Entrevistas

Entrevista a Tino Zaballa

El antiguo Kelme era conocido por crear corredores duchos en la batalla. Ciclistas a los que les gustaba romper pelotones desde lejos, buscar fugas imposibles que casi nunca fructificaban. En definitiva, ser valientes y dar espectáculo. Tino Zaballa fue descubierto para el gran público en una situación similar, con grandes escapadas en el Giro de Italia y aprovechando un escaparate que en su día los ciclistas españoles no quisieron explorar. Italia germinó a este cántabro de 1978, paisano de Freire, José Iván Gutiérrez y otros varios que rememoraron el ciclismo cántabro de los Trueba, Aja, González Linares, Pérez-Francés -si bien este se afincó en Barcelona- o Alfonso Gutiérrez.

Rodar en los mejores equipos españoles le dio la posibilidad de probar diferentes formas de trabajar, distintas filosofías de ver el ciclismo. Pese a ello, nunca perdió la misma forma de correr: valiente y al ataque siempre que las circunstancias y su rol en el equipo lo permitían. Un ciclista de raza, que nunca se rendía ni se dejaba ir en los famosos autobuses.

– Tu tierra, Cantabria, es cuna de grandes ciclistas. ¿Cómo ves la situación actual?

Desgraciadamente estamos en la época de mayor sequía de las últimas décadas, pero podemos presumir de hornadas de muchos y muy buenos corredores. Tanto en cantidad como en nivel, estamos lejos del nivel de hace unos años. Esperemos que sean ciclos y poco a poco vayamos saliendo del bache.

– ¿En España el análisis es similar?

Hace años había mucho nivel en amateurs, y eso dio sus frutos en unas generaciones increíbles. Creo que ahora esa sequía que sufrimos va a durar, porque en el ciclismo de base no se han hecho las cosas bien y el nivel está bajando paulatinamente. Seguro que surgirán figuras, pero el nivel medio no creo que se recupere, y me temo que daremos todavía algún paso más para atrás, sobre todo porque antes había mucho más volumen. Y a más volumen, el nivel medio sube.

– Eres de La Hayuela, Udías. ¿Qué relación tienes con Indalecio Zaballa?

Era mi abuelo. El trovador de Cantabria por excelencia. Era un hombre muy carismático: hacía cine, cantaba en las romerías… Le salían las trovas del alma, y eso que nunca había ido a la escuela. Le enseñó a leer y escribir un vagabundo que acogió en su casa. Si hubiera nacido unos años más tarde, aún habría sido mucho más conocido.

– Cuando te diste a conocer ya en profesionales, con Kelme en el Giro de Italia, a base de cabalgadas imposibles y fugas épicas, ¿no estabas tú también intentando hacer poesía en la bicicleta, al estilo del ciclismo romántico que representa el Giro?

La verdad que fue mi explosión deportiva, aunque en mi primer año ya había ganado la etapa reina del Porvenir y había ganado parcial y sido líder en Volta a Portugal, algo que sabemos que es muy difícil por cómo se corre allí. Pero sin duda mi gran escaparate fue ese Giro de 2003: el ciclista con más kilómetros en fuga, disputando la montaña hasta los últimos días y donde me di a conocer a base de esa lucha y esas ganas de dejarme ver.

– ¿Cómo era correr aquellos Giros en una época en la que los equipos españoles no se asomaban mucho a la Corsa Rosa?

Era mucho más anárquico y loco. No existían equipos dominadores como en la actualidad. Las etapas eran mucho más duras y largas. Era durísimo, pero al mismo tiempo apasionante y guardo muy buenos recuerdos y cierta nostalgia de aquellos tiempos.

– ¿Cómo ves ese recorte de kilometrajes?

Creo que en la actualidad hay días en los que faltan kilómetros. Ya no se ven esas grandes pájaras o malos días épicos. El gran fondo pasa factura. Las etapas cortas dan mucho espectáculo, pero esos días en los que parece que no pasa nada van sumando penurias y ayudan a dar más sorpresas.

– ¿Cómo era ese Kelme de los Botero, Sevilla, Aitor González, la irrupción de Valverde…?

Kelme era una gran familia, un grupo donde lo personal unía mucho y ayudaba a afrontar cualquier penuria. No solo fue mi primer equipo, sino en el que más amigos he hecho, y eso es por algo. Además, el nivel medio era fantástico. Se hacían las cosas muy bien. A los jóvenes nos sabían llevar con calma, dándonos opciones de brillar y enseñándonos a trabajar para los grandes líderes.

Como anécdota. Yo actualmente regento un negocio de productos típicos en Cantabria, y un día apareció por aquí a visitarme Javier Pascual Llorente. Hacía más de 10 años que no nos veíamos, y nos fuimos a cenar y revivir momentos como si fuera ayer. Eso demuestra los lazos que salieron de un equipo muy cohesionado y familiar.

