Historia

El último sueño de Eddy Merckx

Merckx es recordado por sus grandes victorias (Lavaredo 68, Mourenx 69, el record de San Remo, Ventoux 70, la triple corona en 1974, etc.), pero también se le conocen algunas (pocas) derrotas, como Orcieres Merlette 1971, Montjuic 1973 o Pra Loup 1975.

La temporada de 1977 supuso un cambio importante para Merckx. Molteni dejaba el ciclismo y él se iba a la FIAT de Géminiani. Antes del Tour de Francia se centraría en las clásicas de primavera, pero no lograría ninguna victoria en ellas. Era solo la segunda vez que se iba de vacío en las clásicas. La primera vez fue en 1974, el año de la triple corona. Su mejor resultado fue un sexto puesto en una gran Lieja-Bastoña-Lieja vencida por un joven Hinault.

Esa falta de victorias creaba dudas en la opinión pública de cara al Tour de Francia. En la Dauphiné Liberé el joven francés Bernard Hinault apareció de nuevo, ganando la prueba por delante de Thevénet y Van Impe. Merckx solo pudo ser octavo. En la salida del Tour habría importantes nombres como los de Van Impe, Zoetemelk, Ocaña, Kuiper y el del máximo favorito, el francés Bernard Thévenet, ganador en 1975 gracias a sus grandes demostraciones en los Alpes (Para Loup y Serre Chevalier).

No era un Tour para escaladores puros, pero si apostaban fuerte en los Alpes podrían tener opciones. Sin embargo, los mejor posicionados eran los corredores más completos como Thévenet o Zoetemelk. Las etapas reinas sería la Auch-Pau, con Aspin, Tourmalet y Aubisque, y las jornadas alpinas. No se trataba por tanto de un Tour excesivamente duro, con cinco contrarrelojes individuales (entre ellas un prólogo y una crono muy corta) y una CRE. Un trazado perfecto para Merckx, pero… ¿Estaba Merckx perfecto para la carrera?

En el prólogo la gente se preguntaba si Merckx podría ser el primer maillot amarillo. Se comportó bien (el mejor de los favoritos), pero solo logró ser tercero detrás de Knetemann y de un joven gigante alemán que se vestía de amarillo, Dietrich Thurau. Ocaña fue el peor de los favoritos, demostrando que este tampoco iba a ser su Tour. El alemán se mostraba exultante y pensaba ya en sobrevivir a los Pirineros para poder llegar a la etapa 13 de amarillo en su país.

La primera etapa terminaba al sprint, e inmediatamente llegaban los Pirineos, con Aspin, Tourmalet y Aubisque. Sorprendentemente Thurau resistía en las ascensiones y se imponía en el sprint del grupo de los elegidos (donde estaban todos menos Ocaña). Quizás el muchacho podría ser la revelación en la lucha por la general. Merckx avanzaba a la segunda posición, esperando su momento, que podría ser en la contrarreloj individual de la quinta jornada.

Tras tres etapas de transición llegaba la crono y Merckx era el gran favorito para vestirse de amarillo. ¿Sería capaz de ganar o al menos de arrebatarle el maillot de líder a Thurau? En los Tour de 1974 y 1975 y en el Giro de 1976 Merckx había mostrado menos poderío en las subidas, pero esta era una edición “suave” y si era capaz de coger el amarillo podría mantenerlo sin dificultad hasta los Alpes. Y a partir de ahí, quién sabe, era Merckx…

¿Podría ser el séptimo Tour en el que Merckx vistiera el amarillo?

Cuando Eddy comenzó su lucha contra el cronómetro, todos notaron que estaba rodando bien (aunque no excelente). Pero había un problema: un cohete venía por detrás batiendo todos sus registros y evitando la victoria y el liderato del belga. Thurau estaba realizando una fantástica crono y marcaría los mejores tiempos por más de un minuto. Cuando Merckx cruzaba la línea de meta mejoraba el tiempo de Knetemann en quince segundos y el de Thévenet en dieciséis. Era el vencedor virtual y el provisional maillot amarillo, pero él mismo sabía que no sería así. Había parado el reloj en los cuarenta minutos y catorce segundos. El misil alemán del Ti-Raleigh destrozaba los registros con unos impresionantes 39’24”, manteniendo el amarillo y venciendo su segunda etapa. Merckx había fallado en su intento de vestirse de líder, una lástima para el campeón belga.

A continuación, vendrían dos etapas de transición previas a una CRE de solo cuatro kilómetros en Angers. No se tomarían tiempos, pero sí habría bonificaciones. FIAT vencía la etapa y Ti-Raleigh terminaba en tercer lugar, con Thurau demostrando su fortaleza. Merckx recortaba unos segundos a Thurau y el resto de los favoritos, pero eran solo unos pocos segundos.

