Entrevistas

Entrevista a Igor González de Galdeano

¿Cómo son tus primeros pasos en el ciclismo?

Empecé a andar en bici desde muy pequeño en Larrea. Con tres años ya daba pedales en una plazuela del pueblo que estaba vallada. Mis padres me decían cada año que me irían dejando salir de aquella plaza, pero esa promesa no se cumplió hasta que yo tenía seis o siete años. Siempre digo que el día que salí de aquel recinto que coartaba mi libertad, me convertí en ciclista. Desde entonces no he parado de dar pedales.

Como amateur corriste en un potente Banesto donde coincidiste con Chava, Txente… ¿Cómo fue esa época? ¿Alguna anécdota que recuerdes?

Era un equipo muy competitivo, salieron grandes nombres que luego han sido referentes a nivel internacional. Rubiera, Carlos Sastre, etc.

Mi primera habitación, en un GP Iberdrola en Toro, la compartí con José María Jiménez. Me llamó mucho la atención ver que se pasaba la noche mirando por la ventana, sin dormir. En un momento dado le dije: «¿No vas a dormir?». Me miró y me respondió: «Duerme tú».

De ese equipo varios nombres dieron el salto a profesionales la temporada siguiente, pero tú no pasaste el corte. ¿Valoraste dejar el ciclismo en ese momento?

No. Era un equipo con muy buenos ciclistas y en el que además se daba prioridad a los corredores navarros, por ser el equipo de casa. De hecho, cuando me llamó el Euskadi para pasar con ellos, Unzué me dijo que era una lástima porque ellos pensaban contar conmigo en el equipo profesional el año siguiente. No sé si sería verdad, pero fue una gran temporada en la que logré victorias y corrí con la selección española. En ningún momento pensé en colgar la bicicleta.

Ese Euskadi, germen del gran Euskaltel de las temporadas siguientes, tenía un muy buen plantel. Estuviste allí cuatro años. ¿Cómo fueron esos inicios en el profesionalismo antes de pasar a Vitalicio?

Fueron años difíciles, porque éramos un equipo modesto que tiraba más de corazón que de cartera. Hubo meses que no cobrábamos, y tuvo que ser muy complicado, especialmente para los que se habían puesto al frente de este proyecto. Lucharon mucho por sacarlo adelante. La llegada de Euskaltel el cuarto año fue clave para generar estabilidad, que al final es un pilar fundamental para que lleguen los resultados.

Siempre estaré muy agradecido al Euskadi por haberme dado la oportunidad y por ellos llegué a lo que llegué en el ciclismo. Gracias a una estructura como esa, los corredores vascos siempre teníamos una opción más para salta al profesionalismo.

Con el fichaje por Vitalicio llegas a una estructura muy ambiciosa, con Javier Mínguez al volante y una cantidad de corredores de mucho nivel. ¿Cómo fue el cambio?

El cambio no fue fácil. Euskadi apostaba por mí y me hizo una buena oferta, de hecho, más alta en lo económico que la de Vitalicio. Pero yo quería correr grandes vueltas, sobre todo el Tour, y en aquella época Euskadi solo iba a la Vuelta a España, así que me decidí por el equipo de Mínguez.

Javier es como la imagen que se ve de él. Un director muy disciplinado y exigente, que me ayudó mucho a crecer. Ese año fue mi explosión como ciclista.

La Vuelta a España de 1999 supone el culmen de esa explosión en tu primer año en Vitalicio. Empiezas ya a lo grande venciendo la etapa prólogo y convirtiéndote, curiosamente, en el primer «maillot oro» de la historia.

Antes de comenzar en Murcia, Javier Mínguez se reunió conmigo y me dijo que creía que yo iba a ser la sorpresa de esa Vuelta a España. Yo antes de aquello me conformaba con ir a por una etapa o algo así, pero esa conversación me quedó grabada.

Las previsiones para la etapa eran de posible lluvia y día revuelto, así que Mínguez decidió que yo saldría el primero del equipo. Era un recorrido muy técnico, de no tocar el freno apenas, y me la había estudiado al milímetro, aún tengo el trazado en la cabeza.

Cuando terminé me fui al hotel, convencido de que no iba a ganar. Pero el día se fue dando a mi favor, porque el tiempo se complicó para los favoritos. Solo Olano se encontró el terreno seco y no logró superarme por un segundo.

