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El análisis del Tour 2022 de Movistar

Como en todo, habrá opiniones para todos los gustos. Desde los que justifican a los que critican sin piedad. Desde los que entienden a los que no quieren escuchar. El análisis que aquí realizamos sobre el único conjunto español en el World Tour se ofrece sin neutralidad y desde el cariño que los aficionados y seguidores de este conjunto le tenemos por ser historia latente de nuestros comienzos a ilusionarnos con el ciclismo. Delgado, Indurain, Pereiro, Valverde, Nairo Quintana… no hay más que razones para dar gracias por una trayectoria imborrable y que está atravesando horas bajas por circunstancias varias.

En su momento tuvieron que remozar el equipo, renovar la cúpula de la plantilla, por la marcha de Nairo Quintana y Mikel Landa principalmente. La apuesta por Enric Mas y Marc Soler, que ahora forma parte de las filas del UAE de ‘Matxin’ y Tadej Pogacar, no salió como se esperaba. Incluso la llegada de ‘Supermán’ López, un corredor bastante más ganador, salió rana. A contraestilo, el colombiano no terminó de entenderse con sus directores. Todo explotaría el día de Mos en plena Vuelta a España 2021, cuando el ahora ciclista de Astana se bajó de la bicicleta por estar perdiendo el podio a un día del final, lo que provocó un terremoto en la estructura y en el mundo del ciclismo.

La sustitución de uno de los mejores escaladores del mundo se produjo con la incorporación de Iván Ramiro Sosa, una apuesta ciertamente arriesgada por la irregularidad del también colombiano. Esa pérdida de potencial competitivo, además de la mala fortuna de Enric Mas con las caídas en pruebas importantes, ha elevado el grado de ‘valverdedependencia’ del conjunto telefónico. La sombra del descenso parecía lejana a principio de temporada, pero la tensión ha parecido crecer con el paso de los meses. La alineación del Tour de Francia ha sido alterada por este mismo factor, con reserva de ciclistas como Alex Aranburu para intentar obtener puntuación en otras citas más modestas como el Tour de Valonia.

© Sprint Cycling Agency / Movistar

El ocho del Tour

Ya de inicio, la selección presentada por Movistar creó muchos comentarios en redes sociales. La apuesta por un corredor como Albert Torres, que debutaba en la ronda gala, fue inesperada. Otros ciclistas de más caché y experiencia se quedaron en tierra por diversas circunstancias. Jacobs, que venía de disputar la Vuelta a Suiza, el danés Norsgaard que venía de ser campeón nacional contra el crono en la víspera del Tour ante el enrachado Cort Nielsen, Óscar Rodríguez, que había sido segundo en una de las etapas duras de Suiza y mostró buenas maneras en la contrarreloj del Campeonato de España, octavo, para ser un escalador.

Por no hablar de casos como Einer Rubio o Sergio Samitier, que no han sido de la partida en el Giro y tampoco en el Tour. En definitiva, un ocho que dio la sensación de tener un punto menos de entidad en comparación con otros años. Gorka Izagirre era muy completo, Carlos Verona se había ganado su sitio por derecho propio, Gregor Mühlberger por fin tenía la oportunidad que se esperaba cuando el austriaco firmó por la escuadra española, Matteo Jorgenson podía poner en práctica lo que había demostrado en otras pruebas HC como París-Niza, Imanol Erviti era el capitán de ruta incuestionable, Nelson Oliveira siempre había sido un valor seguro… Y qué decir del gran líder, un Enric Mas que venía de ser segundo en la Vuelta y de mostrar una buena pedalada a lo largo de la temporada.

La elección se cuestionaba más en las ausencias que en las presencias, con García Cortina y Aranburu en casa, cuando eran dos ciclistas que tienen más experiencia que Torres en el pavé, por ejemplo, y podían hacer una buena función para el equipo. Además de filtrarse e intentar resolver escapadas. Pero todo se apostó a Enric y, por desgracia, esa opción se vino abajo a lo largo de la carrera.