Estaba siendo un Tour aburrido sin etapas importantes y con contrarrelojes cortas. Ideal para que un crepuscular Merckx mantuviera la esperanza en marcar el récord de una sexta victoria en la Grande Boucle.

Estábamos llegando a Alemania y el sueño de Thurau se estaba haciendo realidad. Merckx se mantenía cerca del liderato (¿O era al revés?). Lo más reseñable en esas jornadas sería una gran escapada en solitario de Patrick Sercu, compañero de Merckx, camino de Charleroi.

Llegamos finalmente a Alemania y Dietrich Thurau sigue como líder de la carrera. La afición alemana estaba eufórica. Aún quedaban los Alpes, pero lo que había logrado el joven teutón era muy reseñable.

El 17 de julio tenían lugar las primeras etapas propiamente alpinas en Morzine. Doble sector, con una crono hasta Avoriaz. El joven líder estaba feliz. Pero era el momento de los candidatos. La forma de Merckx era una incógnita. No había habido etapas demasiado complicadas y todos esperaban ver a “El Caníbal”. Pero también era el momento de los escaladores (Aja, Galdós y sobre todo Van Impe). ¿Sobreviviría Merckx a los Alpes¿ ¿Sería de nuevo Thévenet el ejecutor de Merckx? Tras un Tour aburrido, el drama y la emoción estaban al llegar.

Los favoritos guardaron energías en el sector matinal de cara a la contrarreloj de Morzine Avoriaz. Era el momento de la verdad, el reloj no miente. ¿Podría retener Thurau el amarillo? ¿Y Merckx? ¿Estaba el belga lo suficientemente fuerte para enfrentarse a los escaladores en la cronoescalada?

La gente hablaba de Mercx, Van Impe o Thévenet, pero el que reventaba el cronómetro era un fantástico Zoetemelk. Marcaba un tiempo de 33’09”, distanciando en cuarenta segundos a Van Impe y en un minuto a Thévenet. Merckx se quedaba a 1’56”, mostrando lo que sería una buena actuación para cualquier otro ciclista, pero no para él. Thurau perdía más de dos minutos y medio y el amarillo era de nuevo de Thévenet. Mercx estaba todavía en la lucha, tercero a solo 25 segundos del francés, pero las etapas reinas estaban aún por venir.

La 16ª etapa entre Morzine y Chamonix se presumía peligrosa, pues el duro Forclaz se encontraba a solo 27 kilómetros de la meta. Los escaladores tenían que moverse, pues no quedaban muchas más opciones claras (quizás solo esta etapa y la de Alpe d’Huez). La etapa iba rápida desde el comienzo, con el corredor del Kas Menéndez en cabeza. El momento decisivo llegaba en Forclaz, con Menéndez en fuga y poco más de un kilómetro a la cima. Dos corredores empezaban a sufrir; un joven y un veterano… Sí, hablamos de Thurau y Merckx.

Van Impe y Thévenet se destacaban por delante y lograban un minuto de ventaja en el alto. Menéndez era neutralizado y, sorprendentemente, Merckx no podía cazar a los favoritos en el descenso de Forclaz, perdiendo más de dos minutos en meta. Nueva victoria para Thurau, que había echado mano de su potencia para cazar a los favoritos y superarlos en el sprint para llevarse su cuarto parcial. Con la etapa reina a la vista todo permanecía similar, excepto para Merckx. Aun así, el público esperaba en el fondo de su corazón un último ataque, un último intento de Merckx para ganar el sexto Tour. En la etapa de Alpe d’Huez todos habían empezado a soñar. Sería el último gran sueño del belga.

En la víspera del Alpe, corrían rumores sobre un positivo de un corredor importante en el control antidopaje de la cronoescalada de Morzine Avoriaz. Todo apuntaba a Zoetemelk.

Tras la etapa de Chamonix Merckx fue seleccionado para pasar un control. No lograba orinar y tuvo que beber dos litros de agua, lo cual no era nada bueno para su disentería. Sufriría las consecuencias al día siguiente.

Un Tour aburrido pero incierto, que viviría su momento decisivo, una etapa que entraría en la historia de la ronda gala con letras de oro un 19 de julio de 1977.

Jacques Goddet estaba furioso con los ciclistas. La falta de pelea durante el Tour le estaba desesperando. Pensaba en métodos para aumentar la batalla, como aumentar las cronos, otorgar bonificaciones a los más combativos… Pero entonces arrancó esa gran etapa.