– Después pasaste al Saunier Duval de Matxín, donde lograste grandes triunfos como la Clásica de San Sebastián. ¿Qué nos puedes contar de esas dos temporadas?

En 2004 tenía contrato en vigor con Kelme, pero Saunier Duval tenía espónsor cántabro y la oportunidad para mí era buena. Como dije antes, Kelme era un equipo señor, y Pepe Quiles y Vicente Belda entendieron mis aspiraciones y llegamos a un acuerdo para mi baja.

En Saunier Duval seguí evolucionando y ya pude ser jefe de filas en algunas carreras, lo que supuso mi explosión como ciclista, con grandes resultados como la Klasikoa, tercero en París Niza, etapa en Vuelta a España…

– Luego fichas por Caisse d’Epargne, estructura que es actualmente Movistar.

Ahí vuelvo a fichar para ser gregario y estar con Alejandro Valverde. Tenía claro cuál era mi rol. Me tuve que olvidar de disputar carreras, salvo en aquellas en que me surgía la oportunidad en una fuga, como la Euskal Bizikleta.

En aquella época había también sistema de puntos, por lo que también tenía un papel de ser el tercer hombre en puntuar para el equipo. Trabajaba para Alejandro, pero debía meterme en las disputas por los puestos para sumar al equipo.

Fueron años no tan buenos como los anteriores, ni en lo deportivo ni en otros aspectos, pero también sirven para evolucionar. Con lo que sé hoy, creo que no habría pasado por ese equipo.

– ¿Por qué?

Coincidió con la Operación Puerto, y el trato fue muy dispar. Es un equipo en el que mi comportamiento fue muy bueno y estuve muy bien, pero no hice muchos amigos, y por algo será. El trato en ese equipo es mucho más frío, eres un número al que solo le buscan rentabilidad.

Dicho esto, ojalá dure muchos años, porque es la estructura que está sosteniendo el ciclismo español en la actualidad.

– ¿Cómo viviste la época de la Operación Puerto y las consecuencias de ello? Muchos corredores fuisteis prácticamente desterrados del ciclismo español.

Muchos decidimos seguir adelante, pues en ningún momento hubo sanciones. Pero a veces piensas que quizás hubiera sido mejor una sanción en firme, porque está claro que se hizo una lista negra con según que nombres y se nos condenó al destierro a calendarios más pequeños.

En Caisse d’Epargne decidieron dejarme un poco de lado y llevarme solo a las carreras en las que no tenían más remedio por contrato. Yo creía que tenía todo mi derecho a competir. Fueron momentos tristes y psicológicamente muy duros. Afortunadamente tuve la fortaleza mental para capearlo e intenté seguir mi camino, teniendo claro que valía para esto. No así otros compañeros que pasaron momentos muy difíciles por la presión que sufrieron. En cambio, otros en la misma situación lograron ser redimidos, ganar carreras y seguir su camino en la élite.

– En esa época, ya en Portugal con LA Pecol, eres segundo en el Campeonato de España que gana Rubén Plaza.

Así es. Los dos estábamos corriendo en Portugal, él en Liberty. Hacíamos muchos viajes y carreras juntos, y todos sabíamos que ese Campeonato podía ser la oportunidad para volver al primer nivel y salir de aquel destierro.

Fue un campeonato con un trazado muy duro, con calor, tormentas y lluvia. Yo corría en casa y estaba muy motivado, pero Valverde secó un par de ataques que hice yo y Rubén solo hizo un ataque, pero fue el bueno. A raíz de ello consiguió volver al máximo nivel y estar muchos años en la élite, merecidamente.

– Ese mismo año fuiste pódium también en el Campeonato de España de Ciclocrós.

Volví a probar en esa disciplina que ya había hecho de joven. Me gustó siempre el ciclocrós y aproveché que la temporada en Portugal terminaba pronto para retomar el gusto por el barro. Me compré una caravana y disputé varias pruebas de Copa del Mundo y logré el pódium en el nacional.

Foto: Sirotti

– Háblanos de tu victoria en Vuelta a Asturias en 2010 y aquella impresionante victoria en la última etapa en Oviedo para dar la vuelta a la general. ¿Qué nos puedes contar de ese día?

Para nosotros esa carrera era un gran objetivo. Los equipos más pequeños deben saber que en estas pruebas tan duras, llegar en forma te da opciones, porque los grandes las ven más como una preparación y no llegan al 100%. Habíamos preparado muy bien la carrera, yéndonos a Asturias a reconocer las etapas con Santi Pérez.

