Ciclistas

El Nairo anterior a Quintana

Era la segunda campaña de un equipo, el Movistar, que relevó en 2011 al extinto Caisse d’Epargne, un espónsor francés que dio vida a un conjunto español al máximo nivel. De ese modo, recalaron muchos corredores jóvenes y prometedores que son hoy pilares básicos del World Tour, como puedan ser Andrey Amador o Rui Costa, entre otros. En ese montón de buenos ciclistas estaba Nairo Quintana, un corredor procedente de Colombia que se unía a tantos otros nombres que comenzaban a poblar las carreteras de ataques y los letreros de televisión de las fugas con banderas de su país. 

No tardó mucho en tomar la iniciativa y comenzar a inundar su palmarés con buenas victorias. El Collado Bermejo sucumbió ante su habilidad escaladora, imponiéndose a nombres como Samuel Sánchez, y llevando para Colombia una victoria final que significó mucho más que un mero triunfo. Su sed de victoria no se apagó y en una Dauphiné dominada por Wiggins y Sky, logró anticipar al pelotón en la siempre exigente combinación de Joux Plaine y Morzine. Ganador de la etapa, muchos dedos apuntaban a quien debía ser el relevo de los grandes escaladores de los ochenta. 

Sin dejar mucho margen, se llevó la Route du Sud con aplastante superioridad. Salvo Dupont, que resistió a más de un minuto, el resto apenas pudo competir con el de Movistar, que ganó la etapa reina en Arras-en-Lavendan con doce minutos sobre el décimo clasificado (casi 4′ al tercero). Fue tal el destrozo que iba a ser inevitable no llevarle a su primera grande, la Vuelta. 

Allí el líder era Valverde, el hombre franquicia de los telefónicos. Su labor era ser su ángel de la guardia en la montaña. Y vaya si lo fue. En aquellas montañas se vieron las caras los tres tenores (Contador, Purito y su líder) y el cuarto en discordia sin mucha diferencia en fuerza y empleo era Nairo. El jovencísimo pupilo de Unzué se estaba ganando sobre manera el gozar de un mayor protagonismo. 

Quintana se hizo imparable, con victoria en la etapa reina de la Volta Catalunya y la general final de País Vasco, motivo más que suficiente para alinearle en el Tour de aquella temporada. Un 2013 que viviría el salto definitivo al estrellato de este menudo ciclista que, cuando coronó Pailhères escapado, atacando de una forma un tanto alocada y rompiendo el guion de sus propios directores, estaba llamado a ser un desestructurador de Sky y su ciclismo control. 

En cambio, al transformarse en una realidad más que en una promesa, la responsabilidad creció y su forma suicida de correr, libre de complejos y ataduras. Los resultados fueron tan buenos que dos grandes vencidas y múltiples victorias no han podido ser mejor bagaje. Por otra parte, muchos echan de menos aquella forma de correr tan diferente del joven Nairo. 

Escrito por Lucrecio Sánchez
Foto @ACampoPhoto

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