Entrevistas Femenino

Entrevista a Marta Vilajosana

– ¿Cómo empiezas en el mundo de la bicicleta?

Por mi padre, que se rompió el menisco y el médico le dijo que dejara el tenis e hiciera natación o bicicleta. Se compró una bici y yo fui detrás. Empezó a salir con un club los domingos y enseguida me apunté, hasta que me dijeron que había carreras de chicas y me buscaron un equipo para cuando era cadete de segundo año.

– Tus inicios no serían fáciles. Había muchas menos mujeres practicando este deporte.

Salía a entrenar sola, todo eran hombres por las carreteras. Y la verdad que oías comentarios de todo… «¿Qué haces en bicicleta, chica? ¿Dónde vas?» «¡Pues en bici porque me gusta, y para a entrenar!» «¿A entrenar para qué?»

¡Ahora da gusto salir un domingo y ver tantos grupos de mujeres!

Luego, ya compitiendo en elite, no fue fácil. Vivimos épocas muy difíciles. Recuerdo el año 1998. Yo era muy jovencita, nos llevaron al Mundial, las féminas separadas de la selección masculina. Nosotras en hostales sin mecánicos ni masajistas ni auxiliares… ¡Solas! Mientras, los hombres en hoteles de lujo con un montón de auxiliares.

Nos lavábamos las bicis y nos las preparábamos para el mundial, nos dábamos masajes mutuamente una a la otra y nos ayudábamos. Sí que es cierto que algún auxiliar pasaba una vez al día a ver si necesitábamos algo y a traernos los dorsales, que nosotras mismas nos poníamos en nuestras bicicletas.

Por suerte ese fue el último año que sucedió algo así. A partir del 1999 todas las selecciones masculinas y femeninas ya empezaron a viajar juntas a los mundiales, en el mismo hotel y compartiendo auxiliares.

Aun así, aquí en España no había equipos ni infraestructuras para las chicas poder ser profesionales y vivir de esto, así que decidí marcharme a Italia. A partir de aquí, pude vivir ocho años del ciclismo y dedicarme a ello con un sueldo decente. ¡Mis mejores años, sin duda! Pero, hasta llegar aquí, pasé mucha miseria.

Se puede definir mi vida ciclista como ocho años de gloria, pero antes otros doce años de penas, habiendo tenido que soportar y superar muchos baches, impedimentos, comentarios, etc.

Ahora ha cambiado mucho, y en España ya hay equipos ciclistas UCI donde las chicas pueden encontrar una salida y profesión en el ciclismo. No solo como ciclistas, sino también para su futuro como auxiliares, directoras, dirigentes, etc.

– Como amateur destacaste en los Nacionales. ¿Supuso tu salto definitivo?

Como amateur aquí en España tengo muchas medallas en nacionales de carretera y pista. No sabría decirte cuántas porque perdí la cuenta, unas 28 o 30 quizás. Las tengo todas guardadas en un cajón. Entre los Nacionales y la Copa España que me ayudó mucho en ver mi nivel, pues sí, supuso mi salto y mi decisión definitiva de emigrar a Italia. Vi que en España ganaba con facilidad en aquellos años y ya no me motivaba, quería más. Fue en los años 2000 y 2001, en los que conseguí ganar más de cuatro pruebas de Copa de España, ser líder, y empecé a ganar internacionalmente en el Tour Limousin 2000 y el Trofeo de Oro 2001. Además, fui al Tour de Francia 2001 con la selección catalana, disputando siempre entre las 20 primeras. Conseguí un sexto lugar en una etapa, y superé la etapa dura del Tourmalet entre las 15 primeras (y no era escaladora pura). Así que allí mismo ya me contactó un equipo italiano y no desaproveche la oportunidad. A partir del 2002 ya me afinqué en Italia hasta el 2010 que me retiré.

– ¿Quién/quiénes fueron clave a la hora de introducirte en el profesionalismo?