Calor, calor y más calor. Iba a ser un día terrible para los ciclistas. El comienzo fue relajado. Peugeot controlaba la situación con tranquilidad, sabiendo los momentos complicados que quedaban por delante. Cuando el pelotón llegaba a los pies de la Madeleine, aún no había sucedido nada destacable, y la sombra de la decepción sobrevolaba la carrera. Thévenet tenía todo bajo control. Sin ataques, sin pelea, los ciclistas se estaban fumando la etapa reina. No podía ser posible. Al paso por la cima todos los favoritos iban juntos, incluso un Merckx que parecía estar sufriendo problemas estomacales. Había pasado gran parte de la ascensión a cola del grupo con muy mala cara.

Pero las cosas iban a cambiar, y el Glandon haría daño a los ciclistas y destrozaría el pelotón. Después de hacer la goma, con más de 12 kilómetros para el alto, llegó la rendición. Aún quedaban más de 20 ciclistas en el grupo y Merckx se descolgaba. Estábamos asistiendo al final de Eddy Merckx como candidato real. Parecía que se iba a retirar. Sufría, se retorcía sin solución posible… ¿Se bajaría de la bicicleta? Ya saben la respuesta, estaba hundido, pero era el mayor campeón de siempre.

Mientras tanto, y con Merckx perdiendo más de dos minutos ya, se producía el movimiento decisivo del Tour. Con más de siete kilómetros para la cima, el bravo y valiente Van Impe lanzaba su ataque. Thévenet intentaba responder per no podía. Van Impe volaba hasta el alto como había hecho el año anterior en la escapada que le había dado su primer Tour. Esta vez el rival no era Zoetemelk si no Thévenet, un contendiente más fuerte. Pero Van Impe estaba rodando fuerte y la ventaja iba creciendo poco a poco.

Por detrás Merckx penaba, pero la gente le animaba. Años antes le insultaban y gritaban por su superioridad aplastante, pero ahora reconocían el corazón de un auténtico campeón.

El otro protagonista del día, Van Impe, seguía aumentando su ventaja, que ya era de 1’10” sobre Thévent Kuiper y Zotemelk a un kilómetro de la cima. Merckx iba a más de ocho minutos. Thurau también sufría. Por fin estábamos viviendo un día grande en el Tour. Con más de 50 kilómetros para la meta, el pelotón estaba destrozado y Van Impe sentía cerca el sueño del segundo Tour. En ese momento ya era maillot amarillo virtual con menos de un minuto de margen.

Las diferencias en la cima hablaban por sí solas. Van Impe coronaba primero, con 1’25” sobre Thévenet, Zoetemelk y Kuiper; Galdós y Heredia perdían más de dos minutos, Thurau más de cinco y Merckx más de diez minutos. Era la etapa reina del Tour, una épica e histórica, y lo mejor estaba por venir incluso a pesar de que el sueño de Merckx se hubiera desvanecido en las primeras rampas del Glandon.

En el valle Van Impe tiró fuerte e incrementó el hueco a los 2’45” sobre Thévenet, Zoetemelk, Kuiper y la pareja del Kas, Galdós y Heredia, que había recontactado con el trío de favoritos, del que solo tiraba el francés. El Tour estaba en el aire. Thévenet estaba furioso, pero sabía que tenía que seguir perisguiento como un campeón. Tras ellos Merckx perdía ya más de 13 minutos, el sueño se había apagado.

Según avanzaba el tiempo, Van Impe empezaba a perder tiempo poco a poco. Thévenet aumentaba el ritmo, siempre con Kuiper y Zoetemelk a su rueda. Galdós y Heredia se descolgaban. Merckx se recuperaba por detrás y comenzaba a realizar una agónica pero decente ascensión, con el apoyo de los espectadores.

Thévenet estaba cerrando el hueco con Van Impe, pero Kuiper ahorraba energías. Estaba solo a cuarenta y nueve segundos del francés y sabía que él estaba gastando mucho más. A 5 kilómetros de meta Kuiper atacaba dejando sin argumentos a Thévenet y Zoetemelk. El líder sabía que era un momento difícil y forzó al máximo, dejando a Zoetemelk detrás. Kuiper iba abriendo hueco: diez, quince, veinte segundos… La situación se convertía en dramática mientras un corajoso Van Impe seguía liderando la etapa con más de un minuto de renta.

La situación no iba a durar mucho, porque a poco más de dos kilómetros de la llegada, un coche tiraba a Van Impe. En ese momento el escalador belga sabía que acababa de perder la opción de ganar el Tour. Le ayudaron a reprender la marcha, pero necesitaba una rueda nueva y el coche de su equipo no estaba allí. De repente, Kuiper pasó por delante superándolo, y segundos después Thévenet haría lo propio, mientras Van Impe le gritaba que Kuiper estaba cerca.

Lucien Van Impe había sido valiente, pero la mala suerte había dado al traste con sus ilusiones. Cuando retomó la marcha Kuiper y Thévenet ya estaban fuera de su vista, y estaba realmente fatigado.