La anécdota es que, para llegar al pódium desde el hotel, con todo el centro de Murcia cortado, no podía llegar con el coche. Así que un aficionado me dejó su bicicleta y me fui a recibir el famoso maillot oro en una bici de paseo.

De aquella Vuelta se recuerda mucho la etapa del Angliru. ¿Cómo viviste ese día histórico?

En la bajada de la Cobertoria hubo muchísimas caídas. Yo me fui al suelo con Escartín, que se tuvo que retirar. Me pegué un golpe muy fuerte contra el casco, estuve aturdido, tardé en cambiar bici… Perdí mucho tiempo. Arriesgué muchísimo bajando el Cordal, no paraba de adelantar corredores. Fue un caos. Subí el Angliru enrabietado, y creo que hice un etapón. Fue cuando me di cuenta de que podía hacer cosas importantes.

Tu gran día llegó en la etapa de Arcalís, con un ataque en Montau que nadie se esperaba. ¿Es cierto que atacaste por error?

Así es. Las radios no funcionaban. Me dejé caer a cola del grupo y vi a Mínguez con medio cuerpo fuera del coche gritando «¡Ataca!». Y yo le hice caso y me lancé para adelante, aunque quedaba demasiado terreno para meta. Resulta que Mínguez se lo estaba diciendo a mi compañero Iván Parra. Tiré para adelante y logré una de las victorias más bonitas de mi carrera.

¿Cómo viviste el final de la Vuelta? La prensa ya pone el foco en ti y te convierten en la principal baza española para intentar desbancar nada menos que a Jan Ullrich.

Yo había encarado la Vuelta sin ninguna presión. Estaba haciendo cosas muy buenas sin haberme marcado ningún techo. Todo cambió cuando me di cuenta de que podía ganar la carrera. Para la contrarreloj final Ullrich tenía una gran ventaja sobre mí. No en lo físico, en lo mental. Él estaba acostumbrado a estar en ese tipo de situaciones. Yo creo que a mí me pudo el hecho de tener todos los ojos hacia mí. En ese momento la presión me jugó una mala pasada.

¿Qué pasó en la Vuelta del año siguiente? Ibas bastante bien en la general, pero te retiras el día del Angliru.

Tenía una lesión en la rodilla que me estaba dando muchos problemas. Pasaba los días intentando paliar el sufrimiento, pero llegó un momento que no podía más.

En 2001 llegas a la ONCE. Y después de Mínguez te encuentras con Manolo Saiz, otro director de mucha personalidad.

Son dos personas muy diferentes. Mínguez iba más hacia el resultado, buscando corredores que garantizaran éxitos individuales inmediatos, mientras que Manolo miraba más por construir un bloque compacto, fijándose en personalidad y apostando por el grupo a largo plazo. Quizás por eso se le daban tan bien las contrarrelojes por equipos, porque la mentalidad de la escuadra era siempre desde la visión colectiva.

Querías correr el Tour con Vitalicio, pero lo descubres con la ONCE, terminando además quinto en la general.

El debut fue similar al de la Vuelta a España de dos años antes. Hago segundo en el prólogo, casi me visto de líder el primer día casi sin darme cuenta.

Fue una gran experiencia. Pude estar a la altura de los grandes y me confirmé como hombre Tour.

Además, lograsteis hacer pódium con Beloki, así que a nivel colectivo la carrera fue un gran éxito para la ONCE.

Así es. Fue un Tour diferente, con mucha media montaña en el Macizo Central y cronos muy largas. Ese diseño favorecía mucho a nuestro equipo.

Háblanos de la etapa de Zaragoza que ganas en la Vuelta 2001. En su día fue la etapa más rápida de la historia, y no llegó a verse en televisión por el adelanto acumulado.

Fue una locura de etapa. Lo curioso es que salí el último y llegué el primero. Había nacido mi primer sobrino y me quedé con él y salí tarde. Había un cierzo brutal, de costado a favor, lo peor para el ciclismo. Era una guerra entre US Postal y nosotros.

Al pasar por cada localidad oíamos por la radio la frase «a la salida del pueblo», que era como le gustaba decir a Manolo que había que montar abanico. Íbamos a una media de más de 55km/h.

Teníamos a Beloki de líder. Había un repecho a unos dos kilómetros de meta que yo conocía muy bien y le pregunté a Manolo si podía atacar. Me dio el visto bueno y salió perfecta la jugada. Otra etapa épica en la que me encontré muy bien.

