Entrevistas

Entrevista a Igor Antón

Antón se presenta en sociedad en un Giro de Italia en el que protagonistas como Bettini y Di Luca alternaban ataques con el vasco para romper el grupo de favoritos. Una victoria en Calar Alto ante los mejores reafirmó esa estrella con la que parecía haber nacido. Poco a poco Euskaltel fue construyendo un corredor que tuvo mucho que decir y al que únicamente la fortuna le ha alejado de decirlo. Tras unos cuantos años fuera del equipo vasco, continuó siendo decisivo en Movistar o en Dimension Data, donde tuvo un rol mucho más crepuscular. En 2018 colgó la bici dejando para todos un recuerdo de hábil escalador que fue parte fundamental de la historia del ciclismo, con el triunfo en Bilbao en plena vuelta de la Vuelta a País Vasco como gran exponente. 

¿Cómo empiezas en la bici? 

Empecé desde bien pequeño. Aprendí a pedalear en el parque de mi pueblo, en Galdácano con una bici de paseo. Después, empiezo con la mountain bike y comienzo a pensar que quiero hacer algún deporte. Con diez años le pedí a mi padre que me apuntara a la escuela de ciclismo. Desde el principio, siendo muy pequeño, notaba que se me daba bien y me enganché totalmente. Estuve en la escuela de mi pueblo hasta los 18 años. 

¿Cuáles eran tus ídolos? 

Marco Pantani, desde siempre. Incluso ahora me impresiona cuando veo sus vídeos. A nivel local, porque es del pueblo, Ramontxu González Arrieta, que venía siempre con Joane Somarriba a las salidas sociales que hacíamos a final de año.

¿Cómo te va en aficionados? 

Aquí tengo mucho que agradecer a Xabier Artetxe, que actualmente es preparador en INEOS. De aquella estaba de director en Ola rra y me llamó e insistió en que me fuera al equipo. Yo quería irme a un conjunto más modesto, pero me convenció y fue un acierto. Crecí mucho como ciclista. Fueron tres años, pero a partir de la segunda temporada logré buenos resultados en vueltas de una semana y terminé segundo en el Trofeo Lehendakari. La tercera temporada es cuando despunté, y corrí el Tour del Porvenir a prueba con Euskaltel. Fui al Europeo y al Mundial, un año redondo. Son tres años que se pasaron muy rápido pero que me sirvieron para pasar a profesionales en el momento óptimo. Ahora está de moda ver a corredores que pasan directamente desde juveniles, pero creo que esos tres años de aficionados son muy importantes, sobre todo cuando el salto es directamente al WorldTour.

Al Euskaltel, nada menos. 

Yo la verdad que lo veía como algo inalcanzable. Recuerdo ver a los Iban Mayo, Laiseka, Zubeldia, en la fiesta de la bicicleta de Derio, y me parecía increíble poder llegar a donde estaban ellos. Cuando me llamaron no me lo creía. De hecho, fui el único que pasé directo de Olarra a Euskaltel ese año, porque varios de mis compañeros pasaron antes al Orbea, que se acababa de crear como filial del equipo WorldTour.

En el Giro de 2005 ya estabas al nivel de atacar con Di Luca, Bettini…  

Fue un momento muy puntual de la carrera. Había mucho estrés y ritmo, pero yo sabía que tenía que dejarme ver y la gente recuerda ese momento. Pero para mí era una carrera de supervivencia y de salvar los días. Hubo momentos en los que sufrí mucho, pero para mí llegar a meta era un objetivo y terminar una gran vuelta me ayudó a hacerme ciclista. Después me costó mucho recuperarme ese año. Corrí Vuelta a Asturias nada más terminar y ya iba fundido.  

Pero al año siguiente llegas a la Vuelta a España y ganas en Calar Alto a nombres como Valverde y Vinokourov. 

