Entrevistas

Entrevista a Juanma Gárate (director de EF y ex-ciclista)

Corría el año 1976. Los ecos de Merckx aún rugían en un ciclismo que cambiaba de generación cual curva de vaguada cambia de ladera ascendiendo un passo de montaña. Natural de Irún, quién no soñaba con subir Jaizkibel de profesional y enfrentarse allí a tantas estrellas. Ese sueño estuvo cerca de hacerse realidad: «era el año 2007, estando en Quick Step. Llegué a la recta final escapado con Bertagnolli. Me sorprende que la gente me considere un escalador de fondo, cuando creo que era un corredor que me movía bien en todos los terrenos y además era rapidillo. Recuerdo aquella Klasika porque era la oportunidad de hacer un sueño realidad y lancé el sprint demasiado pronto. El italiano me ganó y es quizá la victoria que me quedó por conseguir como profesional».

El vasco logró la prestigiosa hazaña de vencer etapa en cada una de las grandes, empezando por una etapa llana con meta en Vinarós: «era la tercera semana y en la escapada estábamos Piccoli, que es muy hábil en este tipo de etapas y corría en mi equipo, y yo. De pronto, me dijo que sus piernas no iban y que iba a proteger mis ataques. Así sucedió y me logré marchar con Domínguez. Me sentí seguro de mí mismo y fui más rápido que él». Curiosa fue la a la postre única victoria en el Giro de Italia: «Era una de las etapas reina de aquel año. No estaba mal clasificado, pero quería la etapa. Voigt no dio un relevo y se iban quedando todos menos él. Al final fuimos los dos que nos jugamos la etapa. Jens me dijo que no iba a disputar, y no dudé en que cumpliría su palabra, es un caballero». Se da la curiosidad de que Juanma ha vencido las en las tres grandes defendiendo a tres escuadras diferentes. “En el Tour mi misión era trabajar para Menchov y enseñar el oficio a Robert Gesink, que por aquel entonces era la nueva esperanza holandesa en Rabobank» 

El español se coló en la fiesta del Mont Ventoux, donde querían ganar los Schleck o Contador vestido de amarillo. En cambio, una fuga les hizo cambiar de estrategia. Entre todos ellos, de nuevo un alemán, Tony Martin. El corredor de HTC peleó hasta el final, pero Gárate lo tenía bajo control: «dejé que se acercara y se cebara por cogerme para después darle un acelerón y ganar la etapa». 

Un Rabobank en el que encontró una colonia española con Óscar Freire, Luis León Sánchez o Carlos Barredo. Quick Step, donde pudo ser el líder del Giro sin discusión, así como en Saunier Duval, único equipo español en el que militó, por una única temporada. Ese 2005 fue al Giro con la intención de pelear el podio final. Etapa de montaña que se disputase fuga en la que el vasco se infiltraba, molestando a un pelotón que no terminaba de fiarse de él. Fue muy buena etapa la que atravesaba el passo Erbe y finalizaba en Ortisei. El colombiano Parra venció la etapa, lo cual causó un gran cabreo a Juanma: «la etapa era claramente para uno de nosotros dos. El problema fue que llegó por detrás Savoldelli y el marcaje que nos realizamos lo aprovechó el colombiano para sacar distancia. Claro, ya después era tarde para darle alcance». Parecía que el podio era posible para un ciclista al que la tercera semana tenía que irle a las mil maravillas. 

Sin embargo, en la etapa del ya mítico Finestre (primera ascensión aquel año) perdió algo de comba y ello le impidió pelear una tercera plaza del cajón que pese a todo hubiese estado igualmente cara con Danilo Di Luca o Gilberto Simoni, su antiguo jefe de filas y con el que pasó a profesionales en el año 2000. Ya ese mismo año debutó en la Vuelta a España, donde el trentino se anotó la etapa del Angliru. Pudo aprender de primera mano el oficio para unos meses más tarde debutar de su mano en el Giro de Italia, donde lograron para Lampre la maglia rosa final. «Gibo era una persona un tanto especial. Tuvimos muy buena relación, aunque ahora ya no tengo contacto con él». El papel de Gárate fue capital. Fue su hombre de confianza en la montaña. 

Con la marcha del transalpino al Saeco, quedaba vía libre para nuestro protagonista. Sí, Lampre había firmado a Pavel Tonkov para luchar por el podio en las grandes vueltas. Pero el ruso apenas era la sombra de lo que fue. El que tuvo, retuvo, y venció la etapa reina con llegada a Folgaria, un Passo Coe que depararía muchas sorpresas. De hecho, se puede decir que fue el Giro más imprevisible nunca vivido. Por un lado, los grandes favoritos fueron siendo expulsados uno tras otro por diversos motivos. Simoni, Garzelli, Casagrande, Belli, un Santi Pérez que mostró una gran condición y al que una caída dejó fuera de carrera. Los favoritos pasaron a ser la maglia rosa Cadel Evans, Aitor González, dominador de las cronos en aquella edición, o Dario Frigo, para más inri, italiano. Todos perdieron minutadas en meta. 