Pasamos a tu segundo Tour de Francia, el de 2002, en el que vuelves a finalizar quinto en la general, pero en el que logras vestirte de amarillo. Supongo que ahí es donde te das cuenta totalmente de la dimensión que tiene el Tour de Francia.

Te das cuenta de que estás preparado para hacer tres semanas del Tour, pero nadie te prepara para ser líder del Tour. Conlleva muchas cosas. Ahora entiendo por qué los grandes ciclistas como Induráin, Contador o Froome cuentan con asesoramiento externo para soportar el estrés esos momentos. Cuando eres líder del Tour lo vives todo en soledad. Llegas al hotel solo, te das el masaje solo, cenas y desayunas solo… Todos quieren hablar contigo, la prensa se te echa encima… Todo es muy distinto, pero es una experiencia única e inolvidable.

Pierdes el liderato en La Mongie contra Armstrong y US Postal. ¿Qué sucedió ese día?

Fue algo muy natural. US Postal empezó a marcar el ritmo fortísimo que hacían en las subidas y llegó un momento que me di cuenta de que no podía soportar esa marcha. Lance tenía muy claro lo que quería hacer y nadie pudo con él. Solo Beloki fue capaz de aguantar.

En septiembre de ese año te cuelgas el bronce en el Mundial contrarreloj.

Me caí en Gijón e la Vuelta a España y me retiré con una supuesta fractura de codo. Me dijeron que sería mes y medio de baja, así que me fui de vacaciones. Me hice otras radiografías y me dijeron que no había fractura, solo pinzamiento del nervio. Recuerdo que estaba en Noja en la playa y me llamó Manolo para decirme que había opciones de ir al Mundial. No me lo pensé y me puse a preparar la contrarreloj.

Creo que podía haber logrado la medalla de plata. El oro quizás no, porque Botero estaba muy fuerte, pero creo que sí podía terminar segundo. A falta de 10 o 15 kilómetros se le estropeó la radio a Manolo y me quedé sin referencias. En ese tipo de cronos donde cada segundo cuenta, quedarte sin referencias, más que de tiempo, de guía, puede decidir un puesto.

En la Vuelta de 2003 vuelves a arrancar como líder tras ganar la crono inaugural, precisamente desde Gijón. ¿Cómo llegaste a aquella edición?

Había sufrido una caída bastante grave en la Vuelta a Alemania en junio y me rompí el hombro por tres sitios. Me operaron y con el traumatólogo conseguimos recuperarme en un mes, pero ya solo tuve otro mes para preparar la carrera. Con el paso de los días fui acumulando fatiga y terminé perdiendo el puesto de pódium con Valverde.

Fue una Vuelta amarga para el equipo, porque era el último año de patrocinio de la ONCE y teníamos un equipazo, pero terminamos perdiendo el liderato de Nozal y mi puesto en el pódium. A Isidro le pasó como a mí en el 99. Al final estás tan cerca de ganar que la presión se te viene toda encima.

Manolo Saiz había encargado una bicicleta amarilla con mi nombre, porque pensaba que esa Vuelta la iba a ganar yo.

Llega Liberty para ocupar el puesto de la ONCE como patrocinador principal, y continúas en la estructura hasta 2005, cuando decides colgar la bicicleta. ¿Por qué tomas la decisión de retirarte?

Llevaba un tiempo pensando en que debía terminar mi licenciatura en Ciencias de la Educación y del Deporte, y venía de una racha bastante mala de resultados. Después de la crono inicial del Tour de 2005, decidí que iba a ser mi último año. Además, en ese Tour tuve que abandonar por una caída.

Tenía oferta de Manolo Saiz para seguir un año más, pero durante el Tour ya les comuniqué que dejaría el ciclismo. No se lo esperaban y no me creían.

Considero que no merece la pena prolongar una carrera deportiva si ya has dado todo lo que podías dar.

Entras entonces en el staff directivo de Euskaltel, un gran equipo con los Mayo, Zubeldia, Samuel Sánchez… ¿Cómo fue esa experiencia? En cierto modo cerrabas un ciclo, volviendo al equipo de tus inicios cuando estaban en lo más alto.

Colgué la bici en septiembre y en noviembre ya me llamaron para entrar en Euskaltel. Aunque yo me había planteado centrarme en los estudios, era una oportunidad que no podía dejar pasar. Siempre me había interesado cómo se gestionaban los equipos desde dentro, y era una gran ocasión para desarrollarme en otro ámbito, que además iba relacionado con los estudios que estaba haciendo.

