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Diario del Tour’22: Cort Nielsen se adelanta a Luisle y al matadero en vísperas de los Alpes

Fuente Dé. Septiembre de 2012. Alberto Contador había regresado al ciclismo profesional después de su sanción de dos años. ‘Purito’ Rodríguez había sido segundo en el anterior Giro de Italia, que había perdido por apenas un puñado de segundos, y dominaba a su antojo el maillot rojo de líder. El madrileño perseveró y no dejó pasar ni una de las etapas duras para intentar sino rascar algún segundo, sí desgastar, buscar el error del rival. Alberto iba, Joaquim lo remachaba. El remedio era peor que la enfermedad.

Una etapa diferente, diseñada de una forma extraña, en un formato poco habitual, con la poco atractiva en lo orográfico subida a Fuente Dé y el breve Collado de Hoz por el camino. Lo que pasó lo conocemos todos. Game over, Contador arrebató la Vuelta a ‘Purito’ por perseverar, por encontrar el resquicio después de muchas bofetadas recibidas de mejilla a mejilla.

El Tour llegó a Megeve, una especie de aeropuerto en altura en el entorno del Mont Blanc (manifestantes incluidos en el precio). Sus rampas no eran excesivas, componían una etapa más en el estilo de Fuente Dé o Formigal, esos días en los que Contador convirtió un recorrido bastante mejorable en una obra de arte ciclística. El líder llegaba fuerte, con más miedo que nunca en sus rivales, con arremetidas constantes en cada final para demostrar y recordar cada veinticuatro horas quién manda en la carretera. A su manera, una forma de ganar el Tour. Tal vez una señal más de debilidad que de fortaleza, dicho sea ya de paso.

Su equipo, el poderoso UAE, anunció en la mañana la baja de George Bennett, uno de los mejores gregarios del pelotón. Positivo en Covid. Rafal Majka, el último hombre, también positivo. Aunque el polaco obtuvo permiso para continuar en carrera por ser asintomático. Otros como Hirschi en cola de pelotón. Hablamos de que realmente el maillot amarillo cuenta con cinco gregarios y tiene a uno de ellos con sospechas de que tarde o temprano saltará en marcha. El líder rodando en mitad de grupo solo, en su burbuja particular, alejado de sus compañeros.

© ASO / Pauline Ballet

Pero Tadej no debe preocuparse en exceso. Si esquiva el virus y puede seguir en carrera, sus rivales ya han demostrado que o tienen el balón justo delante de la portería para empujarla sin portero o ni siquiera van a tirar a puerta. ¿Alguien se imagina en otro deporte, por ejemplo, baloncesto, en el que se evitase lanzar de tres por miedo a fallar y que únicamente se lance a canasta debajo del aro? Así son los rivales de Pogacar. Este es uno de los grandes males del ciclismo.

Durante muchos años nos han vendido que el dopaje era el cáncer del ciclismo. Y lo ha sido, no cabe duda. Y lo es. Pero, como ya comenté en otro capítulo del Diario del Tour, de la mentira se puede llegar a salir. Del tedio y del aburrimiento perpetuo es mucho más complicado. La inercia de saber que no va a pasar nada desespera, lanza a los espectadores contra la lona. Y eso en un deporte que precisamente lo que necesita es que la gente se enganche es una muy mala noticia.

Volvemos al Tour. Y a la décima etapa. La salida de Morzine fue intensa y se formó una numerosa fuga tras varios intentos. Pidcock, del Ineos-Grenadiers y uno de los ciclistas mejor clasificados, estuvo cerca de entrar en dicha fuga con Ganna y Van Baarle (casi nada, oiga). De haber forzado la máquina, tal vez todo hubiese sido diferente y sería mañana el británico el nuevo brote de aire fresco que pusiera en dificultades al esloveno. Pero no. No alcanzó, no se filtró en la fuga. Lennard Kamna se coló una vez más en el foco del día y amenazaba con alcanzar el maillot jaune de Tadej. Prenda que el líder no quería perder bajo ningún concepto. Así que con poco o con todo, que a veces son términos que coinciden, se puso el UAE a trabajar. Por un momento Ineos puso a sus hombres a trabajar en la fuga para provocar más desgaste. Era la estrategia: provocar el cansancio de los gregarios de una forma o de otra. Igual que si desistían en el pelotón de perseguir el amarillo, Ineos o Jumbo deberían haber asegurado de que el líder tendría que sufrir el desgaste de controlar el gallinero una mañana más.

© ASO / Pauline Ballet

Después de ver ataques para la galería de Van Aert, de ver una auténtica exhibición de Jumbo-Visma en el pavé y comprobar en las carnes de Vingegaard que Tadej ladra, pero no muerde, ¿por qué los rivales permitieron que UAE saliese vivo de la etapa de Megeve? El ciclismo es un deporte en el que matas o te matan. Más si estamos tratando una rivalidad con uno de los mejores ciclistas por proyección de la historia. A Messi se le debe defender con poca intensidad y dejándole pasar hacia la portería porque, claro, es mucho mejor que tú. ¡Cómo se le va a intentar detener en un regate! Si el Covid lo permite, Pogacar ganará un muy merecido tercer Tour. Y lo merecerá porque será el único que haya salido a ganarlo con decisión y determinación.

Volvamos al Tour. A la fuga. Kamna insistente, pensando en amarillo. Muchos ciclistas, ataques desde lejos entre ellos para buscar repetir la gesta y ejemplo de Bob Jungels tan sólo una etapa antes. Puerto suave el de meta hasta los últimos kilómetros, que tampoco tenían una excesiva pendiente. Bettiol, un italiano enamorado de las clásicas y excepcional rodador que abrió la polémica en la etapa del pavé, abrió gas y sólo un grupo de manifestantes fue capaz de evitar su protagonismo. Su ventaja estaba estable y por detrás los cabecillas seguían a cambios de ritmo y parones. Alcanzado el de EF, llegó la hora de un clásico: Luis León Sánchez.

Todos pedaleamos con Luisle, todos soplamos para superar las más de 100 etapas de gran vuelta sin una victoria española, apretando en cada curva para que los perseguidores no le viesen y tirasen así la toalla. Perico le dio como ganador y… ¡boom! Se desvaneció la piel del oso. Sus piernas no son las de antaño. Y con clase en todo un Tour de Francia ya es más que complicado. Fue tercero en meta por visión de carrera, por calidad, en realidad. Un auténtico elixir de la eterna juventud el que deben repartir por Murcia, ¿verdad, Valverde? Las dos facciones de escapados se unieron en la recta final con cálculos por llegar y arrancar. Nicholas Schultz, del Bike Exchange, había sido quien había cazado al ciclista de Mula, pero también el que parecía se iba a imponer en meta. Sólo tuvo un problema, y es que desde atrás había salido un misil tierra-aire llamado Magnus Cort Nielsen, uno de los nombres propios de este Tour y que se relamía su bigote blanco desde que visionó el aeródromo para despegar. En la misma línea le adelantó y le arrebató la victoria al australiano. Un habitual, un depredador de sangre fría. Otra gran noticia del día fue ver por fin a Matteo Jorgenson, del Movistar, en papeles de protagonista y tomando la iniciativa. Hay ciclista en el estadounidense.

Escrito por Jorge Matesanz*

Foto de portada: ASO / Pauline Ballet

*Dedicado a VDG

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