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Diario del Giro 2022: Simon Yates, golpe de tiempo y golpe psicológico

Recuerdo la contrarreloj de Torrelavega en la Vuelta a España que se anotó el ciclista del Bike Exchange. En la previa se comentaba la falta de habilidad del de Mitchelton en la especialidad y las grandes prestaciones de Enric Mas, a la postre gran rival por el maillot rojo. Bien. El resultado fue buenísimo para Simon, un escalador escuálido hasta entonces. Para el balear, algo menos, pero no se ha prodigado con mucho éxito en la disciplina. Ahora, luciendo el azul cielo del equipo aussie se ha proclamado ganador de una contrarreloj del Giro de Italia. Y ya no es la primera vez que sucede: no es casualidad. Desde este momento, favorito número uno para llevarse el rosa, si ya no estaba cerca de serlo. Carapaz respira, Ineos ya tiene excusa para mirar para otro lado. El Etna volverá a poner las cartas sobre la mesa y pondrá el tablero quizá del revés. El ciclismo, como la vida, da muchas vueltas. 

Sorprendentemente buena fue la contrarreloj de Mikel Landa, que con poco más de medio minuto de retraso, sigue en margen de gesta. Si las leyes físicas se lo permiten, parece tener patas para afrontar el reto. Su padawan, Pello Bilbao, se mantiene expectante, oculto tras el gigante concepto del ‘Landismo’, que resucita cada mes de mayo. En ese pelotón de incógnito habita Tom Dumoulin, al que nadie da por vivo y no está, ni mucho menos, muerto. Mucha gente olvida que regresó de la nada a Tokio y regresó a su país natal con una medalla bajo el brazo. O sobre el cuello, no sabemos bien. Su clase es innegable y, pese a que no es el trazado ideal para un especialista en la contrarreloj, su potencial en grandes vueltas es innegociable. Si supera el Etna sin desmoronarse, habrá rival. En una guerra contra sí mismo, las montañas no parecerán tan altas si se observa capaz de irlas superando.

En otro escalón está Mathieu. Van der Poel luchó por el rosa, quiere llegar a suelo italiano con la maglia más especial que quizá vista nunca. Tan sólo tres segundos le separaron de una nueva victoria. Si su periplo por la corsa transalpina está planificado para ser breve (puede que aún no lo sepan ni en su equipo, el Alpecin), van a ser días intensos para batirse en todos los terrenos posibles. Es fácil pensar que la barrera de la primera llegada en alto será infranqueable, pero nunca se sabe con este ciclista, que siempre deja una pequeña distancia de seguridad para sorprendernos. ¿Hasta dónde llegará? Ya hay rumores de que podría disputar las tres semanas y la maglia ciclamino.

Hubo nombres propios, como el del italiano Sobrero, campeón nacional, o Kamna, por segundo día consecutivo en la pomada. También un Arensman que ha venido a ser una de las grandes sorpresas de la carrera. Tulett se mantiene en puestos altos, demostrando que Ineos es mucho más que Carapaz, que salvó el día. Quien no realizó una contrarreloj acorde a sus posibilidades fue Iván Ramiro Sosa, que fue incluso doblado por Foss (Jumbo) y regaló más de minuto y medio en meta. Una lástima que se puede deber a concentración, a falta de consistencia en estas pruebas o lo que sea. En ningún caso, por condición física, ya que hace una semana el colombiano mojaba la oreja a Simon Yates, flamante vencedor en Budapest, en la Vuelta Asturias.

Ahora vienen dos días de relax relativo, puesto que una jornada llana, con el primer sprint cantado puro y los nervios que eso suele conllevar, más el día de descanso y traslado a la isla siciliana. Sin grandes puertos, sin grandes descansos. Fuga, equipos de los velocistas controlando, llegada masiva. Ewan, el propio Van der Poel… una batalla por seguir dando a sus conjuntos un motivo por el que seguir luchando en este Giro. El Etna espera en el horizonte y poco a poco los ciclistas irán afinando lo que les quede de forma para afrontar el primer momento clave de estas tres semanas.

Escrito por Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)

Foto: RCS

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