Ciclistas

El ciclismo alemán y Jens Voigt, el ciclista de las piernas silenciosas

«Shut up legs», ha rezado como su lema de vida desde que se convirtió en una auténtica estrella del ciclismo. Título de su autobiografía, resume a las claras la filosofía vital de este espigado alemán nacido en 1971, hace ya más de 50 años. Las frases incluidas en su libro reportan a una persona reflexiva, valiente, consecuente y ávida de explorar nuevas etapas constantemente en su vida. Un canto a un ciclismo puro, de sensaciones, ese que muchos proclaman, muchos menos practican, y muchos menos creen. Malos tiempos para la lírica, también para predicar en un mundillo en el que se han prodigado más los mentirosos de doble versión que no han soportado el paso de los años. La verdad siempre sale a flote, no hay forma de evitarlo. 

Voigt creció en el esfuerzo, en la disciplina y en la concepción de equipo, de grupo, de unidad. De esa forma funcionó siempre, tanto en Gan, posterior Credit Agricole, y, sobre todo, en el CSC de Bjarne Riijs, del que fue uno de los corredores bandera. Su fidelidad a sus principios y su gente le llevaron a marcharse de la estructura en compañía de sus amigos los Schleck, que  contaron con él en el Leopard que después ha derivado en el Trek, donde colgó la bicicleta. Muchos años dedicados a dar pedales y aconsejar a jóvenes talentos con los que compartía pelotón. 

Al teutón se le vieron gestos inéditos en el mundo del ciclismo, individualista en la línea de llegada pese a ser concebido la mayoría del tiempo como un deporte colectivo. Era la llegada al Passo San Pellegrino, en plenos Dolomitas. Corría el Giro de Italia de 2006, aquel que su compañero Ivan Basso tiranizó de principio a fin. Una escapada en la alta montaña en la que tenía coartada para no colaborar dio con él haciendo de secante de Juanma Gárate. El irundarra ganó la etapa, cedida por Jens. Su generosidad se debía a que no había dado un solo relevo para no perjudicar los intereses de su líder. No podía ganar así. Los valores están antes que las victorias. Un gesto que le llevó a la leyenda y del que todos se acordarán. Mucho más que haber ganado en aquella cima de una forma poco ética, aunque entendible, tal vez por la costumbre de aprovechar el esfuerzo de los demás. Algo, por otra parte, que forma parte de la práctica deportiva. 

Tal era su fuerza que, por poner un ejemplo, fue capaz de neutralizar en primera persona una tentativa de su compatriota Jan Ullrich, nacido en Rostock, bien cerca de la Grevesmuhlen natal de Jens, en favor de su líder. Un corredor clave también en la subida al Tourmalet en el Tour del año 2008, donde destrozó las opciones de uno de los grandes favoritos, el español Alejandro Valverde. En la carrera francesa conserva su nombre con letras de oro en el cuadro de honor gracias a sus diecisiete participaciones. Un récord que comparte con otros relevantes como O’Grady, con quien compartió mucho más, o Hincapie. 

Un alemán que coincidió con el crecimiento y caída de la fama del ciclismo profesional en su país. Tal subida que se llegó a rumorear que los germanos estaban planteando organizar una gran vuelta por etapas para rubricar el crecimiento de su ronda nacional. Tras la Operación Puerto, donde se vio salpicado Jan Ullrich, y los posteriores casos de Schumacher y otros, condujeron a que la situación terminase mal, con el recorte extremo de presencia del ciclismo en medios y la desaparición de la parrilla televisiva. El resultado: desaparición de las principales carreras. 

Marcel Wust, gran sprinter de los 90, con prolongación en las figuras de Zabel, Greipel, Kittel o Degenkolb han sostenido una gran tradición alemana en la velocidad. Andreas Kloden, con quien Voigt también ha compartido años de competición fuera del Telekom donde comenzó su andadura, ha sido otra figura en este ciclismo, a su vez delfín de Jan Ullrich, del que se nombró sucesor. Todos siguiendo los pasos del mítico Rudi Altig, primer alemán campeón del mundo y en ganar una gran vuelta por etapas, la Vuelta de 1962. 

Un ciclismo que ha de volver. Por mentalidad, por calidad y porque no cabe la posibilidad de que un país como Alemania se quede fuera por mucho más tiempo de la cima del circuito. Además, progresivamente van resurgiendo corredores que se están abriendo un hueco importante en las mejores carreras, como Schachmann, campeón de toda una París-Niza en 2021. La inercia devolverá la normalidad y se ganará una segunda oportunidad para el ciclismo alemán. ¿La última? Habrá que aprovecharla. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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