Carreras Historia Mundiales

Olano e Indurain en Duitama 95, el éxito del mundial colombiano

Duitama es un municipio colombiano ubicado en el departamento de Boyacá, en el centro-oriente de Colombia. En la actualidad son muchos los ciclistas colombianos instaurados en la élite del ciclismo profesional: los Quintana, Bernal, Urán, Gaviria, Molano o Chavito llevan años dando alegrías a un país volcado con sus corredores en cualquier carrera del calendario. Pero para toda esta generación hubo un comienzo, las grandes gestas de los “escarabajos”, así llamados en el argot ciclista, comenzaron con los Cochise Rodríguez, Alfonso Flórez (ganador del Tour de l’Avenir en 1980), el mítico Lucho Herrera o Fabio Parra, ganadores de etapa en el Tour en los años 80 y muchas otras grandes carreras. Ellos iniciaron el camino y en 1995 Colombia fue el país anfitrión de uno de los acontecimientos deportivos del año, el mundial de ciclismo.

El 4 de octubre tuvo lugar la prueba contra el crono, la segunda en la historia, ya que el año anterior en Palermo había nacido una prueba fija en el calendario desde ese momento.

Un trayecto de ida y vuelta en la localidad de Tunja, en el que al igual que el circuito en ruta, la altura de la prueba y la dureza serían un factor determinante. Los españoles Indurain y Olano llegaban como grandes favoritos ante la ausencia del campeón Boardman. Ambos habían dominado las cronos de Tour y Vuelta a España respectivamente y parecía que podía ser una fiesta española.

El resultado fue el esperado y el campeón Miguel Induráin se impuso a Olano con gran superioridad. Uwe Peschel, especialista de la modalidad durante muchos años consiguió el bronce a más de 2 minutos del navarro.

Cuatro días después se disputaba la prueba estrella, la carrera en ruta en un trazado durísimo en Duitama con 265 kilómetros de recorrido, dando 15 vueltas a un circuito muy duro con la subida de El Cogollo a más de 2800 metros sobre el nivel del mar. Para Colombia supuso un gran triunfo, el país entero se volcó con el Mundial, carreteras llenas por todo el recorrido en el que el mundo entero se llevó una gran imagen del país.

Una fecha que el ciclismo español nunca podrá olvidar. La Selección Española acudía al Mundial con un equipo ideal para el recorrido y más con la motivación del doblete en la crono. Miguel era el líder indiscutible del equipo y con la ayuda de los italianos marcaron el ritmo de la prueba. Después de subir 13 veces el alto de El Cogollo y más de 6 horas de carrera, apenas una decena de corredores se iban a disputar las medallas. Induráin pinchó en la subida y tras una gran bajada sobre el diluvio colombiano pudo entrar en el grupo.

En la penúltima ascensión Miguel atacó y los italianos liderados por el Pirata Pantani se vieron obligados a trabajar. La guerra estaba desatada y en una zona curiosamente llana se produjo el ataque que sería el definitivo. Olano saltó del grupo ante la mirada de suizos, italianos y colombianos. Induráin actuó de freno y le sirvió a Olano para sacar unos segundos muy valiosos. De esta manera y con una veintena de segundos se inició la última vuelta del campeonato del Mundo.

Como era de esperar Pantani marcó el ritmo del grupo en la subida final y tan solo Gianetti e Induráin pudieron seguirle. Una bajada espectacular con pocas referencias y un suelo resbaladizo dieron emoción a la carrera, pero por detrás el gran trabajo de Miguel para frenar a sus rivales fue la sentencia para que Abraham Olano alzase un brazo en la meta de Duitama.

El porqué de alzar un brazo es sencillo, la rueda trasera de Olano sufrió un pinchazo en los kilómetros finales y ante la imposibilidad evidente de cambiar de rueda o bicicleta, le tocó apretar y sujetarse bien para terminar y llevarse el maillot arcobaleno. Induráin ponía la guinda a la fiesta española venciendo el sprint y llevándose la plata por delante de Pantani y Gianetti.

Sin duda un Mundial histórico no solo para España y Colombia por los triunfos y la organización sino para el ciclismo en general puesto que se vio una carrera espectacular y muy dura.

Escrito por Unai Lacalle

Fotos: Sirotti 

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