En 2005, después del GP Plouay, el equipo me dijo que podía dar la temporada por terminada y pude desconectar después de mucha dureza física y psicológica. Me sirvió para sentirme mejor y fui notándome más fuerte de cara al inicio de 2006. Empecé bien 2006, sintiéndome cada vez mejor, y a mitad de junio paré para entrenarme sabiendo que seguramente correría la Vuelta. Ahí fue cuando me di cuenta de que había dado un paso adelante en mi estado de forma. Me sentía mucho mejor. En Vuelta a Burgos, trabajando para Mayo, me noto mucho mejor, y en la Subida Urkiola hago tercero con victoria de Ibán. Eso me dio mucha confianza y en la Vuelta a España iba cada vez mejor. Así llegó la victoria en Calar Alto, que supuso un punto de inflexión. Si no hubiera ganado ahí, el proceso de maduración habría sido distinto.  

¿Notaste un cambio en tu carrera después de esa victoria? 

Muchísimo. Te empiezan a llamar más periodistas, el equipo te ofrece un contrato mejor… Es bonito, pero también aumenta la presión. Coincide además que Iban Mayo y Zubeldia dejan el equipo para 2007, a lo que se une la lesión de Laiseka. Eso hace que mi responsabilidad aumentara. Tenía al lado a Samuel Sánchez, que era el líder principal del equipo, pero con 24 años ya me habían dado   muchos galones. Respondo bien en 2007, ganando etapa en Romandía a gente como Thomas Dekker y Chris Horner y debuto en el Tour de Francia. Ahí me llevo mi primer golpe de realidad contra el muro que es el Tour, teniendo que retirarme. No anduve nada bien y perdí algo de confianza. No llegué nada convencido a la Vuelta a España y el equipo me liberó de presión diciendo que fuera a ayudar a Samu. Acabé octavo en la general y volví a sentirme mucho mejor.

En 2008 sigues subiendo el nivel, pero una caída en la Vuelta trastoca todo… 

Fue un año muy importante para mí. Tuve victorias muy cerca, como la Euskal Bizikleta, que perdí por un error táctico, o la Vuelta a Suiza, en la que acabé tercero y gané una etapa. La pena fue esa caída en el Cordal. Creo que ese año hubiera estado entre los cinco primeros. Estaba muy bien. Me dio más rabia  esa caída que la de cuando iba líder en 2010 que todos recuerdan. No he tenido muchas caídas en mi trayectoria deportiva, pero justo esas dos fueron en muy malos momentos. Creo que la de 2008 fue fallo mío, porque bajé demasiado suelto. Quedarme sin subir el Angliru fue un palo duro. La temporada se fue al garete. Estaba en un momento espectacular. 

Después de la caída, ¿Cómo afrontas la recuperación y la nueva temporada? 

La temporada de 2009 fue complicado, porque me costó mucho recuperarme de la caída. Me había roto el trocánter y me quedé sin musculatura en la pierna. Me pasé mucho tiempo en una silla en casa. Fui al Tour, pero no rendí, aunque conseguí acabar en París. Nada más terminar el Tour, en un  momento convulso para el equipo por la sanción a Astarloza, hice la Subida a Urkiola y gané. Una victoria especial en una temporada difícil. De hecho, luego fui a la Vuelta y tampoco logré estar bien. Tuve algo de dudas sobre si recuperaría mi mejor versión después de la lesión. En invierno entrenando ya empecé a sentirme mejor.

Sin embargo, en 2010 tienes quizás tu mejor año a nivel de resultados y rendimiento. 