Bueno, como comentaba en la pregunta anterior, me gustaría agradecer a la Federación Catalana de Ciclismo, que en aquellos años empezó a apostar por el ciclismo femenino y nos llevó a competir en pruebas UCI por toda Francia. Allí hice los primeros contactos con un equipo italiano donde además estaba Manel Lacambra (también catalán) de mecánico con ellos viviendo ya allí en Italia, y me ayudó mucho con la traducción y la primera toma de contacto con el equipo italiano. Muy agradecida también con él.

– Comenzaste a ese nivel con gente como Somarriba o Ruano en escena. ¿Coincidiste con ellas?

Por supuesto, eran mi espejo y mis ídolos. Precisamente, en algún Tour que competimos juntas con la selección española, pues tocaba trabajar para ellas y aprendí y sufrí mucho, ellas lo saben bien.

Tengo una anécdota que nunca podré olvidar del hartón de llorar que me di. Yo era muy jovencita, en mi primer Tour (Grande Boucle), que coincidí con ellas y Joane estaba disputando. Como yo no pasaba la montaña, mi misión era llevarle agua (era agosto y hacía mucho calor) antes de los puertos y luego intentar salvar mi “dentro control” como pudiera cada día. Calculé muy justo en una etapa, y venia cargada con bidones para Dori y Joane y me encontré con la primera rampa del puerto que empezaba con cuatro bidones en mi espalda. Vi a Dori y Joane a 100 metros de mí y no pude llegar a ellas. ¡Qué rabia! Me quedé a 100 metros de entrar en el pelotón, empecé a quedarme más y más y cuando me volvió a pasar mi coche de equipo le devolví los bidones y me puse a llorar por la impotencia de no haber podido dar el agua tan necesaria a mis compañeras. ¡Aún me dura ese disgusto! Luego en el hotel me dijeron que no me preocupara, que habían cogido más adelante agua del coche, que tenían familiares arriba en el puerto, y que por favor dejara de llorar.

Fue una generación muy interesante, con Maribel, Ramírez, Eneritz, Bravo, etc. ¿Qué me puedes contar de ellas

Con Anna Ramírez vivimos una época genial. Fue mi compañera de aventura al decidir irme a Italia en el 2002. Fue mi condición para el equipo italiano, “vengo, pero con mi compañera, leal, fiel, única”. Anna dio todo para mí en esas victorias en Nacionales, Copa España, Tour Limousin, Trofeo de Oro, Flèche Gasconne, etc. Eso le sirvió para crecer a ella y se merecía tanto como yo que diéramos un salto a Italia. Una gran corredora y persona, pero sobre todo mi mejor compañera en todos esos años.

Maribel tenía talento innato, escaladora pura. Fue un placer ponerme a su disposición para ganar carreras con ella, como en la Vuelta al Salvador, disputar un Giro de Italia, o el Tour d’Ardeche. Siempre que coincidíamos en la selección española, era nuestra garantía cuando las cosas se ponían hacia arriba. Recuerdo que Luperini le atacó en el Tour d’Ardeche 2007 en la última etapa, con Maribel de líder (selección española).

Yo corría con mi equipo italiano DILA-GUERCIOTTI y disputaba entre las 10 primeras. Maribel se quedó sin compañeras. Eneritz competía con el equipo de Luperini y no podía ayudarla. Yo no dudé en ponerme a tirar, la subí para arriba y le dije: «¡Aquí a mi rueda, Maribel!» Me hice una contrarreloj de 8kms en mi terreno preferido (sube y baja). Rompí el grupito, enfiladas, con Maribel a mi rueda. Lo di todo hasta que reventé y ya veíamos a Luperini. Reventé justo al empezar el repecho final y Maribel pudo alcanzarla y ganar ese Tour d’Ardeche. Yo perdí mi opción a top ten y acabé 22a, pero mereció la pena. Nos jugábamos y necesitábamos esa victoria y esos puntos UCI para España para la Olimpiada del 2008.

Recuerdo cómo Juan Carlos Martin (seleccionador Nacional) cuando reventé que no podía ni hablar y me pasó con el coche, me chocó la espalda, y en meta se transformó en un abrazo. Recuerdo sus palabras inolvidables: «¡Vilajosana, nunca habrá otra como tú! ¡Solo puedo quitarme el sombrero ante ti!

