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Diario del Tour’22: la ‘Vueltización’ del Tour encumbra a Tadej Pogacar

La Super Planche des Belles Filles. Javier Guillén, director general de la Vuelta a España, y todo su equipo que diseña los recorridos, estarían encantados de introducir ese final en su carrera, si es que esa Super Planche estuviese en territorio hispano.

Sabido es que, en estos momentos, Amaury Sport Organisation (ASO) es la propietaria tanto del Tour de Francia como de la Vuelta a España. No cabe duda de que el Tour de Francia es la carrera más importante del mundo. Pero, aún así, y desde que comparten titularidad, no se puede decir que la Vuelta a España esté copiando trucos del Tour de Francia para conseguir que se acerque en importancia de todo tipo a la gran carrera gala. Más bien al contrario. Se puede decir, para quien escribe sin el menor género de dudas, que es al revés: es el Tour de Francia quien sigue modelos ya probados en la gran ronda ibérica.

Con la llegada de los “muritos” a la Vuelta a España, se buscó un modelo que generase expectación en muchas de las etapas de la ronda española. Algo así como sustituir los sprints en llano por sprints en cuesta. Creando, además, una falsa imagen de que eran etapas de montaña. Son etapas que, efectivamente, crean expectación en la afición que no sigue ciclismo durante todo el año. Y efectivamente, las audiencias televisivas suben. Pero son etapas en las que apenas se dan diferencias entre los ciclistas favoritos. No se decide la carrera. Así, que la afición queda enganchada a que se decida en la próxima etapa de murito. En la que se seguirá el mismo patrón y no se decidirá tampoco nada. Se trata de fidelizar a la carrera a esa afición que no sigue el ciclismo durante todo el año.

El fin último es que la carrera se decida al final de las tres semanas. Esperando así que la afición permanezca enganchada hasta ese desenlace. Aún a riesgo de que no pase apenas nada durante esas tres semanas y el personal se aburra.

Ese modelo es el que, por ejemplo, ha copiado el Tour de la Vuelta con ese final de etapa ayer, ya sea en la Planche, o en la Super Planche des Belles Filles, con ese añadido de sterrato con altos porcentajes de desnivel. Mucho ruido previo a la etapa. Pocas nueces en su resultado final.

El desarrollo de la etapa fue de más a menos. Comenzó con una encarnizada lucha por conformarse la escapada de la etapa. Lo cual dista bastante, y es de agradecer, con lo que sucedía en las primeras etapas de esta presente edición del Tour, en la que la fuga prácticamente se regalaba. Fruto de esos regalos, todavía el danés Magnus Cort Nielsen continúa diariamente subiendo al podio y luciendo el maillot de topos rojos. La fuga de la etapa de ayer, conformada por una decena de ciclistas, estuvo a punto de ser la triunfadora de la etapa. Sólo un centenar de metros le faltó al ciclista alemán de Bora-Hansgrohe Lennard Kämna para alzarse con el triunfo.

Una vez conformada la etapa y a muchos kilómetros todavía de la meta, resultó sorprendente la decisión que se tomó en UAE. Son cosas que a quien escribe le cuesta entender. En lugar de marcar un ritmo sin excesivo desgaste para los gregarios del líder Pogacar, lo que hizo UAE fue marcar un ritmo con ansias de caza de los escapados. Una fuga que resultaba útil a UAE. Unos escapados que no eran ningún peligro para la resolución final de la carrera en París. Una búsqueda de la etapa, con éxito final, pero que bien hubiera podido resolverse sin ese éxito parcial de la etapa por parte de Tadej Pogacar. ¿Merece la pena someter a ese desgaste a un equipo cuando todavía restan más de dos semanas para la finalización de la carrera? ¡Allá está París!…

Además, por una causa, la obtención de la victoria de la etapa, que en absoluto es perentoria para Pogacar. Porque, en condiciones normales y si la cosa no cambia, va a tener varias oportunidades de conseguir esos triunfos parciales.

Insisto en que son cosas difíciles de entender desde la distancia. Lo mismo que antes de ayer sucedió con la kilométrica escapada de Wout Van Aert. Una prestación deportiva encomiable, majestuosa, sí, pero, ¿con qué finalidad?

En ese final de rampas durísimas sobre el sterrato de la Super Planche des Belles Filles, el escapado Lennard Kämna se quedó con la miel en los labios de la victoria tras el trabajo efectuado por su compañero Maximilian Schachmann. También estuvo cerca de la victoria el danés de Jumbo Visma Vingegaard, que fue rebasado en última instancia por el maillot amarillo Pogacar. Pero desgraciadamente, de finales como este de la Super Planche des Belles Filles, pocas conclusiones más se pueden extraer.

Escrito por Raúl Ansó

Foto: ASO / Henri Tarrieu

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