El 2010 empieza con una situación personal. Yo estoy muy volcado en el ciclismo, pero se acaba la relación con mi novia de entonces y yo lo paso muy mal. Además, mi madre estaba ya enferma. Paradójicamente, conseguí canalizar toda esa rabia en la bicicleta, y fue el año en que mejor anduve. Gané a Contador en el Morredero, no gané Flecha Valona por arrancar demasiado pronto… En Romandía llegué segundo en la última etapa, que luego quitaron a Val verde y que ahora está en mi palmarés. El equipo estaba muy contento con mi rendimiento y quería llevarme al Tour. Hablé con ellos y les dije que no, que ahí iba a estar mejor Samu y yo quería centrarme en mi carrera, que era la Vuelta. En esa Vuelta tenía una confianza como nunca había tenido. Empecé con buenos resultados y ganando en Valdepeñas. Acabé cogiendo el liderato por un segundo y lo perdí antes de la etapa de Andorra. Estaba tan seguro de mí mismo que tenía claro lo que iba a hacer. Iba a hacer creer que no iba bien  en los puertos anteriores para que no me rompieran el ritmo. Estaba centrado en recuperar el maillot. Me salió tal cual había planeado, recuperé el liderato y además gané la etapa. Tal y como estaba, tanto física como mentalmente, y sin la presencia de los dominadores posteriores, como Froome y Contador, era la oportunidad de mi vida para ganar la Vuelta a España. 

¿Qué piensas cuando te caes vestido de líder camino de Peña Cabarga?   

Aceptas desde el primer momento lo que te ha pasado. En cierto punto, incluso cierta sensación de liberación. Por supuesto que yo quería estar ahí y mantener el liderato, pero había muchas cosas con las que lidiar: responsabilidad, la prensa… También hay una sensación como de shock, como si no te estuviera pasando a ti. Desgraciadamente, debes aceptarlo porque no hay vuelta atrás. A la velocidad a la que íbamos, 72 km/h, no me pasó mucho y me recuperé bien.

En la Vuelta de 2011 se hablaba de ti como favorito y, aunque a nivel de la general no te salieron las cosas, ganaste en el regreso de la carrera a Euskadi, en Bilbao. 

No pude estar para la general no por falta de preparación, sino por falta de recuperación. Ese año había corrido el Giro, que fue durísimo, en el que gané en el Zoncolan, y en la Vuelta noté el peso de la temporada. Fue tal el esfuerzo que hice en Italia para mantener me delante, que no fui capaz de recuperarme en condiciones el resto del año. Cuando vi que no estaba para meterme arriba, decidí levantar el pie con el objetivo de hacerlo bien en Angliru y Peña Cabarga, que son dos etapas donde tenía la espina clavada de las caídas. Según nos acercábamos a Bilbao, veíamos a más gente conocida y nos íbamos “calentando”. Había un gran ambiente y yo tenía en mente meterme en la escapada, aunque es algo que a mí me costaba especialmente. Me metí en la primera fuga, pero nos neutralizaron y pensé que había perdido la oportunidad. Afortunadamente,  logré luego coger la escapada buena y además con compañero de equipo. Muchas emociones. Volver a Euskadi, la carretera llena de pintadas que habían hecho mis amigos, fiestas en Galdácano, llegar en solitario a la Gran Vía de Bilbao, en mi carrera favorita… Piel de gallina. Inolvidable. Además, logramos cerrar el círculo y el equipo sumó etapas en las tres grandes el mismo año.

¿Qué pasa en 2012? 

Participo en la Vuelta con la planificación volcada cien por cien. Creo que acertadamente. No he  entrenado más duro en mi vida. Fui treinta días a Sierra Nevada, por ejemplo, pero los rivales eran de mucha entidad aquel año. Contador, Froome, Valverde, Quintana estaba por allí también… Tal vez me pasé entrenando, noté que me faltó frescura. En la crono perdí más tiempo del necesario. Tuve un fallo junto a Purito en Fuente Dé y se me escaparon dos puestos allí. Es curioso, pero con los años valoro más lo que hice en aquella Vuelta. Estaba muy bien de forma. Igual tenía que haberme olvidado de la general y luchar por las etapas, quién sabe.

2013 fue un año raro. 

