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Diario del Tour’22: Houle salva a Israel, las tablas de Lers, y todo lo de Mas

A cualquiera que no haya visto la etapa y lea que han atacado Enric Mas, Louis Meintjes o Tadej Pogacar pensará que ha sido una de las mejores etapas en los Pirineos de los últimos años. Y es fácil que lo sea más por demérito de las otras que por mérito propio. Ha sido una etapa con un guion lógico, de un día normal en la oficina. Escapada numerosa, dado el inicio tan llano de las etapas (ay, si nos hubiesen regalado inicios como el de Mende en algún diseño más), intento de sorpresa por parte del aspirante al maillot amarillo y resolución de la fuga por parte de un escapado. Hasta ahí todo normal.

Lo extraño vino en el ascenso al port de Lers, de primera categoría, y que iba a ser un punto clave de la jornada por estar enlazado perfectamente con el Mur de Peguere, que a su vez conectaba con un descenso que llevaba prácticamente hasta la meta de Foix. Hemos visto más veces este final, una etapa con esta clase de puertos. Mikel Landa y Movistar trataron de conectar hombres en los diversos pasos de montaña en 2019 al viejo estilo. Hubo suerte, le dejaron marchar, pero no hizo la pupa deseada a los de la general. No son grandes puertos, no se pueden comparar con los monstruos pirenaicos y alpinos. Sí dan para escarceos, para buscarse las cosquillas.

© ASO / Pauline Ballet

La escapada incluía a ciclistas de primera clase como Vlasov. El ruso está bien clasificado, lo que obligó al Ineos-Grenadiers a tirar y hacer el trabajo sucio. Jugada maestra. También estaban Woods, un hombre del UAE y dos del Jumbo-Visma, uno de ellos era Van Aert. Debe ser muy sencillo dirigir una estrategia donde se pide que el corredor se meta en la fuga, desacelere aquí, acelere allá, ayude a empalmar grupos y salvar líderes cual Forrest Gump en la Guerra de Vietnam y aún así hasta gane de vez en cuando.

Junto a los emisarios del grupo del líder también se colaban algunos Movistar. Algún Ineos como Daniel Felipe Martínez… todos habían estado en el lugar en el que se pensaba que debían estar. Excepto un ciclista: Marc Soler. El catalán sufre una presunta dolencia estomacal que le hace perder minutos con el gran grupo. Remar durante horas sin ninguna compañía más allá del coche escoba y el cierre de control acechando. El miedo se hizo realidad y terminó ahí su Tour. Punto para la reflexión. Siempre pasa algo, siempre que más se le necesita, no está. Las casualidades no existen en este contexto. Ni siquiera le pasan cosas siempre en el mismo equipo.

Una baja muy sensible para el UAE, que está en la obligación de remontar para que siga habiendo Tour. Con más corazón que piernas, Tadej destapó el tarro de las esencias en Lers. Lo intentó hasta en dos ocasiones antes de alcanzar la cima, y una vez se llegó a ésta, nuevo ataque para demostrar que Vingegaard está muy fuerte, ya que no le dejó un milímetro en ningún momento, e incluso puso paso cuartelero con Kuss en el último puerto a raíz de una rotura de cadena de Rafal Majka, que estaba, parece, preparando el terreno para un ataque de su jefe de filas. No llego, quizá porque ya no vio la ocasión, tal vez porque al lanzarse tuvo miedo a un contrataque. El pánico a Van Aert va a ser legendario.

© ASO / Pauline Ballet

El ataque que realizó en el descenso del primer puerto fue de manual. Arrancada en la cima para pillar a todos desprevenidos. Desde ahí, tumba abierta hasta que mediado el descenso desistió de su suerte y se dejó incluso rebasar por el maillot amarillo, que condujo la bajada con gallardía. El revisor había pasado y había billete, misión cumplida. El plan de ejercer presión, una vez más, surtió el efecto deseado. El Tour es un mar de fondo donde todo se paga.

En Lers también se dio una paradoja: Enric Mas atacaba. En realidad fue una forma de poner ritmo en el grupo de los elegidos. Jumbo-Visma, a quien le preocupa más que el maillot verde esté bien planchado que la clasificación del ciclista balear. Ni siquiera saltaron a rueda de los tres Movistar que querían endiablar el ritmo. Fueron por delante con una ventaja entre el medio y el minuto. Enric lanzaba patada y a correr demasiado pronto. Alcanzado este escarceo, la ventaja se iría reduciendo y el grupo de los mejores le obligaría a la rendición. Después llegaría el momento de que Movistar volviese a ser Movistar, descolgando ciclistas de la fuga para ponerles a tirar del grupo. Vlasov estaba cogiendo mucho pastel y había que defenderlo. Cuando un conjunto defiende esas plazas tan míseras, bajas del top ten, quiere decir que hay poco que hacer, que el listón está ubicado ahí a todos los niveles o que las aspiraciones son simplemente buscar excusas y justificar un fracaso. Miedo a ganar. Muchos peores presagios se dieron cita cuando Louis Meintjes se soltó la melena y se fue en solitario para delante. No podían pasar más cosas extrañas, la etapa parecía diseñada por algún guionista irónico y satírico. Una buena aportación para los resúmenes, un palo para los pronósticos.

Otra circunstancia especial de la etapa fue la consecuencia de los ataques y respuestas de los dos mejores, que a su vez alejaron colateralmente al resto de ilustres. El más perjudicado era Romain Bardet, que había mostrado su fragilidad en el peor momento. Ineos se libera de la lucha contra el francés por la última posición de podio. Sus mejores días parecen pasados. Aún así, como gran ciclista que es, algún ramalazo de casta sacará a relucir y bien que podría decidir el Tour en un sentido o en otro. Su capacidad para bajar puede ser más que clave si alguien se abona a esa rueda. Y si esa rueda gira tan deprisa como hasta la fecha, que todo está por ver.

© Movistar / Sprint Cycling Agency

Otra lucha que quedó clara también fue por el liderato de Ineos. Geraint Thomas fue el más fuerte en el peor de los terrenos para él, explosivas cuestas de dos dígitos. Adam Yates pinchó más que el galés y se postula como una segunda baza, aunque para presentarla como una opción debería promover de lejos la agitación del gran grupo. Algo que únicamente hemos visto en el británico camino de Mos, en la pasada Vuelta a España. Movimiento que provocó, por cierto, el fallo y posterior abandono de Miguel Ángel López. Incapaz de tomar esas decisiones, Gaudu respiró cerca, al igual que un Nairo Quintana que parece haber rejuvenecido una década.

El gran duelo en tablas. Los conformistas han comprado una sílaba como prefijo. Israel se crece en su lucha contra el descenso y Movistar se enreda más en sus propios demonios. Lo mejor de todo es que todavía quedan dos batallas más en la más alta montaña. Más una crono y dos etapas llanas. Imposible dejar de mirar, si parpadeas te lo pierdes. Primer Tour digno en mucho tiempo, con más de un ciclista con ganas de ganar. Con muchos opositores para un mismo puesto, el tercero, que da derecho a fantasear durante un año por haber compartido foto con la pareja del año.

Escrito por Jorge Matesanz

Foto de portada: ASO / Pauline Ballet

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