De Eneritz solo puedo decir que es otra valiente y decidida en el pelotón. Otra que no dudó en emigrar a Italia para buscar mejorar. Una «corredoraza» de armas tomar y con la que me llevo genial, con grandes recuerdos de esos años. Luchadora como ella sola, imponiéndose, enseñando a las jóvenes. Muy orgullosa de haber coincidido con ella, nunca juntas en equipo, pero sí en la selección nacional.

Rosa Bravo era muy rápida. Era mi pesadilla cuando las carreras de Copa España llegábamos al esprint. Si se ponían duras no había problemas, pero al esprint no teníamos nada que hacer con ella. Una corredora que no quiso salir a competir a nivel internacional. Se conformó con quedarse en casa y fue la gran dominadora de la Copa de España durante muchos años cuando Dori, Eneritz, Anna, yo, etc. decidimos emigrar a Italia.

– ¿Qué se siente al haber ganado una etapa en el Giro Donne? ¿Cómo fue?

Es el recuerdo más bonito que tengo de mi carrera. Se siente piel de gallina, aun ahora. Siempre lo digo, es el día que más he sufrido encima de una bicicleta.

En ese Giro mi equipo trabajábamos para la lituana Edita Puckinsaite, con la que finalmente lo ganamos. Y en esa etapa, que era apta a mis características mi director Walter Zini me mandó estar atenta a las escapadas de la parte final. Una etapa de media montaña, muy rompepiernas. Así lo hice y me metí en un corte con unas diez corredoras. Me mandó no dar ni un relevo, pues nuestra líder Edita estaba en el grupo principal a apenas 30-45”. No cogimos más distancia, así que Walter no pudo pasar con la escapada nunca, pero sí me daba ordenes por la radio, y como en Italia hay streaming del Giro femenino por TV me veía des del coche. Yo atrás, quietecita sin dar relevos, y ya creía que sería así hasta meta o hasta que nos cogieran. Nunca se me pasó por la cabeza poder ganar esa etapa, mi objetivo era ganar el Giro con Edita.

Y de golpe por la radio oigo a Walter que me dice que en 500 metros me encontraré con un repecho y quiere que ataque a morir, con todo. No aquello de arrancar para ver quien responde y por probar y contraatacar… Me manda arrancar a tope, y entonces allí entendí que quería jugar mi baza para ganar etapa, ya que el grupo y las diferencias eran muy pequeñas y no peligraba para nada la general.

La verdad, yo estaba muerta, estaba siendo un Giro muy duro con mucho calor, y no creía poder hacerlo. Pero Walter no paraba de gritarme: «¿Me has oído? ¡Arranca! ¡Ahí donde te digo! ¡Hazlo! ¡Yaaa!» No podía más, llevábamos muchos kilómetros en las piernas, quedaban 5 kms a meta y pensé: «Marta, hazlo, arranca, que lo vea, ya te cogerán y Walter ya se callará.» Así que arranque a 5km de meta, cogí 10 segundos como mucho, y Walter no paraba de chillar: «¡Marta, tú puedes, sigue, sigue, sigue!». No paraba de gritarme que no mirara atrás. Esa frase: «NON GUARDARE INDIETRO» aún la tengo en mi cerebro. ¡Aún la siento a veces! Esos 5 kilómetros fueron: sufrir, sufrir, sufrir…, y NON GUARDARE INDIETRO. «¡Te veo!», me decía, «si miras atrás me enfadaré mucho». Juro que nunca miré hacia atrás excepto en el momento de entrar en meta para saber si podía levantar los brazos o no. Y menos mal que nunca miré hacia atrás, porque si lo llego hacer no gano.

Mi diferencia en meta fue de cuatro segundos, y durante los 5 kilómetros de escapada en solitario no gané más de 10 segundos nunca. Una agonía pura. Si miro hacia atrás dejo de pedalear y me rindo.

De ese día aprendí que yo iba jodida y no podía, pero que las demás estaban igual que yo. Sin mi director Walter, que creyó en mí, nunca hubiera ganado esa etapa.

– Te moviste por bastantes equipos. ¿Por qué no terminaste de establecerte en ninguno? ¿Qué pasó?