Pero la emoción estaba todavía por todo lo alto, con 48” para Kuiper a menos de un kilómetro del final, y Thévenet dándolo todo por salvar el amarillo. Kuiper cruzaba la línea de meta tras seis horas y seis segundos, logrando una gran victoria de etapa. Pasaban los segundos y el neerlandés podía vestirse de amarillo, pero Thévenet cruzaba la línea a 41”. Salvaba el maillot de líder por el ridículo margen de ocho segundos. Según sus propias palabras, ese día lo llevaron al límite como nunca antes (y nunca después). Pero ese día había ganado el Tour.

Van Impe cruzaba la línea de meta a 2’06” de Kuiper; a 2’59” llegaba Galdós. Zoetemelk era el quinto en la etapa a casi cinco minutos del ganador de etapa, y el resto a más de ocho minutos. Sin duda uno de los días más grandes en la historia del Tour de Francia.

Todos esperaban a Merckx. Antes que él, entraba Thurau, que se había caído en la última curva, a 12’32” de Kuiper. El Caníbal cruzaba la meta en la vigésima posición a 13’10”. Había realizado la mejor subida al Alpe d’Huez. De manera increíble se había repuesto del dolor y el sufrimiento en los últimos 14 kilómetros. A pesar de ello, también estaba exhausto-

Merckx seguía en el top 10, y la mañana siguiente ya decía que volvería de nuevo al Tour para ganar. Seguía soñando, sin embargo, la edición de 1977 sería su última aparición en el Tour de Francia.

Cuando uno piensa en la última victoria de un héroe del deporte, se imagina mística y gloria. Cuando piensas en las victorias de Merckx, recuerdas Lavaredo, Mourenx o las clásicas, siempre grandes triunfos. Cuando piensas en la última victoria de Merckx, las circunstancias, el dpoaje, empañan el momento.

20 de julio de 1977, arrancaba la 18ª etapa de la Grande Boucle. Los ciclistas se lo iban a tomar con calma. No Eddy Merckx, avergonzado por su mal Tour de Francia. Se presumía una etapa tranquila, pero Merckx atacó. Fue neutralizado y entonces saltó Agostinho a más de 90 kilómetros de meta para irse en solitario hasta el final. Por detrás se escapaban Menéndez y Merckx, llegando segundo y tercero a meta, respectivamente, a más de tres minutos del portugués. Eddy Merckx escalaba a la sexta posición en la general gracias a la ventaja conseguida con el pelotón (que llegaba a ocho minutos de Agostinho).

Nadie sabía que esa sería la última victoria de Mercx. Es triste, pero fue la última victoria importante del campeón belga. Días después Agostinho y Menéndez eran descalificados por dopaje y la victoria de etapa era para Eddy Merckx. No era la victoria que todos habíamos soñado, la de una etapa que no contaba para él.

Tras una victoria de etapa para Knetemann, llegaba la decisiva contrarreloj en Dijon, donde Kuiper y Thévenet iban a jugarse la victoria final. Solo ocho segundos en favor del francés. Quien saliera de amarillo tras la lucha contra el crono sería el vencedor del Tour. Merckx intentó ganar la etapa, pero solo lograba ser sexto detrás de un fantástico Thévenet que se llevaba la etapa y, sobre todo, la general del Tour. Kuiper realizaba una buena actuación, siendo tercero a solo 28 segundos, pero el Tour estaba decidido.

Knetemann ganaría de nuevo en Versalles y el último día se disputaría un doble sector. La contrarreloj corta iría para el joven y poderoso Thurau, con Kuiper perdiendo nueve segundos más y Merckx perdiendo la oportunidad de llevarse la etapa también por solo nueve segundos. El segundo sector se lo llevaba Alain Meslet. La edición de 1977 había terminado:

1. Bernard Thévenet (Fra) en 115h38’30»
2. Hennie Kuiper (Hol) à 48″
3. Lucien Van Impe (Bel) à 3’32»
4. Francisco Galdos (Esp) à 7’45»
5. Dietrich Thurau (All) à 12’24»
6. Eddy Merckx (Bel) à 12’38»
7. Michel Laurent (Fra) à 17’42»
8. Joop Zoetemelk (Hol) à 19’22»
9. Raymond Delisle (Fra) à 21’32»
10. Alain Meslet (Fra) à 27’31»

Era el segundo Tour de Thévenet y, sobre todo, iba a ser el último del más grande, Eddy Merckx. Las imágenes de sus grandes triunfos no se volverían a repetir. Después de sus años de tiranía, íbamos a echarle de menos.

Artículo cedido por Pedro García Redondo
Foto: Sirotti
Publicado originalmente en CyclingHistory

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