Corro el Tour y la Vuelta, pero sin ir a por la general ni a por las etapas decididamente. Encima con toda la polémica de los fichajes de extranjeros, de los que tres habían dado positivo, el ambiente estaba muy enrarecido. De hecho, pienso que esto tiene responsabilidad en la desaparición del equipo. En la Vuelta no se sabía nada, salen noticias de que Fernando Alonso va a comprar el equipo, recibo una oferta de Quick Step, la rechazó, en octubre empiezo a buscar equipos, ya era muy tarde porque había muchas plantillas cerradas. Ya son treinta años y tampoco me apetecía salir del World Tour. 

Te marchaste a Movistar. 

Sí. Me sentí muy a gusto, viví cosas muy bonitas como ganar el Giro con Nairo. Pero tampoco noté que fuera el equipo de mi vida. Convivir con un Valverde, ayudarle a ganar la Klasika, eso era increíble. Había pocas oportunidades, la verdad. De repente con treinta y tres me encuentro sin un futuro claro y ficho por el Dimension Data. Es la experiencia que más me ha marcado y más me ha hecho crecer. Fueron tres años intensos, de conocer mucha gente   de varias culturas. Y pese a que no logré todo lo que quise, compartir con Cavendish o enseñar a algunos chavales el oficio te cambia mucho. Fue un periodo precioso, me quedé con un recuerdo muy positivo. En Sudáfrica dando bicicletas a niños necesitados… en lo humano me aportó mucho. En lo deportivo, tuve buen nivel, como en la Vuelta a Burgos. Pero te aparecen Sosa o López y cómo les vas a ganar. En la Vuelta coges fugas, como una en la que estuve camino de Calar Alto, pero ves que necesitas un plus que no tienes. Al  final tomé la decisión de correr la Vuelta y dejarlo con 35 años. 

El homenaje en San Mamés no estuvo nada mal, imagino. 

Estuvo muy bien. No fue fácil tomar la decisión. Dimension Data me renovava seguro. Pero prefiero irme con buen sabor de boca, así la gente me recuerda bien. Me dieron más reconocimientos, me dejaron dar la vuelta de honor en Madrid al acabar la Vuelta. Se re – tiraba Pelizotti y le invité a dar esa vuelta conmigo. Prefirió dejarme a mí y dar la suya en Lombardía. No me fui por ninguna lesión y en eso estoy agradecido. Pude decidir. 

¿Cómo fue tu relación con Nairo, Valverde… en tu estancia en Movistar? 

Con el que más estuve fue con Nairo. Cuando fiché, él era todavía un crío. Ese año pasó a ser el gran ídolo, la gran esperanza colombiana, etc. Ganamos el Giro ese año y m di cuenta de que era un ciclista duro como una piedra, con una mentalidad de hierro. Tenía mucha personalidad y no me amilanaba, incluso metiendo el famoso codo. Con Valverde coincidí también, pero ya le conocía más. Es un campechano, da gusto.  También tenía carácter y cuando tenía que estar serio, lo estaba y nos ponía las pilas. Pero Nairo, sobre todo, creo que será valorado con el tiempo. Con el nivel que ha encontrado en los rivales, ha conseguido un palmarés impresionante. Su problema fue que se puso el listón tan alto que fue muy difícil cumplir las expectativas. Querer ganar el Tour a toda costa y despues “sólo” ser segundo no es muy aplaudido con todo el mérito que eso tiene por sí solo. Eso sí, era un ídolo de masas en cada salida  o llegada. Para mí, un corredorazo y un profesional como la copa de un pino. Mi máximo respeto. 

Hay un momento en el Giro 2015, donde ayudas a Contador en el Mortirolo. Se dijo que te dejó ganar en el Zoncolan. ¿Tuvo algo que ver? 