Ezequiel Mosquera estaba en gran estado de forma, y Xacobeo tenía un equipazo. Sabíamos que la única opción era jugar de lejos, en un día de montaña de verdad, con puertos tremendos como San Lorenzo.

Yo que siempre he sido de mecha rápida, me lie la manta a la cabeza y ataqué prácticamente de salida. Se formó una fuga grande que nos permitió asentarnos delante e ir eliminando rivales para plantarme en solitario en Oviedo. Una victoria a lo grande que me quedó en la retina para siempre.

– ¿Qué ciclistas te han impresionado más a lo largo de tu carrera?

La figura de Laurent Jalabert siempre me ha impactado. Sobre todo, su reconversión, a base de entrenar y de pulir detalles para pasar de velocista a vueltómano. Un ganador.

Otro corredor al que siempre he admirado tanto en su faceta de corredor como fuera de la carretera es Herminio Díaz Zabala. Ya cuando era juvenil lo admiraba y entendía que cuando no puedes ganar, hay que saber volcarse para ayudar a otros a hacerlo.

Y por sus cualidades deportivas, sin dudas Alejandro Valverde. Tuve la suerte de poder pasar años cerca de él y es un deportista total.

– ¿Cuál recuerdas como tu momento más duro en la bicicleta?

No sabría decirte. Yo era un ciclista que llevaba muy bien el clima extremo, tanto la lluvia y el frío como el calor sofocante. Recuerdo la Volta a Portugal de 2001, no había pasado tanto calor en mi vida. La sensación era de tener fuego en las plantas de los pies.

Pero no tengo ningún día grabado de esos en los que puedas pensar que te quieres bajar de la bicicleta. Me gustaba lo que hacía y cuando me tocaba sufrir, sufría y pasaba el día como fuera.

– Como cántabro que eres, ¿Crees que se aprovecha bien la geografía cántabra y los puertos de la zona en la Vuelta a España?

Siempre digo que cada vez que a nivel político se consigue traer la Vuelta a Cantabria, es un gran acierto. La exposición del paisaje de la región gracias al ciclismo es fantástica. Es un escaparate y Cantabria se vende sola, con puertos espectaculares cercanos a una línea costera de gran belleza. En un entrenamiento puedes pasar de estar al nivel del mar en Comillas a subir a 2000m en el Pico Tres Mares. O subir San Glorio, que son más de 20km de puerto en Cantabria, con sus zonas fronterizas con Asturias, León, Burgos… es una mina de subidas fantásticas para la bicicleta.

– Hablando de San Glorio, ¿Qué opinas de la etapa de la Vuelta que va de Camargo a Cistierna en la Vuelta 2022?

Pensando en el espectáculo, ahora que ya no soy corredor, la haría más dura. Se podría llegar a Poter pasando las colladas y habría sido un etapón. Pero lógicamente se busca el equilibrio y creo que es una jornada para una fuga de lejos, con repechos de salida. Aunque no tengo claro que pase algo en la parte final. San Glorio es largo, pero carece de rampas demasiado exigentes. Creo que será una bonita lucha por la etapa, y si el tiempo ayuda, una gozada para ver los planos del helicóptero en la televisión.

Si me pillara en mi época de corredor, tanto la etapa de Pico Jano como la de Cistierna, tendrían la cruz puesta. Ideales para una fuga selectiva.

– Te has metido en el mundo del triatlón de larga distancia con los 10.000 del Soplao.

Los 10.000 del Soplao es una prueba deportiva en una zona en la que solía y sigo entrenando, y ahí descubrí su modalidad de triatlón. No era bueno nadando, pero vi un aliciente y decidí empezar a entrenar. Me enfrasqué en esa aventura (10 km nadando en aguas abiertas, 90 km de carrera por el monte y 110 kilómetros en bicicleta de montaña). Cada año es un objetivo especial y ya llevo 5 victorias y es un aliciente para buscar mejorar las marcas y superarme cada año.

Paralelamente a eso monté una empresa de preparación física que se llama Soplao Trainer. Tras la retirada del ciclismo sigo muy unido al deporte gracias al triatlón.

– ¿Qué les dirías a los jóvenes ciclistas que sueñan con llegar al profesionalismo?

Que estudie y que se prepare para el futuro, sobre todo después de su carrera deportiva. Y que aprenda a saber cuál es su sitio en el pelotón e intente ser de los mejores en lo suyo, sea como escalador, como jefe de filas o como gregario.

En el profesionalismo de hoy los ciclistas explotan muy pronto, casi de juveniles, y creo que se van a ir acabando lo de ver trayectorias longevas de 15 o más años. Creo que cada vez serán más breves.

Entrevista por Jorge Matesanz

Transcripción: Víctor Díaz Gavito

Fotos cedidas por Tino Zaballa

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