Ciclocross

El encanto del CX

El ciclocross parece una modalidad distante. Los ciclistas que a veces no destacan en la ruta o en el Mountain Bike se dejan caer por estos lares y encuentran el territorio en el que hacer trinchera, en el que disfrutar de su deporte. La imagen que todos tenemos es de barro, lluvia, tubulares incrustados en imposibles bancos de tierra, escaleras, obstáculos que superar con la bicicleta al hombro, y un sinfín de maldades que los organizadores incluyen para deleite de los asistentes, que suelen ser bastantes. La ventaja para atraer al público es celebrar las pruebas en circuitos, que normalmente acaban por finalizar sobre asfalto, no sea que las máquinas no entiendan del juego que da el barro en estos días y quieran tomar más protagonismo del que debieran. 

Los paraguas son síntoma de espectáculo. Cuando llueve, ni la mejor Roubaix de la década puede igualar lo vivido aquí. Les ves pasar una, dos, treinta veces. El hueco aumenta, disminuye, observas la evolución de las fuerzas, de los diferentes ¿grupos?, de cómo la estrategia también es importante en algo que parece todo energía y que no lo es. Los circuitos permiten ver al rival, tanto en la distancia como gracias a los gritos y aplausos de la afición, que pese a los cordones protectores en todo el trazado siempre dan un calor asombrosamente cercano a sus héroes. 

Lo mejor de todo es la familiaridad de todo el grupo. Lo normal es ver a los ciclistas pasar el fin de semana con su caravana en las carreras, acompañados en muchos casos de sus familias. Una auténtica ciudad rodante que llena de vida las localidades donde habitan por unos días. Buen ambiente, cercanía y espectáculo. El ciclocross, como se ve, es mucho más que barro y dureza. Las imágenes que dejan huella son una constante. Pero mucho más la sensación de llegar al límite y que merezca la pena, sea cual sea el resultado. Incluso los más rezagados en la clasificación te hablarían maravillas de estas experiencias. 

Un mundo donde, además, todo el mundo tiene cabida. Como si de un Campeonato del Mundo se tratase, todas las categorías tienen lugar. Los famosos masters y las categorías inferiores, que sufren lo mismo que los élite, si bien en un número inferior de vueltas, como es lógico. Un mundo en conexión constante con otras modalidades como el ciclismo de carretera, del que han acudido muchos, pero al que otros han ejercido el camino contrario. El CX les ha dado la oportunidad de hacerse un nombre que ha hecho que algún equipo les recupere para la escena ciclista. Lo interesante es observar cómo hay corredores que combinan ambas disciplinas, con la dificultad que ello entraña. 

Tenemos hoy a ciclistas de primer nivel que compiten de forma asidua en otras disciplinas distintas, como lo son los omnipresentes van der Poel y Van Aert, que han trasladado al Tour de Francia los duelos que tenían en estas superficies. La Copa del Mundo es apasionante y al celebrarse en otoño aún hay espacio para estas estrellas de prepararse y disputar muchas de las pruebas. El mérito está en ser capaces de ser competitivos en ellas, pero también de aquellos que les pelean las victorias y que en alguna ocasión las consiguen frente auténticos mitos de la bicicleta. 

Escrito por: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Foto: Jorge Matesanz / HC

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