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Diario de la Vuelta’22: Roglic no baja la guardia (ya es rojo)

La cuarta Vuelta está en camino. Ya hablamos de las intenciones de este campeón, que no hace prisioneros ni da puntada sin hilo. Si el esloveno se pone un dorsal, compite. Y si en Holanda ni siquiera han intentado quitársele de en medio ha sido porque bien no han podido o porque han aceptado que van a competir cara a cara con él. Es decir, que sus rivales intentarán ser más listos, más fuertes o ambas opciones combinadas. Al contrario no sucederá lo mismo. Si Primoz tiene ocasión de dejar en la estacada a todos los demás, lo va a hacer. No perdona vidas, sólo tiene en la mente un número, que coincide con su dorsal habitual en la Vuelta: el uno. Cuesta pensar que sus rivales tienen la misma mentalidad y determinación. Y tamaño ciclista, por supuesto. Estamos hablando, con todos los respetos para Vingegaard, de tal vez el segundo mejor ciclista para grandes vueltas de la actualidad. Nos imaginamos quién pueda ser el primero. E incluso a veces Roglic le hace hincar la rodilla.

Fue una etapa con mucho que narrar. No hubo grandes ataques, tampoco grandes caídas (Repa, el checo de Kern-Pharma o nuestro Ibai Azurmendi discreparán), ni grandes diferencias. Fue un día típico de regreso del día de descanso. La Vuelta se suele correr con intensidad, y como tal sucedió. Una fuga de varios hombres filtró a Lutsenko, noveno clasificado del Tour de Francia. No se podía permitir que la diferencia se fuese en exceso y, por tanto, el ritmo fue endiablado. Tiraba el Bora-Hansgrohe con una fuerza tal que del primer integrante del pelotón al último habría 500 metros fácilmente. Sufrían ciclistas a cola, como Juan Ayuso, Louis Meintjes (que vuelve a las andadas) o Marc Soler, el corredor que iba a ser el líder del UAE en la Vuelta. Una más.

Comenzó la subida a La Herrera ya sin fuga. Bora buscaba los puntos del intermedio y se apartó. De hecho, no llegó a cazar a los escapados por apenas 100 metros. Ese pequeño fracaso supuso la desconexión del maillot verde, un Bennett al que dejaron con un compañero. Trago de agua y hasta meta. Era el momento para Higuita, que en la subida al puerto habitaba posiciones traseras del grupo. Ayuso, al que se daba por muerto, seguía resistiendo ‘a lo Meintjes’. Mientras tanto, un reguero se descolgaba. Los favoritos, en principio, pasaron todos la montaña en el grupo cabecero.

Ya en la cima, un detalle. Había bonificación y Alaphilippe aprovechaba la última rampa para iniciar la primera hostilidad de un grupo que tenía más miedo que fuerza. Trek-Segafredo, con un Juanpe imperial había controlado para Mads Pedersen, al que los comentaristas de TVE no daban chance y acabó segundo en meta, sólo superado por la ‘bala roja’. O amarilla y negra, lo que se prefiera. El campeón del mundo, como decíamos, arrancó demasiado pronto y se le adelantó Roglic para llevarse tres segunditos. La montaña ya estaba adjudicada a Joan Bou, del Euskaltel-Euskadi, que presenta en sociedad a un magnífico corredor. No todo en el ciclismo español es Rodríguez y Ayuso. Segundo pasó el francés y tercero Jai Vine, sorpresa. ¿Y el resto? El resto dejaron al esloveno tomarles tres segundos de adelanto. Sin más. O no pudieron ni hacer ademán, que algo de eso también habría.

En el descenso se lanzó Evenepoel. Potente, veloz, ágil en las curvas… incluso su látigo en el llano tenía la carrera rota en grupúsculos que al apartarse el belga se reagruparon en una sola mancha, como las gotas de agua del vapor cuando se enfrían. Hubo algún escarceo de Nibali, de Fedorov (kazajo del Astana y campeón de Asia al que habrá que prestar atención también) y algún otro polizón que pasaba por allí. El grupo se había seleccionado y encaraba ya el repecho final, donde había muchos movimientos en punta. Unos subiendo a sus pupilos, como el Movistar, que hizo una carrera en esos metros finales muy eficiente. Todos esperábamos a Valverde, pero de pronto nos dimos cuenta de que quien iba a disputar ese sprint era Enric Mas. Y fue tercero, ojo. Dando síntomas de entereza. Buenos ánimos le habrá dado.