En España era imposible establecerse porque no había un equipo que me ofreciera lo que yo quería, así que tuve que irme afuera. En Italia se abrieron muchas puertas, y muy buenas oportunidades. Estuve 3 años en el Aliverti, mi primer equipo. Luego apareció el Lazio en 2005, pero solo duro un año y desapareció; así que tuve que espabilarme y Walter me abrió las puertas a su equipo. Ya en el 2007 surgió un equipo de nueva creación que me ofreció ser jefa de filas y decidí cambiar. Estuve con ellos hasta el 2009. Y en el 2010 quise volver a cambiar de aires, ya sabiendo que era mi último año y quería disfrutar, sin responsabilidades de liderazgo, así que decidí irme al lado de corredoras como Tatiana Guderzo y poder ofrecerles mi ayuda y todo lo que me quedaba dentro. Ese mismo año renuncié también a disputar el Mundial en Australia (aun estando seleccionada). No tenía sentido, no estaba para disputarlo y era mejor dar una plaza a una chica joven que cogiera experiencia.

– En 2009 te proclamaste campeona de España. Tardó en llegar ese gran triunfo. ¿Cumpliste un sueño?

Gané muchos nacionales en pista, en BTT júnior en descenso, pero el de carretera elite se resistía. Muchas medallas de plata, siempre segunda, tanto en contrarreloj como en ruta. Me lo ponían difícil las sprinters como Rosa Bravo y grandes corredoras como Maribel Moreno. Por fin en 2009 llegó mi turno en Santander. Eneritz y una tal Ane Santesteban que subía de juveniles me lo pusieron difícil, pero aproveché muy bien mi terreno. A Eneritz la dejé subiendo el puerto final, donde solo me aguantó rueda Santesteban. Como no la conocía y no sabía si era rápida o no, y vi que en el descenso tenía dificultades y en cada curva me perdía la rueda decidí arriesgar a tope bajando y dejé de rueda a Ane.

Me quedaban 8 km por la costa muy duros, sube y baja y aire de cara, pero no me preocupaba, ¡me encantaban las contrarrelojes! Por fin en el 2009 cumplí mi sueño de ser campeona nacional absoluta.

– ¿Hubo algo que te quedase por conseguir a lo largo de tu carrera?

Mi gran sueño era ser olímpica, y puedo decir satisfecha que lo logré. Con 17 años mi padre me llevó a ver competir a Dori en las Olimpiadas de Barcelona 92 en Sant Sadurni d’Anoia. Fui hasta al hotel donde dormían para hacerme fotos con ella y fui el día de la carrera a verlas. Fue extraordinario. Y allí empezó mi gran sueño. Le dije a mi padre que quería correr una Olimpiada. Me miró incrédulo, sin contestarme. Entendí lo que quiso decirme…  y con los años aun lo he entendido más: SACRIFICIO, SACRIFIO y SACRIFICIO.

La verdad que me siento muy satisfecha porque fueron épocas difíciles, sin ayudas, sin reconocimientos, sin internet ni redes sociales donde la gente conociera tus éxitos. Irse de casa sin conocer a nadie para conseguir un sueño, ser profesional de la bicicleta. Todo lo que hice me llenó muchísimo. Si yo no ganaba, lo hacia mi jefa de filas. Al final son victorias de todo un equipo, y si no se ganaba pues se intentaba, y lo dimos todo.

El mundial que ganó Suzzane Lungtown me lo siento como mío. Fuimos compañeras de quipo dos años seguidos en Italia. Fue dos años seguidos campeona del mundo, siempre agradeciendo todo lo que dábamos por ella. ¡No hay líder sin equipo! Y las buenas líderes son las que comparten sus victorias y te las hacen sentir como tuyas.

– ¿Qué es ahora de Marta Vilajosana?

Pues estoy en la Dirección Técnica de la Federación Catalana de Ciclismo desde hace ya 11 años. Fue dejar el ciclismo y la Federación Catalana me brindó la oportunidad de trabajar con ellos. Coincidió que el antiguo director Técnico lo dejaba justo en ese diciembre del 2010 en que yo me retiré y me ofrecieron su puesto.

