Historia

De guerras entre organizadores y equipos (parte VII)

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Situémonos en Madrid. En septiembre de 2005. A pocos días de que Tom Boonen se proclame campeón del mundo en profesionales, el Congreso de la UCI, y su elección a la presidencia de dicho organismo, nos va a traer uno de los sucesos más turbulentos en la historia de este órgano rector de nuestro deporte.

Aspiran a la presidencia Pat McQuaid y Gregorio Moreno.

El irlandés McQuaid había sido ciclista profesional. Había llegado a ser doméstico de Sean Kelly. Y hasta aquel septiembre de 2005 también seguía siendo un doméstico. Entonces ya de Hein Verbruggen, hasta entonces presidente de la UCI y que ya no iba a presentarse a la reelección. McQuaid era lo que se conoce como un hombre de paja. Era el candidato en quien Verbruggen confiaba para que su legado continuase. Y con él, la alianza que, como ya hemos visto en anteriores capítulos, habían conformado la UCI y los equipos más importantes por entonces del panorama internacional. McQuaid representaba los intereses del UCI Pro Tour que durante unos meses antes habían conformado los Verbruggen, Manolo Saiz y Roger Legeay.

El otro contendiente era Gregorio Moreno. Un empresario bilbaíno al que su afición al ciclismo le hizo entrar como organizador en la Vuelta a Burgos. Moreno fue el elegido para defender los intereses de las tres grandes rondas nacionales, y por las federaciones nacionales disidentes del entramado del UCI Pro Tour.

La batalla entre bambalinas fue muy cruenta. Feroz.

Días antes de la elección, esto era lo que Manolo Saiz opinaba respecto a Gregorio Moreno: “Moreno ahora está vendiendo que se presenta a la presidencia de la UCI porque le mueve su preocupación por el ciclismo, pero, ¿desde cuándo tiene esa preocupación? ¿Por qué no ha tenido esa misma preocupación con el ciclismo de su país? Una cosa está clara: su preocupación es la de las tres grandes y no lo oculta porque he podido leer en la prensa que reconoce que es el candidato de las tres grandes”.

El técnico cántabro manifestaba su resquemor con lo que por aquel entonces y a su juicio estaba sucediendo en el ciclismo español. Implícitamente, parecía justificar de esa manera lo que tanto Verbruggen como él mismo estaban haciendo en la UCI: “En España Unipublic decide quién tiene que ser el presidente de la RFEC. ¿Y a quién se ha puesto a presidir el Consejo de Ciclismo Profesional? Pues al último que ha llegado –Ignacio Ayuso–. Y no se le ha puesto porque sea el más listo, sino por unos intereses. Es increíble que aquí haya gente que critica a muerte todo lo que hace Verbruggen, pero no dice ni “mu” de lo que pasa en España”.

Manolo Saiz también mandaba aviso a navegantes: “Quizá el Tour tuviera alguna posibilidad de vivir de espaldas al UCI ProTour, pero la Vuelta y el Giro no sobrevivirían. Si yo fuera la Vuelta, preferiría estar vendido a la UCI que al Tour. Si la Vuelta y el Giro se van del UCI Pro Tour para acabar en una situación de sumisión al Tour, ¿qué ganan?”.

Por parte del bloque de los organizadores, era Patrice Clerc, por entonces presidente de la ASO, el que también lanzaba aviso a navegantes: “Es la UCI, con su actitud inflexible, la que nos está invitando a que abandonemos su organización. En el mundo del ciclismo, una decisión como esta se tomaría a guasa, ya que imaginar un calendario en el que no estuvieran, entre otras, pruebas del prestigio y de la tradición del Tour, Giro, Vuelta, París-Niza, Milán-San Remo, París-Roubaix, Lieja, Lombardía…, y en el que los principales atractivos fueran carreras como el Eneco Tour o la crono por equipos de Eindhoven, sería utópico. Nosotros nunca hemos propuesto un calendario paralelo, pero si la UCI nos invita a marcharnos, tendremos que reaccionar”.

Respecto a una posible negociación entre las partes, Patrice Clerc era muy contundente, indicando que era imposible. Y acusaba a Verbruggen: “Se ha dedicado a contar mentiras y medias verdades en muchos medios de comunicación. En algunos casos sus afirmaciones llegaron a rozar la infamia y la ilegalidad, por lo que llegamos a plantearnos incluso llevar sus declaraciones ante la Justicia”.

En los mentideros ciclistas se llegó a correr un rumor. Se decía incluso que ASO estaba dispuesta a vender sus acciones en las publicaciones de “L’Equipe”, “Le Parisien” y “Vélo” al grupo editorial Hachet. Todo ello con un objetivo: Potenciar la economía de ASO para afrontar el coste de la estructura necesaria para poder poner en marcha una organización paralela a la UCI. Sin embargo, Patrice Clerc negaba tal posibilidad.

Clerc también acusaba al bloque del UCI Pro Tour de anteponer los intereses económicos a los intereses deportivos del conjunto del ciclismo. Pero claro. Obviaba Clerc que los organizadores cobraban los derechos televisivos sin apenas repartir esos derechos entre los ciclistas y equipos. Sin embargo, ¿qué era una carrera sin ciclistas? El bloque de los organizadores no quería entrar a debatir este tema. Este reparto se había hecho desde siempre de esta manera, y no le interesaba que se realizara ningún cambio.

A pocos días de la celebración de las elecciones, el reputado periodista Chema Rodríguez escribía lo siguiente en el semanario META 2 MIL: “Verbruggen y algunos propietarios de las licencias de equipos Pro Tour, concedidas por este con criterios ciertamente discutibles, iniciaron una guerra que no conduce a ningún puerto. Es una guerra entre piratas y bucaneros que no terminan de ponerse de acuerdo a la hora de repartirse el botín. Porque detrás de las épicas proclamas y de las consignas éticas y deportivas lanzadas por ambos bandos, subyace el simple interés económico. Aquí lo que se defiende no es el futuro del ciclismo; aquí, por lo que se lucha, simple y llanamente, es por la pasta”.

En este contexto de amenazas veladas y no veladas, de tensión y confrontación, finalmente el viernes 23 de septiembre se iban a celebrar las elecciones. Pero durante esa madrugada aún iban a suceder más cosas.

Continuará…

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto: Aerocha, CC BY-SA 2.0, via Wikimedia Commons

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