La carrera pasó a ser cosa de Hamilton, que falló un tanto ese día. Finalmente arrancó por un córner Il Falco, aquel ciclista del que nadie se acordaba y al que se presuponía dificultad para la escalada más pura. No ganó la etapa, pero sí obtuvo una ventaja suficiente como para llevarse el Giro. Fue entonces cuando Gárate arrancó, poderoso, quizás algo tarde. Hasta entonces había estado tapado, agazapado esperando el devenir de la carrera. Bien es cierto que su compañero Tonkov iba escapado y había que respetarlo. 

Quién sabe lo que hubiese sucedido de haber partido de jefe de filas desde un principio. Los años posteriores fueron complicados: «tuve una lesión y no pude participar en 2003. En 2004 sí tomé la salida, pero no terminé de encontrarme bien. Hablaron conmigo para decirme que el 10º puesto que había logrado no era  suficiente. Por ello el cambio de equipo de cara al año siguiente». Curioso que un ciclista que había tenido buenos resultados en aficionados con Iberdrola no estuviese bajo el punto de mira de Euskaltel, que por aquel entonces estaba creciendo mucho en relevancia dentro del circuito profesional. Dado ese poco interés, decidió poner rumbo a Italia y comenzar  así un aprendizaje que le ha llevado hasta el volante del EF, donde dirige el destino de, entre otros, Rigoberto Urán o Hugh Carthy, flamante vencedor en el Angliru.

Los colores del equipo son similares a aquel Lampre que le vio nacer y bien conoce lo que es ganar en la cima riosana con su otrora jefe, Gilberto Simoni. En cambio, cree que aún el británico puede mejorar algunos aspectos: «ha dado un paso adelante muy interesante. Conocemos su potencial y debe seguir dando el máximo y seguir mejorando». De Urán todo son buenas palabras: «es una persona muy humilde. Además de ayudar en todo lo que puede, jamás le verás dejar de sonreír, de alegrar a los compañeros y contagiar esa felicidad». 

Recordando momentos buenos y malos, Juanma tiene claro cuál fue su hándicap: «de haber mantenido la calma en alguna circunstancia me hubiese llevado alguna victoria más. Lo que me pasó en la Klasika fue imperdonable, me costó superarlo». Un ciclista que fue campeón nacional, ganando en un sprint llano a Paco Mancebo, ciclista que aún sigue en activo y ganando. «Sigo insistiendo en la idea de que era un corredor completo más que un escalador. Se subía la Fuensanta, en las faldas de la Cresta del Gallo, en Murcia. Nos escapamos y sabía que al sprint iba a tener mis opciones. Y así fue, campeón de España». 

Otro de los recuerdos que tiene de su época como ciclista profesional en activo fue el Tour de Suiza de 2001. «Simoni y yo veníamos del Giro, con un buen golpe de pedal. Es algo que era bastante habitual, alargar la forma de Italia para hacer esta carrera. Nos atacábamos con Lance Armstrong. Incluso yo le lancé algún ataque. Viendo lo que este ciclista era en aquel momento, el poder atacarle y luchar de tú a tú con él es otro de los recuerdos que se me quedarán». Reflexionando sobre el ciclismo actual y los cambios que este deporte muestra con respecto a años anteriores, menciona los kilómetros contra el reloj: «ahora las etapas son más cortas y parece que las contrarrelojes lo son bastante más que en mi época. Con cronos así desde luego que hubiese gozado de más oportunidades, era mi punto débil quizá. Aunque mejoré con el tiempo».       

Con un adiós un tanto agridulce debido a la desaparición de Rabobank y sus reencarnaciones en el entonces llamado Blanco Team, Gárate no corrió apenas en 2014. Una forma algo injusta de despedirse de un pelotón profesional en el que había pasado nada menos que catorce temporadas. Y, además, formando parte de los mejores equipos y ayudando a algunos de los grandes líderes de la época a lograr sus objetivos. Un ciclista que no llamó la atención hasta que no quedó más remedio que mirar a la incontestable calidad que mostraba como ciclista. Un hombre hecho en Italia que fue respetado en todo el mundo allá donde fuese.

Entrevista por Jorge Matesanz

Fotos: Sirotti

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