© Sprint Cycling Agency / Movistar

Enric Mas, demasiada presión sobre sus hombros

Los dichosos puntos han sido los protagonistas de los pensamientos de la dirección del equipo. Con ese déficit influyendo en la alineación, cómo no afectar la forma de correr. Las fugas han tenido presencia de sus ciclistas. Por ejemplo, el norteamericano Jorgenson se ha filtrado muy bien en bastantes etapas. Después le ha faltado visión, piernas, suerte para rematar e incluso acercarse al triunfo, pero desde luego que ha sabido estar ahí. Otro corredor como Verona ha rozado el palo una vez más. Siendo el incombustible escudero de Mas, su intento camino de Les Portes du Soleil fue digno de alabar. Sin embargo, faltaban rematadores, faltaba colmillo. En las victorias de etapa también se reparten suculentos puntos. Y se eleva la moral de un equipo que desprende un momento de nerviosismo tal que se transmite a las puras resoluciones de las etapas.

El líder, de hecho, hizo público su pánico a los descensos debido a las duras caídas que ha sufrido esta temporada tanto en Tirreno-Adriático como en Itzulia. En una perdió el tercer puesto y en otra quién sabe si de nuevo un lugar en el podio… o la victoria. En uno de los momentos clave, el ataque que corona Telegraphe y busca la pequeña bajada que une con el Galibier, Enric sale bien al movimiento, pero incomprensiblemente en ese momento pierde rueda con los favoritos. ¿Se puede decir que el miedo al descenso le hizo frenar y dejarse ir? ¿Se puede decir también que después en la subida al Galibier tampoco rindió como se esperaba de él? ¿Por qué sucedió eso? ¿Fue porque no tenía las piernas o porque los nervios le habían atenazado a sabiendas que después vendría una macro bajada como la del Galibier hacia Briançon? ¿El bajo rendimiento fue debido a que el líder no responde bien bajo tanta presión? ¿Puede ser que se haya visto superado por la circunstancia?

© Sprint Cycling Agency / Movistar

Declaraciones, falta de explicaciones, dirección…

Todos los escenarios son humanos, entendibles. Pero entre las excusas, las declaraciones irritantes que faltan a la verdad (“Jumbo y Movistar han controlado bien el hueco que tenía Pogacar en el pavé”, “estaba cerrado y por eso no me filtré en la fuga”), los aficionados y seguidores de este equipo se acaban cansando. No ha habido una explicación al mal rendimiento de Enric, ni una expresión de humildad y reconocimiento por parte de la dirección del equipo admitiendo que el trabajo de fondo tanto en la confección de la plantilla como en la gestión de la misma ha sido al menos cuestionable.

A expensas de lo que nos muestre la cuarta parte del documental, parece que de nuevo las directrices han sido confusas. De hecho, un ataque de Enric Mas camino de Foix con dos compañeros lanzándole, se debe a que el conjunto quería poner ritmo alto para acercar la fuga y, sin embargo, nadie del pelotón quiso seguirles. Ni siquiera aprovechar su rueda en el caso de Jumbo-Visma y controlar así mejor las diferencias. Es un gesto que dice mucho del respeto e influencia que han ejercido sobre el pelotón: ninguna. Los favoritos no consideraban a Enric como uno más en esos momentos. Es un excelente ciclista, con unas condiciones extraordinarias, pero si su mentalidad no cambia, no va a dar el salto que necesita dar para aspirar a cuestiones más importantes.

A veces es simple cuestión de enfrentarse a los golpes. Contemos con el miedo al descenso, que es algo que grandes campeones como Gianni Bugno se trataron porque tuvieron graves problemas con ello. Siempre se puede apretar más en la subida o intentar colarse en las fugas al estilo de lo que hizo Meintjes a lo largo de todo el Tour. Después de su desfallecimiento en Granon, era el momento ideal, con el pelotón pensando que no era más que un posible candidato a ganar la etapa. Algo que, por cierto, podía haber logrado en Alpe d’Huez de haberse filtrado en esa fuga.