Contigo coincide el último año de Iban Mayo o la salida de Gorospe. ¿Tuviste que tomar decisiones difíciles? ¿Cómo fue pasar al plano de gestión?

A mí me ficharon para hacer cambios en la forma de gestionar el equipo. Cuando llega alguien nuevo y toma decisiones, siempre se genera cierta incertidumbre. La salida de Gorospe fue un movimiento consensuado por los miembros de la directiva. Decidimos también apostar por Samuel Sánchez como líder del equipo y los resultados nos dieron la razón con el tiempo. Eso hizo que otros corredores buscaran acomodo en otros equipos donde se les diera el papel principal.

Ya en la Vuelta al País Vasco de 2006 apostamos por Samuel, y en un equipo con tanta afición y repercusión como Euskaltel, todo se vive más intensamente. Las decisiones generan mucho debate y reacciones de todo tipo. Sin embargo, los resultados demostraron que la apuesta había sido buena.

El momento más difícil fue el de la desaparición del equipo en 2013, después de una serie de decisiones que llevaron a abrir el equipo en búsqueda de corredores que aportaran puntos UCI. ¿Cómo ves todo ese tema en perspectiva?

A nosotros nos pidieron en la comisión de licencias que abriéramos las miras del equipo para alinearlos a la globalización del ciclismo. Era una condición para mantener la licencia WorldTour.

Yo quería invertir el grueso del presupuesto en ciclistas de casa, por lo que el dinero para fichar corredores de fuera era muy poco, y por eso trajimos ciclistas que al final no dieron el nivel. Quizás visto ahora lo habría hecho de otra manera.

El actual Euskaltel sigue fichando corredores de fuera, y posiblemente tenga que ver con esos condicionantes que te ponen para estar en cada una de las categorías.

Giacomo Landi, presidente de Vitalicio, me dijo en su día que el que rompe una pared sale herido y ensangrentado, pero que una vez que el agujero está hecho todos pasan por él. Creo que define bastante bien lo que nos pasó y sigue pasando ahora.

¿Crees que se podía haber evitado la desaparición del equipo?

En noviembre habíamos firmado un contrato de cuarenta millones por cuatro años, y en enero nos dijeron que desaparecía el equipo. Estoy seguro de que en noviembre cuando firmamos muchos ya sabían lo que iba a pasar. Pagamos los platos rotos de una decisión que ya estaba tomada de antes.

¿Un ciclista que te haya impresionado especialmente?

Igor Antón. No he conocido un ciclista con sus cualidades de escalador. Lo demostró en Zoncolan y creo que habría ganado aquella Vuelta en la que se cayó yendo líder.

¿Tu mejor y peor momento como corredor?

El momento bueno, el liderato en el Tour de Francia, un sueño hecho realidad.

El malo, la caída en Alemania. Por primera vez fui consciente de que me podía haber matado, y eso te hace dar muchas vueltas a la cabeza.

Nunca corriste el Giro de Italia. ¿Por qué?

En 2000 yo quería ir, pero Mínguez decidió repetir el plan del 99. Luego ya me centré en el Tour y ya no tuve más opciones de prepararlo.

¿Te quedó algo por hacer en el ciclismo?

Sí. Creo que podía haber tenido condiciones para hacer un buen papel en clásicas como Roubaix. Era un corredor pesado, por encima de los 70kg… En aquella época no teníamos la mentalidad para afrontar ese tipo de carreras, pero visto desde hoy, creo que se me podrían haber dado bien.

¿Cómo era tu relación dentro del equipo con tu hermano Álvaro? Siempre habéis estado compartiendo escuadra.

Excepto unos años en amateur, hemos llevado siempre unidas nuestras carreras. Para mí es un gran apoyo. El hermano mayor, quien me protegía. Es el «culpable» de que yo no me haya rendido cuando era amateur y ha estado cerca de mí en todo.

¿A qué se dedica ahora Igor González de Galdeano?

Monté una empresa que se llama Kirolife, y me dedico al asesoramiento de empresas, uniendo deporte y empresa. Ahora mismo tenemos el proyecto «Machining meets cycling by Ceratizit», que se ocupa de atraer valores y hábitos del deporte a jóvenes que están estudiando grado medio o superior en el ámbito del metal, para que puedan conocer esta industria de una manera diferente. Y hago conferencias y asesoramiento a alta dirección.

Es una perspectiva diferente, desde otro lado del deporte, y estoy muy satisfecho con la experiencia.

Entrevista Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Transcripción Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: Sirotti

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