Ciclistas

El punto G del ciclismo (Geraint Thomas)

La G está de moda. No por encabezar adjetivos tan suculentos como guapo, guarro, gordo o gilipollas, no por encabezar nombre de ciclistas tan variopintos como Gimondi, Geminiani o Van Garderen (aquí estaría bien el chiste de «van Garderen y Porte y se cae hasta el de en medio»), de equipos célebres como Gatorade, Gewiss, Gerolsteiner o Groupama, o hasta de grandes puertos como Galibier, Glieres, Glandon (Nacho Vidal), Gamoniteiru o Garabitas. El Gran Premio de la Montaña no pudo haber comenzado jamás con otra letra. Incluso a nivel nacional Gabón, Guatemala o Gran Bretaña (en inglés Greit Britein) recurrieron a esta letra para dar forma textual a sus unidades territoriales.

Los Hombres G la utilizaron como letra de poder y éxito, nada es casualidad. Si hasta gente (con g) de éxito como Wiggins utilizan la G para pronunciarse (Güiguins). Ganar, verbo utilizado para gente de éxito. O guardar, para gente a la que da precisamente miedo ganar. O perder, que al tener connotación negativa eligió otra letra para comenzar (gperder suena a escupitajo).

Hay hasta carreras. En Italia lo tuvieron claro: Giro de Italia. Gianni Bugno, doble campeón del mundo, sabe de lo que hablo. Al igual que Giuseppe Saronni. Ambos eligieron regular la ubicación, en el apellido es más efectivo. Regular nunca fue buena táctica, siempre ha sido mejor gastar lo que se tiene dentro.

Bien.

Pues esta letra es la que encabezó el Tour 2018. Geraint, o para los amigos, Thomas (qué tomas, qué de chistes, no es casualidad que nos haya salido un Bromas o un guasón) salía sorprendente líder después de las etapas alpinas, habiendo ganado dos de ellas, gesta (con g) que emulaba a Armstrong -al que le fue mal por acabar en G-, RominGer o Coppi.

Vamos a estudiar a un ciclista muy versátil, como podremos comprobar. Le podríamos llamar el Mortadelo del Gran Grupo. Por sus disfraces, y la variedad de registros, se entiende.

OríGenes: el chico es de Gales, como no podía ser de otra forma. Sus padres, en ambulancia, decidieron apresurarse para dar a luz en un país de éxito cuando estaban residiendo en Bolton (Michael eligió mal). Los de Gareth Bale pensaron lo mismo. Como tenían clara la teoría, pasaron a la práctica: le llamaremos Geraint.

El Rey Arturo (o Arthur para los colegas), amigo de Saint George (gran nombre y mejor persona), eligió doce caballeros para su mesa redonda. Por supuesto, entre ellos estaba Geraint, que da origen a nuestro gran héroe. Desde la leyenda a la realidad. 15 siglos de espera para que el genio se hiciera carne. O pescado. O ciclista.

Comenzó en una escuela de ciclismo de Cardiff y desde entonces ha disfrutado de varias transformaciones. Es como Hulk, pero menos verde y con más gomina. Un superhéroe que recordaremos dentro de algunos años en su verdadera dimensión (Data).

Sus comienzos como profesional tuvieron lugar en Saunier Duval. Chico de las calderas por la mañana y ciclista de tarde, empezó como stagiare coincidiendo con gente del nivel de David Millar, Cobo, Piepoli, Beloki, Horner, Perdiguero, Zaballa… un buen sitio donde aprender el oficio. De hecho, de ahí aprendió las arrancadas finales, ya que Purito estaba por aquellos lares, cuando aún era un ciclista de quiero y no puedo.

Su primer destino como tal tiene mucha Gracia. Fue el Barloworld de Froome, al que a veces se menosprecia, pero que con la distancia que otorga el tiempo se ha podido observar que tenían un ojo clínico para captar nuevos talentos. A Mauricio Soler no le fue mal allí, así como a Robert Hunter. Otro buen lugar en el que formarse. Moisés abrió las aguas y tocaba cambiar de aires.