¿Acaso no es mejor escalador que Pidcock o que Meintjes? Ese día eligió resistir la rueda de los mejores. De nuevo sin proponer. De nuevo sin mostrarse. Miedo a que el mal momento del día anterior le volviese a pasar factura, sí, pero con más de nueve minutos perdidos y perdido en la general, hay que mover el árbol, hay que arriesgar. Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.

© Sprint Cycling Agency / Movistar

¿Futuro?

Si la conclusión del mal Tour es que Enric Mas no rinde por Covid, el equipo continuará igual en temporadas venideras. Descender del World Tour tampoco sería el mayor drama. Es más, puede beneficiar en cuanto a elegir las carreras en las que no participar, ya que hay algunos compromisos incómodos que hay que afrontar. Sin formar parte de la élite, se puede elegir dónde correr, porque es evidente que Movistar pasaría a ser una de las estrellas del panorama Pro-Conti. Habrá otras afectaciones, como, por ejemplo, que algunos ciclistas prefieran salir. A lo mejor no es mala solución recomenzar un proyecto con una bases enraizadas en otros principios que no sean siempre ‘comer, beber y a rueda’. O conceptos más elaborados que ‘la fuga de la fuga’.

El problema está en que el mercado tampoco permite muchas alegrías. Se rumorea que Daniel Felipe Martínez está ya firmado por Bora-Hansgrohe y que Carapaz, que habría rechazado regresar a la que fue su casa, lo estaría por EF. Pronto saldremos de dudas. Pero habría que indagar en ciclistas que se deben hacer un nombre en el equipo y no venir con el caché puesto. En ese sentido, hay ciclistas muy apetecibles a los que sería muy interesante echar el lazo antes de que firmen por escuadras económicamente más potentes (véase Carlos Rodríguez, Ineos) y ya no haya opción.

Hacer una buena reflexión alejados de excusas y reparto de culpas externas es clave para que los problemas se solucionen. Porque es evidente que los problemas existen. Después de confeccionar una plantilla acorde a lo que se quiera conseguir, tocará elegir objetivos atractivos y golosos para los ciclistas. A Enric Mas seguro que le hace más tilín un Giro de Italia donde la competencia y la presión son menores y donde la abundancia de montaña seguro le hace estar delante casi sin querer. Incluso a poco que esté en forma, puede rascar podio o pelear la victoria. El problema aquí, los descensos. Y el Giro suele tenerlos. No todo es el Tour, pero también se puede elegir el doblete Giro-Tour para el gran líder y apostar por la Vuelta con un segundo líder que firmen.

© Sprint Cycling Agency / Movistar

Valverde, el salvador

Seguro que tienen claro que sin el murciano, la situación hubiese sido todavía más dramática. A sus 42 años, sigue siendo el ciclista que más puntos ha reservado para las filas del Movistar. Pero en 2023, en principio y salvo sorpresa, no va a ser parte de la plantilla, por lo que habrá que sustituir a una de las grandes estrellas del ciclismo internacional con uno o dos corredores que puedan dar la talla. Alaphilippe, por poner un ejemplo, a lo mejor no está contento con ser excluido del Tour y habría una opción de negociar. Esa situación seguro que es más común en varios casos de ciclistas que no han gozado de las oportunidades que debían o sentían que debían.

El extraño sistema de la UCI para puntuar es el que es y los equipos deben adaptarse para prosperar en él. Por lo tanto, será imprescindible tener un grupo de ciclistas capaces no sólo de rendir bien, sino de capturar puntos. Y eso lo hacen normalmente los ciclistas que ganan o los que están cerca de la victoria, que son los que se llevan las piezas más jugosas. Y para eso hace falta tener ciclistas que puedan y después tener directores que no les coarten en buscar sus opciones de forma valiente.

¿Cómo le gana Jungels la etapa del Tour a Verona y Castroviejo? (Y a Pinot). Atacando a sesenta kilómetros de meta, dándolo todo y llegando exhausto a la línea de meta. No se puede, al menos no siempre, hacer una tortilla sin romper los huevos. Mientras eso no cambie, el cambio de cromos va a ser intrascendente.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Foto de portada: Sprint Cycling Agency / Movistar

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