Historia Ciclistas

El poderío de Alex Zulle

Nacido en 1968, el corredor suizo continuó con la senda abierta por otros como Tony Rominger, triple vencedor de la Vuelta, ganador del Giro y podio del Tour tras perder el duelo con Miguel Indurain. Algo similar puede decir Zulle, si bien únicamente se impuso en la Vuelta en dos ocasiones y nunca alcanzó el cajón en Italia. Sí coincide con su compatriota en ceder en el duelo con el pentacampeón en París, que sufrió de lo lindo, eso sí, en 1995 ante una poderosísima ONCE y un líder que se creció en los Alpes y que le supo poner contra las cuerdas. Aún así, el navarro supo resolver bien y en primera persona todas las situaciones que le fueron planteando hasta confirmar su quinto entorchado consecutivo. 

Lo interesante de Zulle es la forma en la que ganaba y en la que perdía. En todas mostraba ese rictus imponente, de verdadero gallo que rara vez fallaba. Hubo tres ocasiones donde sí puso en jaque sus propias opciones de victoria final cuando era sino el máximo favorito a priori, sí a posteriori. En la Vuelta de 1993 pudo haber destronado a Rominger, pero su famosa caída en la bajada de la Cobertoria le pesó tanto que la ventaja cedida ese día no fue posible de recortar en la crono final de Santiago. En la misma carrera, seis años después y tras ser segundo clasificado del Tour ante Lance Armstrong, se presentaba en la línea de salida como uno de los grandes candidatos. Sin embargo, un desfallecimiento en la quinta etapa camino de Ciudad Rodrigo lastraba sus opciones al podio. Después fue decisivo en eliminar a unos u otros rivales en favor de su equipo y el Chava Jiménez. En el propio mes de julio tuvo lugar otro importante hecho en su carrera. Cedió seis minutos debido a una caída en el resbaladizo Passo de Gois. En la general final cedió aproximadamente ese tiempo. ¿Podría haber ganado el Tour? No se sabe, pero está claro que la balanza hubiese estado más igualada. 

En el Tour del año 2000 fue interesante la primera etapa de montaña, aquella que conducía a Hautacam y vio la victoria de Javier Otxoa, del Kelme. La subida final fue una carnicería del americano Lance Armstrong, previo durísimo ataque del líder de Banesto, que después perdería minutos, pero dejando su impronta contestando con a la ofensiva de Pantani con otra. Precisamente con el italiano se las vio frente a frente en el Giro de Italia anterior, estando en Festina. Perdió el duelo, hundiéndose en la Marmolada pese a haber dominado dos tercios de la carrera. 

Pero donde había mostrado más poderío fue en sus victorias en la Vuelta. Incontestable durante los años 1996 y 1997, fue caudillo de una generación española encabezada por Olano y Escartín que sucedían a Indurain, que también sucumbió ante el poderío suizo. Es más, en 1996 se consiguió un hito histórico con tres ciclistas del país helvético en el podio de Madrid. Dufaux, segundo entonces, fue uno de los damnificados por la tiranía de su vecino, de hecho. 

Ganó el Campeonato del Mundo contra el crono, también numerosas vueltas por etapas de una semana, incluso en su cuesta abajo como profesional, muy dilatada para lo que se llevaba en la época. También se vio envuelto en polémicas por dopaje, como la que aconteció en el famoso ‘Caso Festina’ y eso quizá deja un regusto amargo en su legado. Pero si algo no se puede negar es que el ciclismo suizo nunca había sido tan protagonista de las grandes carreras ni había estado en boca de todo el mundo antes de su irrupción en el ciclismo. Sobre todo, dejó muchas historias de victoria y derrota y aportó esos tintes de desgracia que han dado y darán que hablar.  

Texto: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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