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En el Total Energies ciclista no todas las luces alumbran lo mismo

Total Energies tiró la casa por la ventana en el mercado ciclista fichando a una superestrella como Peter Sagan. El eslovaco parece lejos de sus días de gloria, aunque sus fans siguen soñando con que la próxima carrera será la de su retorno. El cambio de equipo era necesario para él, pues iba perdiendo galones. Aunque quizás el paso atrás de categoría generara algunas dudas, tener plaza segura en las clásicas era una garantía de calendario adecuado. No se olvidó el tricampeón mundial de su guardia pretoriana con los Bodnar, Oss o el hermanísimo Juraj para sentirse acompañado en su proyecto de resurrección.

El equipo galo ha ido construyendo una plantilla con tintes de disco revival de viejos rockeros como Boasson Hagen, Niki Terpstra o incluso Julien Simon y Víctor de la Parte. Sigue habiendo nostálgicos que compran la entrada o van en busca de ese vinilo de coleccionista, pero son ya muchos menos los que encuentran el sonido de antaño. Además, no nos engañemos, más de uno perderá las ganas de animar esos colores cuando abra el buzón y encuentre el recibo de la luz este mes.

Sin embargo, Jean-Réné Bernaudeau ha compuesto en su larga historia al frente de esta estructura un espíritu inconformista y combativo que engancha. Aunque el ciclismo control y la tiranía de los insaciables depredadores de pancartas hayan eliminado mucho del romanticismo del ciclista en fuga, siguen quedando equipos que apuestan y creen en imposibles.

Es precisamente la unidad de intendencia, la de los “sub30” del equipo, la que está dando mejores cosas en lo que va de campaña. A la cabeza dos clásicos y eternas promesas como Pierre Latour y Anthony Turgis, uno buscando para las vueltas de una semana y el otro esperando brillar en su siempre fiable y regular primavera de clásicas. Dos ciclistas que suelen emocionar cuando ganan, pero quizás porque lo hacen muy poco. Siempre cerca, pero no lo suficiente. El domingo saborearon el más grande de los “casis” con Turgis en Via Roma, un éxito que rozó la machada mayúscula de un ciclista que florece cada primavera.

Nos quedamos, en cambio, con tres ciclistas que encarnan perfectamente el legado de aquellos Bouygues Telecom o Europcar y que están sobresaliendo en el primer tercio de la temporada. El más joven de esta terna es un Mathieu Burgaudeau que demuestra que su notable 2021 no era un espejismo. Su victoria de etapa en París-Niza, demostrando que a veces las calculadoras fallan y cruzando la meta con el aliento de los velocistas en el cogote, es una de las mayores alegrías ciclistas de lo que va de año. Ciclista combativo, con buen rendimiento en repechos y finales con punch y, sobre todo, con mucha fe en sus condiciones. Fe que, con menos suerte, también demostraba su coetáneo Valentin Ferron en la Tirreno-Adriatico. Otro de esos aventureros tan “bernaudeanos” (excusen el palabro) que pinta muy bien. Cierra el trío el más veterano, el belga Dries Van Gestel, que ha comenzado la temporada de clásicas con nota sobresaliente. Siempre en el grupo decisivo, metiéndose en todas y cada una de las batallas en busca de un premio que le llegó en la neerlandesa Ronde van Drenthe. Un ataque en el momento oportuno, sorprendiendo a un grupo en el que la pareja de Jumbo Visma parecía tenerlo todo en bandeja, para vencer en solitario y alzar los brazos después de cinco años de sequía.

En la siempre encarnizada batalla por la primacía de los equipos franceses, Total Energies se ha visto claramente superado por Arkéa-Samsic. Quizás deberían mirar ejemplos de lo que pasa en otros deportes de su país y olvidarse de acumular ciclistas de póster para apostar por los talentos que vienen de abajo. Igual vendes menos maillots, pero aportarás más al futuro de tu deporte.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: A.S.O./Alex Broadway

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