Opinión

El ‘hype’ de los escaladores asintomáticos

Durante décadas el ciclismo ha estado plagado de nuevas promesas, realidades en algunos casos, espejismos en otros, trampantojos en todos los demás. Lo que parece no es, lo que es no parece. Una serie de ciclistas que invocan unos pensamientos y que posteriormente sólo cumplen la letra pequeña que desactiva las expectativas creadas. «Escalador de futuro«, se oirá. Cuando el futuro se hace presente, la cualidad no se manifiesta y el hype permanece. Todavía se hablará de ellos, del incesante reguero de oportunidades perdidas y de un futuro que parece huir junto a la sombra del protagonista, inalcanzable. Clásico es el puerto donde se comenzarán a repartir los carnés de octavo finalistas, de pasar a esa fase llamada la hora de la verdad. Es un filtro importante porque cuando esa hora ‘h’ del día ‘d’ llega y las cualidades del sujeto se disipan, se evaporan, y llueven en forma de baño de realidad, el caché de esa figura en ciernes se comprime hasta la desaparición de la primera línea. El acomodo suele estar en equipos de segundo o tercer nivel donde la relevancia es poca a no ser que se consigan las victorias, tan caras como en el Tour de Francia por el nivel de competencia tan igualado. 

Durante los 2000 hubo cierto hype con algunos corredores con orígenes en el mountain bike. La habilidad en la bicicleta, la capacidad escaladora. Casi ninguno terminó por ser nada de lo que se esperaba. Alguno de ellos incluso firmaron contratos más que inalcanzables para ciclistas que sí habían mostrado cualidades y claramente las tenían. Mapei picó en este anzuelo algunas veces. Corredores que terminan el contrato y se marchan con el ruido inversamente proporcional al que generaron al firmar. Hay casos todavía más famosos, como algunos asaltantes de diligencias que apuntaron sus arcos al del Triunfo en París. El año bueno siempre es el siguiente, ¿verdad? Siempre esperando, siempre con una excusa, siempre con un hombro que te ayude a esconderte del primer plano. Es la más inmediata selección que el ciclismo realiza a sus integrantes: la prueba del algodón mediático que sólo esos elegidos pasarán. Cuando un ciclista tiene la carrera por delante y mira hacia atrás esperando que alguien le resuelva la papeleta recuerda a los hijos que se marchan de casa para subsistir con las sesiones de plancha y tupper ware que sus padres exhibirán en una mezcla de orgullo y miedo al rechazo. 

Escaladores que caminan menos que los velocistas, adelantados por corredores que nutren de voluntad su carencia de ascender pendientes. Esos son los nuestros, los asintomáticos, los del hype que no cumplen, los que tienen la fama y cardan muy poca lana. Los que consiguen llegar a la superficie y después se hunden para no regresar jamás. Ni siquiera son un one-hit-wonder, que para eso hay que dar el pelotazo en alguna ocasión, saltar la banca. ¿No era ese ciclista un escalador? ¿Por qué se queda del pelotón en un puerto? Si algo hemos aprendido en pandemia es que es posible llevar la cualidad sin mostrarla. La escalada no es para todo el mundo. Ni siquiera las cronos. 

El colmo se lo llevan los escaladores con el hype de ser buenos croners. ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Bajo qué circunstancias? A eso se le llama vender humo, ser asintomático de la realidad. Un pincel que pinta en blanco sobre lienzo del mismo color. La nada. Ese pelotón repleto de peces de un mismo color. Ahí, siempre que veamos dar pedales, encontraremos el hype de los escaladores asintomáticos. Presten atención. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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