También suben enteros otros ciclistas, como Sivakov, que está en una muy buena forma, el también francés Pacher, del Groupama, que llegó en el grupo de elegidos. O’Connor, Hindley, Remco, Kelderman, Kuss y Ethan Hayter, al que se vio sufrir o regular, no lo sabemos bien, en La Herrera y estar delante en el repecho final. Le faltaron piernas, la Vuelta no es el Giro Baby ni el Tour de Polonia. Pero estuvo. El aviso está dado.

Sin embargo, hubo corte y pillaron con las manos en la masa a varios favoritos. Simon Yates cedió 7″, lo mismo que Carlos Rodríguez, Gino Mader, Chaves, que probó a un kilómetro de meta, Carapaz, Landa, Urán, Verona… y Ayuso. Sí, muy a valorar lo que este ciclista a sus 19 años ha conseguido, que es pasar un momento muy malo, con el calor y ritmo infernal que vivieron los ciclistas y un trazado matador si se pasa un problema. Llegó, por ejemplo, por delante de gente como Valverde. No le vamos a exigir ahora lo que no ha hecho nunca, pero si la baza parece que va a ser Enric Mas para la general, lo cual tiene sentido, también lo tendría que él, que no se ha metido en una llegada que le debería ir como anillo al dedo, buscase opciones de otra manera más imaginativa. O sino ponerse al servicio del líder, que fue muy bien arropado por Verona y Rojas en esa parte final. Buen trabajo de Movistar, también hay que decir lo bueno.

De la Cruz, MAL, Juanpe y otros cedieron esos 7″. No es tanto, ¿verdad? Pero echemos cuentas. Roglic tomó tres segundos en la cima del puerto, más los diez de la línea de meta. En total 13. Más los 7″ de ventaja hacen un total de 20″. Eso al favorito número uno. En muchos casos en el terreno que más les beneficiaba. Yo me lo pensaría. O bien no tienen nivel para disputar el podio, o bien deberían estar más pendientes en la parte que tienen que estarlo, como un repecho final donde entrar bien colocado (es decir, hacer el gran esfuerzo antes) iba a ser más determinante que sprintar mejor o peor, que ya con la inercia iba a dar igual. Mas lo hizo perfecto. Se ubicó en cabeza y sólo tuvo que dar pedales lo más rápido que pudo. Otros tuvieron que conformarse con ir en el grupo que les había tocado, porque, por supuesto, no tenían hueco para adelantar a otros ciclistas que ya no tenían fuerza. Es el primer envite serio de la Vuelta y todos tienen mucha fuerza. Hay que pensar las cosas. Para ceder tiempo siempre hay tiempo. Urko Berrade, del Kern-Pharma, estuvo en el grupo de los mejores. Chapeau.

Así llegamos a la etapa de Bilbao, con gente ya muy alejada de Roglic en la clasificación general. Evenepoel ya se acerca al medio minuto. Aún quedan mundos para la crono, pero está muy claro que es el mayor rival del esloveno en esa etapa. Sivakov está bien, y además atento. Yates cede ya 51″. Enric está a 52″. Buen final y esperanzador comportamiento. Le ha faltado únicamente una arrancada que quién sabe lo que le hubiese deparado. Hindley está a 54″, Landa, O’Connor y Supermán ligeramente por encima del minuto. La pregunta es: ¿quién va a hacer algo por impedir que esta bestia llamada Primoz Roglic intente sentenciar la carrera en esta primera semana? Porque si algo tenemos claro es que entre Cantabria y Asturias, si puede, va a procurar no fiar a la suerte de su espalda el resto de la Vuelta. Señor@s, atención. La carrera acaba de comenzar.

Escrito por Jorge Matesanz

Fotos: Unipublic

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