También intento ayudar en todo lo que sea visibilizar el ciclismo femenino y hacer colaboraciones con alguna TV de comentarista, como ya hice en Vuelta a Burgos y en Challenge By La Vuelta en el 2021.

– ¿Cómo ves el ciclismo actual?

¡En crecimiento! Ahora sí ha dado un paso de gigante y se necesitaba. Ha hecho falta el golpe de mano de los equipos masculinos para ver auténticos equipos World Team que sí se pueden llamar profesionales.

Esto solo ha hecho que empezar, y creo que veremos mucho ciclismo femenino. Pero no podemos bajar la guardia, necesita aún mucha ayuda de los medios de comunicación. Y por fin la UCI también se ha puesto las pilas por lo que respecta a la igualdad de oportunidades. Llevábamos años pidiendo un mundial sub23 femenino a la UCI, incluso se les adelantó la UEC con el Europeo sub23 femenino 2021 (un aplauso para la UEC).

¡Ya era hora! Por fin este año tendrán las sub23 su podio y mundial, aunque todavía conjuntas con las elite hasta el 2024. En 2025 veremos la carrera sub23 femenina del Mundial para ellas solas.

– ¿Qué diferencias observas entre el ciclismo femenino actual y el que tú viviste?

Mucha mejora en lo que respecta a los entrenamientos especializados en mujeres y su rendimiento. Mucha más tecnología. Mi «trainingpeaks» era en papel, libretas de cada año, donde apuntábamos todo (peso, pulso, watios, entrenamiento, kilómetros, horas, velocidad máxima, media, altimetría, etc.), pero no teníamos el análisis de todo eso que ahora sí te hacen las plataformas de entrenamiento. Íbamos más por sensaciones, y nuestros entrenadores no tenían estudios sobre entrenamiento en mujeres ciclistas como los hay ahora. Mi entrenador no me pedía las fechas de mi ciclo menstrual para programarme los entrenamientos. El pobre no sabía nada sobre el ciclo femenino y sus hormonas y afectaciones en el rendimiento para poder programar los entrenos de fuerza, intensidad o aeróbicos, según cada fase y aprovechar más el rendimiento.

En todo este tema sobre el rendimiento de la mujer en el deporte se ha mejorado mucho. Antes solo decíamos, un mal día, o un buen día, o «esta semana es que no tengo nada de fuerza»…

También hay mucha mejora en nutrición, dietética, suplementos cada vez más especializados. Son muchos los equipos que ya incorporan la figura de un nutricionista, además de un preparador físico. En mi época era el director del equipo que nos llevaba todo.

– ¿Qué cambiarías para mejorarlo?

Se necesita más visibilidad de los medios de comunicación para que entren sponsors que puedan ayudar a profesionalizar más las estructuras y equipos ya existentes. En Italia tenemos la demostración de todo eso. Un Giro Femenino con historia y muchos años, que retransmite cada etapa por la RAI italiana. Tienen muchos patrocinadores interesados en entrar en ciclismo femenino gracias a la televisión.

– ¿Cómo valoras la evolución de algunas españolas como Sara Martín o Inés Cantera? ¿Crees que hay relevo para Mavi?

Sí, tendremos relevo de Mavi como siempre hay relevos, solo que quizás destacaran más en otro terreno. Mavi necesita la carrera dura, muy dura. Veremos cómo evolucionan Sara o Inés. Quizás les irá mejor otro tipo de carreras como las Clásicas del Norte.

Sandra Alonso será otra que dará mucho que hablar en su terreno preferido, las llegadas al sprint. A España siempre le ha faltado una gran corredora así, que destaque en estas carreras en llegadas masivas y Sandra puede llegar a ser un gran referente, yo me atrevo a verla como la Bastianelli española.

Son todas ellas muy jóvenes aún, una mujer está en sus mejores años a partir de los 28 y es ahí donde se ve cuál es su papel, en qué competiciones destacarán y dónde conseguirán sus mejores éxitos.

Entrevista por Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Fotos cedidas por Marta Vilajosana

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