No. Rotundo. Tiene más que ver que me pareció injusto que pinchase y se le estaba escapando el Giro. He corrido con él muchos años y me pareció justo ayudarle. Me lo agradeció tiempo después. Me cogió en una de las pocas zonas en las que se puede ayudar. Fue clave para que cogiese al resto de los favoritos. Y del Zoncolan, ¿qué? Qué voy a decir. Mi carrera favorita ha sido la Vuelta, pero el ambiente del Giro es inigualable. Es una de las subidas más duras que se hayan subido en carrera en Europa. El Angliru puede tener más rampa, pero en el cómputo puede ser éste más duro. La tenía apuntada desde antes de empezar la carrera. Basso, Simoni… me imaginé mil veces cómo escalarlo. Vas despacio porque con la rampa es imposible ir más deprisa, aunque vayas bien.  Me acerqué a Contador en la mañana a darle la enhorabuena y me dijo que no iba a dejar ganar a nadie. Interpretó quizá que fui a que me dejara ganar. Nada más lejos. En la subida disfruté porque estaba en un puerto mítico. Calculé los vatios y el tiempo a mantener ese ritmo y me mentalicé. Gané y fue mi problema para el día siguiente. A las doce de la noche todavía estaba atendiendo a una radio. Esa falta de descanso me pesó en una de las etapas más duras de los últimos tiempos. Había que levantarse a las seis y media… Imagina.

Ese día ganó Mikel Nieve. 

En la Marmolada llevábamos seis horas ya y quedaban otras dos. No iba bien y acabé la etapa bien clasificado, pero desde ahí ya iba con el motor gripado. No me recuperé del todo. Me quise agarrar a la general, venía la cronoescalada. Esa semana se hizo eterna, y al no bajarme del burro, enfermé estando de vacaciones, no me encontraba bien. Me arrastró aquel cansancio para el resto de la temporada. Me queda ese sabor agridulce de no haber descansado. En el equipo debían haber cortado también, fue fallo de las dos partes. Pero te van a quedar dos fotos bonitas: Zoncolan y Bilbao. Sí, claro. No las cambio por una general mejor. 

¿Cuál es el puerto que más te ha marcado por algún motivo? 

Hay tantos… Podría decir el Zoncolan por la magia que viví. Urkiola también, porque gané allí y es un lugar mítico. En mi primer Giro, el Stelvio me marcó. Es un espectáculo. Volví de vacaciones y todo. Me quedó la espina por no haber pasado por la cima en primer lugar aquel año en que Dumoulin fue al baño. Me ganó Landa, era la Cima  Coppi. Luego Mikel perdió la etapa con Nibali por poco. De ese día recuerdo lo de Dumoulin. Estuve todo el día escapado, nos pilla el pelotón, pasan los favoritos y de repente aparece este tío como una auténtica moto y nos deja tirados con una facilidad… Y luego ya me enteré del por qué. El Stelvio también fue importante porque algún año antes fue clave para ganar el Giro que ganamos con Nairo. Nos abrigamos todos en la cima por el frío y después aquel descenso fue decisivo.

Misma pregunta, pero con ciclistas: un corredor que te haya marcado. 

Te diría Alberto Contador. No por admirarle más que a muchos otros, sino por las dificultades que ha tenido que salvar a lo largo de su vida. El cavernoma y todos los problemas… Al final mira todo lo que ha ganado. Como ídolo quizá tenga más, pero hay que reconocer que el mérito que ha tenido Contador es digno de reconocerlo. También hay otros que no han sido tan exitosos, pero a los que también tengo un gran aprecio, un Peio Bilbao o Jonathan Castroviejo, que son ciclistas que año a año van a más. Son amigos, pero la verdad es que les admiro. Sé lo duro que es este trabajo, les veo hacer su trabajo perfectamente y encima son humildes. Dejan el grupo de los mejores en diez. Y encima mañana tendrán que volver a trabajar lo mismo o más. 

Estaban en aquel último Euskaltel, ¿no? 

Y Gorka, con el dominio de la bici que tiene. Ahora todavía se podría volver a recuperar el equipo, hay nivel, pero hace falta dinero…

Entrevista y transcripción: Jorge Matesanz / Víctor Díaz Gavito
Foto: Sirotti
Incluido en el nº5 de High Cycling (especial Vuelta)

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