Ciclistas

Enrique Sanz, «poli de guardería»

Treinta y un años es una edad perfecta para el ciclismo. Ya se te considera un corredor con experiencia, aunque aún son años de madurez e incluso de máximo nivel (véase Primoz Roglic). En ningún caso entras en las listas de “abueletes” o veteranos ilustres del pelotón, porque se asume que aún quedan pedaladas por dar. Sin embargo, muchas veces todo es cuestión de perspectiva.

Este es el caso del navarro Enrique Sanz, nacido en Orcoyen un 11 de septiembre de 1989, pero que aparece como ilustre veterano en su equipo, el Kern Pharma. En una escuadra insultantemente joven Enrique es el único corredor nacido en la década de los 80. Es más, habría sido el único en hacer una hipotética Primera Comunión en el siglo XX. El conjunto farmacéutico apuesta por la formación de prometedores jinetes del velocípedo, como demuestra una media de edad de 22,5 años (que bajaría a los 22 sin nuestro protagonista de hoy). Si borramos 1989, la siguiente camada de ciclistas de los verdinegros habría nacido en 1996, con Jaime Castrillo, Martí Márquez e Iván Moreno.

En este contexto Sanz se convierte en el capitán de ruta de los bravos pupilos de Juanjo Oroz. Aún más tras el salto esta temporada a la categoría Profesional Continental. Porque Enrique no es solo un corredor rápido capaz de dar buenos puntos y victorias en las carreras que participa, si no que debe ser un maestro para los jóvenes, pues ha conocido todas las caras de este exigente deporte.

Campeón de España junior en 2007, dará al salto a profesionales directamente en el WorldTour con el gigante Movistar en 2011, procedente del potente Lizarte. Su buena punta de velocidad le servía para ir acumulando algunos puestos de honor, y pronto llegaría su primera victoria profesional en la Vuelta a la Comunidad de Madrid. Curiosamente, en la meta de Coslada se imponía a Juan José Lobato, quien sería compañero de equipo y rival por el cetro de la velocidad española durante mucho tiempo.

Cinco serían las temporadas en las que el navarro militaría en el equipo comandado por su tío Eusebio Unzué. Una relación de parentesco que, si bien pudo favorecer en algunos casos al ciclista, se convirtió también en una losa a la hora de progresar o de ser considerado en su justo nivel como corredor. Las victorias no llegaban, pero la lista de buenos puestos se iba agrandando, sumando unos puntos que, actualmente, no le habrían venido mal a los telefónicos. En un equipo tan grande como Movistar, su papel se iba enfocando claramente al de gregario en el llano, aprendiendo el oficio de auténticos maestros como Lastras, Erviti, Rojas o José Iván Gutiérrez.

Ambicioso, y con ganas de volver a saborear los triunfos, decidió dar un paso atrás para tomar impulso y en 2016 se fue a la segunda división con los italianos de Wilier Triestina. Sin embargo, la mala suerte y un virus convirtieron esa ilusionante temporada en un annus horribilis que estuvo a punto de dar al traste con su carrera. Al año siguiente se tuvo que agarrar a la oportunidad tardía del Raleigh continental británico para no verse obligado a colgar la bicicleta. Afortunadamente, parecía ir recobrando sensaciones y volvía a meterse en las llegadas para seguir aumentando su cuenta de buenos puestos sin remate.

Su recuperación hizo que el Euskadi-Murias contara con él para su salto a Profesional Continental. En el conjunto vasco Enrique Sanz volvía a reencontrarse como ciclista y, seguramente, encontraba el que era su sitio en el pelotón. Un corredor rápido, capaz de buscarse su sitio en solitario, y con el amor por la profesión y la ilusión necesarias para contagiar y enseñar a los más jóvenes. La victoria en la séptima etapa de A Grandissima Volta a Portugal, en un exigente sprint que picaba hacia arriba en Viana do Castelo, abría el tapón que se había cerrado seis años atrás. Con moral renovada, en 2019 se convertía en el puntal de los de Jon Odriozola para aumentar el conteo de triunfos del equipo, imponiéndose en tres etapas de Alentejo, una en Vuelta a Castilla y León y el GP Internacional de Torres Vedras.

La desaparición de Murias supuso el regreso a la tercera división, pero de una manera muy distinta a la de tres años atrás. Llegaba a Kern Pharma convertido en un corredor con las cosas muy claras. Confiado y motivado, consciente de lo que podía aportar en un equipo llamado a crecer año tras año. Pese a lo abrupto de la temporada pandémica, lograría hacer historia dando el primer triunfo de la que esperemos sea imponente historia del equipo, en la Belgrade Banjaluka.

En 2021 aún no han llegado las victorias, pero sigue haciendo gala de sus características: habilidad, experiencia y velocidad. Los jóvenes de Kern Pharma harán bien fijándose en él y entendiendo que en este deporte no todo es ganar, también es afrontar el fracaso o la decepción y agarrarse a la ambición, la auto-confianza y el espíritu de superación para encontrar tu sitio y volver a sonreír.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: Photo Gómez Sport / Equipo Kern Pharma

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