alejandro Valverde y su todopoderosa pedalada interterritorial le iba a poner límite a su crecimiento. Un clásico en equipos de este nivel y la contrapartida de marcharse a ellos. O tiras la puerta del todo y te haces con el poder de las riendas o quedas para lo que quede. Y Dani quedó para lo que quedó, convirtiendo su carrera en buscar oportunidades aquí y allá con tal de irse asentando en la más alta categoría. Pasa en todos los trabajos: tragar, tragar, hasta que o bien ves que tu oportunidad no va a llegar y buscas nuevos horizontes, o bien aceptas cuál es tu rol, tu techo y tus futuros remordimientos. 

Dani conoció en el conjunto pseudo francés a ‘Purito’ Rodríguez, que para más inri se encontraba en una situación similar, incluso podríamos decir que más desesperante por un mayor talento y un puntito más de resultados. Su protagonismo era nulo. Cuando sus piernas eran fuego. Así que ambos se marcharon de la mano a formar un tándem muy interesante. Dos ciclistas muy parecidos, un madrileño y un catalán buscando cobijo en un equipo ruso. De chiste, pero real. Ambos encajaron a la perfección en lo que fue relanzar sus carreras. Uno hasta el estrellato absoluto. Otro hacia un grado de gregario superior, de esos que ganan casi más tiempo de televisión que los propios gallos (para reflexionar con ese dato), un lanzacohetes de las cuestas de uno de los corredores más populares de su generación. 

El hecho de estar en la pomada junto a su amigo, compañero y de ser escudero de alguien tan versátil tanto como para subirse al podio de París como para ganar pruebas de un día entre las más prestigiosas le da también a Dani el valor de dicha versatilidad, de ser un tipo capaz de rendir en la corta y en la larga. Y así fue Dani. Capaz de finalizar en el top ten o de grabar a fuego fotos tan espectaculares como ganar en el Muro de Huy ante una multitud belga que veía cómo otro español que no fuese Alejandro Valverde dominaba una de las cuestas más famosas de las Ardenas. Curioso que después de ‘servir’ a un grande del ciclismo español cambiase de aires para servir a otro. El regreso a la escuadra que le dio la alternativa, con un tipo de ciclismo que le iba menos por ser menos intuitivo y más calculado, pero que le permitió seguir en la élite toda vez que ‘Purito’ colgó la bicicleta y había que seguir adelante sin él. 

Pasar de grandes rivales, como eran Rodríguez y Valverde en casi todos los escenarios, a compartir su mejor gregario no deja de ser paradójico. La conexión con el murciano ni fue ni de lejos similar. Muchos años en la élite le dieron la oportunidad de diseñar su camarilla, su núcleo duro, y había poco espacio para nuevas incorporaciones. Hizo su trabajo, no cabe duda, aunque a otro nivel bastante diferente del que acostumbró en el Katusha ruso. La conexión era diferente. Con Joaquim conformaba un tándem irresistible de arrancadas en el último kilómetro que le daba la victoria a uno u otro, normalmente al catalán. Uno arrancaba a más distancia, el otro remachaba a los que habían osado salir por el madrileño. Movistar, digamos, fiaba todo más a la suerte, al azar de que ningún ciclista hiciese hueco, que ninguno les robase la cartera antes de su distancia. Nunca han solido marcar ellos el paso para que el velociráptor de las llegadas en cuesta arrasase. Muy diferente.

Dani tuvo un gran momento en la Vuelta a España de 2013. No todos los días se puede ganar a Cancellara y otros grandes rivales. En Finisterre y Valdepeñas se alzó con la victoria, y el maillot rojo de líder que le propuso como uno de los posibles candidatos a rozar el podio de la Vuelta. Después, una vez Hazasllanas, las faldas de Sierra Nevada que le vieron triunfar en 2011 en la misma carrera, le reubicaron en el lugar que debía, algunos pasos por detrás de Purito y el resto de líderes. Todo en orden. Un top ten el año anterior empujando a Joaquim en las cuestas de toda España intentando que el a la postre tercero en la general se llevase la general por fin de una vuelta grande. 

Quizá debió probar suerte como solista, aunque el retroalimento de sus líderes le han venido bien para esconder la mano y tirar la piedra. Las capacidades las tenía, no se puede negar. Ahí estuvo batiéndose con los mejores además de realizar su trabajo para otros. Sin eso, tal vez, hubiese llegado más allá. O no. En ocasiones esa presión puede a los que la sufren y eliminan de ellos esas cualidades que se pensaban tenían en una mayor dimensión. 

Escrito por Jorge Matesanz

Fotos: Sirotti

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