Sky fichó a este británico en 2010, el año en el que finalmente dieron un paso adelante (UPA) para formar el equipo ciclista que llevaba tiempo rumoreándose. Desde un principio se sabía que había que implantar una filosofía novedosa (dar bidones a lo largo de las etapas, barritas energéticas, sillines cómodos…) y para ello ficharon personal especializado: imprescindible el título de entregador oficial de barritas energéticas durante las etapas de ciclismo (creo que se puede acceder por FP), una táctica que ningún otro equipo hasta la fecha ha sido capaz de copiar.

Conformado el equipo, necesitaban una estrella. Compraron un restaurante en Gerona, ficharon a Gordon Ramsey como asesor y lo lograron. Una vez conseguido el éxito se dedicaron al ciclismo.

En él fueron formando a Geraint, que fue probando superficies, incluido el asfalto en más de una ocasión. Empezó con la pista, donde sintió la mieles del éxito, aunque él siempre prefirió algo más de movimiento y vibración. Por ello el cambio a las piedras. La adrenalina de la Roubaix le llevó a ser elegido para elevar a Cavendish como campeón del mundo (o medalla de oro, Gold champion) en Copenhague.

2012 era año Olímpico, con lo que decidió volver a la superficie lisa y ovalada. El peralte le sentó bien y fue medalla de oro (Gold) por delante de Australia.

Poco a poco comenzó a escalar mejor las montañas. Bidones, cinta de manillar, etc. Geraint tenía la ventaja de que por desgracia y un accidente perdió el bazo (órgano que sirve para lo mismo que Lance Armstrong en el palmarés del Tour: nada). Esa ganancia (o marginal gain) ha podido marcar la diferencia.

Como se veía aún en formación, decidió darle una oportunidad a las carreras de un día. Tras una serie de infortunios dio con la Dauphiné, donde ayudó a un tal Froome a ganarla. Era el año 2013, el primero del gran Froomey, a la postre amarillo en París. Ya subía mejor y se veía en él a un potencial Marco Pantani. Incluso se pensaba que se podía mejorar la comparación gracias a sus prestaciones contra el reloj. Los Festina aquí se hubiesen bloqueado un poco por la contradicción de instrucciones.

8º en Flandes, pronto vio que su potencial estaba en las carreras de tres semanas. En 2015 venció la Vuelta al Algarve, que todo el mundo sabe que era uno de los tests de Contador. Copiando esos tests, se vio que Geraint podía ser la persona, el ciclista definitivo. Casualidad que segundo fuese Kwiato y ganador de la etapa reina Porte.

En el Tour fue uno de los más sorprendentes gregarios de Froome en su despegue lunar. No hablamos del Ventoux sino de la Pierre de Saint Martin, buen nombre también. 

2015 lo terminó en similar posición tras apostar con Rowe. En 2016 tuvo la desgracia de que abandonase el puesto nº15, con lo cual no pudo clasificarse ya en el puesto 16. Como perdió la apuesta, le tocó participar en el Giro del año siguiente. Allí estaba preparado para su primera victoria grande. Pero el infortunio se cruzó en su camino y no pudo ser. Tampoco podría terminar el Tour, pero sí que completó su aprendizaje como gran líder: sintió en sus espaldas lo que era ganar una etapa en la Grande Boucle y portar (jaja) el maillot jeune.

Ya en 2016 fue capaz de ganar la carrera del test de Contador y de robarle cara a cara una París-Niza por un puñado de segundos. En 2018 con el affaire Froome se fue mentalizando tanto de ser líder que ya no había quién le pudiese parar, ganando la antesala del Tour, la Dauphiné.

Nada es casualidad y, de tanto acostumbrarse, ganó el Tour. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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