Ciclistas

Dario Frigo: el italiano peculiar

Si mencionas Saronno, pensarás que es una errata y que nos estamos refiriendo al gran ciclista italiano, célebre a caballo entre los 70 y los 80. Y no, no es un fallo de mecanografía, sino la localidad natal de Dario Frigo, un corredor italiano con una historia que se podría calificar, cuanto menos, como peculiar. Ningún atisbo de continuidad, muchos de calidad, eso sí. Algunas veces de sospecha, otras de mera inocencia. 

Una de sus extravagancias fue teñirse el pelo de amarillo pollo. Sí, un ciclista al que veías en puestos cabeceros tuvo esa caída en la moda de la época entre otros sectores sociales. Como antaño no se portaba el casco como norma obligatoria, además, era bastante difícil de disimular. Imagino que fácil para los compañeros de equipo localizar semejante cabellera. También para los rivales. Los tuvo, desde su época en Saeco a sus estertores en Fassa Bortolo, cortada de forma abrupta por la detención de la gendarmería en Francia por haberse presuntamente encontrado sustancias de mejora de rendimiento a su esposa. No fue su escándalo más llamativo, ni muchísimo menos. 

Su primera etapa en el equipo de Ferretti fue productiva. París-Niza, Tour de Romandía, nueve días de rosa y etapa en el Giro de 2001, etapa en Trentino… hasta que la corsa rosa llegó a la mítica y mediterránea San Remo. Redadas, escenas de ciclistas saltando por ventanas… un spaghetti western en toda regla. Allí fue capturado también Frigo, al que hasta entonces habían recibido con chistes sobre la coincidencia de su apellido con la marca de helados. Desde ese momento las bromas tornaron hacia dos elementos como el agua y la sal. Incautadas sustancias supuestamente dopantes y confeso, se demostró una vez analizadas estas que se trataba de un timo, que era agua con sal, una especie de placebo. Fassa Bortolo le había despedido y su regreso en Tacconi no fue nada mal. 

Año 2002. Comenzó el año subiéndose al podio de su amado Col d’Eze, en París-Niza. Siguió por la incierta Romandía, que entonces servía para observar candidatos de cara al Giro de Italia. En la propia ronda italiana tuvo una actuación notable hasta el Passo Coe, donde tras múltiples pájaras como las de un joven Cadel Evans, maglia rosa, Aitor González, a la postre compañero de equipo suyo un año más tarde, y muchos otros, perdió la ocasión de dejar de ser uno de los pocos italianos de su generación (tal vez junto con Casagrande) en no ganar la maglia rosa definitiva. Perdió una ocasión única. 

Eso sí, en el Tour fue a más y levantó los brazos en Cluses. Cerca de Albertville, donde terminó todo tres años más tarde. En 2003 regresó a los brazos de Ferretti, junto a quien aspiró a lo máximo en el Giro. Aitor González volvió a hundirse en la alta montaña. Él también, Terminillo mediante. Simoni dominó de cabo a rabo aquel mes de mayo, con una excepción: la etapa de Fauniera (subida hasta el cruce) y Sampeyre, aquella que terminó al pie del Agnello con carreteras congeladas, haciendo enorme a su apellido heladero. La llegada junto a la maglia rosa le elevó a la séptima plaza final, salvando un poco la honrilla y consiguiendo irónicamente su mejor clasificación final en el Giro. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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