Opinión

El V Tour de Froome

Hace algunos años se me pasó por la cabeza una pregunta que por entonces, he de reconocer, parecía estúpida. ¿Será el declive de Froome igual que su andadura pre-Vuelta 2011?. Así lo plantee en un foro de ciclismo, con más incredulidad que malicia.

En estos momentos, parece claro que la respuesta sería claramente afirmativa, y eso no puede dejar de ser una extrañeza sin parangón, al igual que extraño es todo lo que rodea a este ciclista.

El anglo-keniata Christopher Clive Froome ha sido uno de los fenómenos más extraños que ha deparado el ciclismo en muchas décadas. Comienzo muy discreto, enfermedad exótica, irrupción brutal y una época hegemónica que le dejó a punto de caramelo del archideseado y famoso V Tour de Francia, algo de lo cual sólo los del Olimpo ciclista se pueden enseñorear. Su palmarés en cuanto a GV sólo está al alcance de menos de una decena de escogidos en toda la historia de nuestro deporte.

Pero siempre falta ese V Tour para redondear la cifra. Ahora mismo se encuentra solitario en esa atalaya de ganador de 4 Tour de Francia, a 1 de los escogidos, y otro por encima de los Lemond, Bobet y Thys.

El de 2012 bien pudo ser su quinto Tour, extraño señalar esto cuando no había vencido ninguno… En todo caso, si no hubiera seguido las órdenes de su equipo, igual hubiera sido su primer y último Tour. Creo que hizo bien… O el 2014 sin la caída en la previa al pavé de esa gloriosa y alocada etapa camino de Wallers, aunque esa edición, tanto Vincenzo como Alberto parecía que se lo iban a poner más difícil que nunca hasta la fecha. O si no hubiera ocurrido lo del escándalo Vuelta 2017, igual hubiera pospuesto su intento en Italia a asegurar ese deseado quinto Tour. Nunca se sabe.

Tras todo el escándalo de su positivo en la Vuelta 2017, enterrado en centenares de páginas de recurso, triunfó en la ronda transalpina y, de postre, recibió una segunda Vuelta a España, lo que le coloca con nada menos que 7 grandes en su casillero. Pero, tras firmar un podio en la ronda gala como guinda en 2018, en 2019 llegó el calvario en forma de caída y operación y la travesía por un desierto del que no conocemos si tiene oasis o es imperecedero.

Todo muy extraño, como siempre, lo que rodea a Froome. Tras estos avatares, marcha de su equipo durante una década al exótico ISRAEL, como reclamo que, hasta el momento, no parece que haya sido muy beneficioso para los Israelíes, otro cantar es para el bueno de Chris…

Su vuelta a la competición, muy esperada, se ha ido resolviendo con una carrera discreta tra otra carrera más discreta. Los primeros momentos noticiables de ver al británico ceder a las primeras de cambio se han convertido en una rutina entiendo que insoportable para el británico. Pero parece que lo lleva con buen talante. Hace no mucho se descolgó con unas declaraciones sobre su estado de forma, indicando que vuelve a encontrarse bien, como antes de su caída, pero sus resultados hasta el momento no parecen confirmar dichas declaraciones. Sigue cosechando resultado discreto -en su caso, discreto tampoco sería la mejor expresión, siempre es de esperar mucho más- tras resultado aún más discreto. Por ahora, sigue de paseo por el Tour de los Alpes, ni el menor atisbo de competición.

Pero en un caso como el suyo, nunca se puede cerrar la puerta. Siempre queda la incógnita del “…y si…” en un ciclista que ha vencido y dominado con mano de hierro en las grandes vueltas durante la pasada década. Ya digo, se le ve hasta el momento con bastante buen talante para un ciclista con su palmarés, ir penando por las carreteras del mundo sin pena ni gloria, en lo cual no es el primer caso, pero sería entrañable verle en un último canto del cisne, un revuelo tipo ave Fénix, que lo sacara de esta posición de extraño anonimato para alguien con su trayectoria.

El inconveniente añadido para Froome es que ya no está en el lugar donde se vencía más que en ningún otro sitio -recordemos que hasta 4 ciclistas distintos de ese equipo se impusieron en la ronda gala durante la pasada década-, y la apuesta no parece la más ganadora, al menos en la faceta deportiva.

En su nuevo equipo van nutridos de experiencia… Es algo así como un cementerio de elefantes de viejas glorias del ciclismo -con todos mis respetos-, un lugar idóneo al que marchar como jugoso retiro. Han llegado a esto del ciclismo con tanto dinero como nulo ojo a la hora de realizar fichajes. Únicamente Woods es el que parece responder de manera positiva y traer victorias a este equipo. Estas son las fichas con las que el bueno de Froomey tiene que jugarse los cuartos en la ronda gala.

Pero incluso eso podría no ser lo peor. Lo peor viene de Eslovenia. Parece harto improbable que Froome pudiera volver por sus fueros, pero aún así, los rivales que tendría ahora ya no serían un Alberto en decadencia o un timorato Nairo Quintana. Ahora tendría a dos eslovenos, fundamentalmente uno, que se antoja inimaginable que pudiera derrotar. En estos momentos Pogaçar es lo más parecido a una reencarnación de Hinault o incluso Merckx.

Sería un bombazo mítico, ¿os imagináis de vuelta a Froome con su extraña forma de pedalear haciendo fosfatina a los eslovenos?. Yo tampoco, pero como he señalado al principio, tampoco me hubiera jugado un sugus de melocotón a que su final sería semejante a sus inicios…

Escrito por Jorge González Vives
Foto: A.S.O. / Bruno Bade

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