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Entrevista: Niamh Fisher-Black: la garra del brillante helecho plateado

Entrevistamos a la corredora del SD Worx neerlandés. La neozelandesa afronta su cuarta temporada en el pelotón internacional y segunda en un equipo bajo licencia World Tour; un circuito en donde Niamh no ha perdido el tiempo, erigiéndose vencedora en 2021 del título de mejor joven de las series. A pesar de su juventud, 21 años de edad, Fisher-Black se ha hecho ya un hueco en los coloquios de los feligreses del pedal, al punto de comenzar a apartar de lo recóndito la especial fonética de su mitológico nombre irlandés (/ˈniːv/).

En el curso ciclista 2022 Niamh vivirá su segunda campaña enrolada en las filas del todopoderoso SD Worx, desde su incorporación el año pasado, una incorporación un tanto precipitada o al menos sobrevenida de un modo imprevisto: «Aunque tenía un manager en aquel momento [representada por la agencia 258MGT] el acuerdo se produjo de una manera bastante original ya que tenía firmado correr con el equipo en el que estaba, que era el Bigla-Katusha, la temporada 2021. Pero a finales de 2020, el equipo echó el cierre. Así que, en octubre me quedé trastabillada luchando por encontrar un equipo.

Entonces tuve la suerte de que Danny Stam, el gerente del Boels Dolmans [anteriores patrocinadores del equipo SD Worx], se puso en contacto conmigo, dispuesto a ficharme. Y así es como sucedió».

¿Pero fue Danny Stam el único en fijarse en la joven promesa? «Obviamente era muy tarde, estábamos a finales de la temporada, en octubre, por lo que la mayoría de los equipos ya estaban completos, pero tuve otras ofertas. Ahora bien, SD Worx fue el primer equipo que me hizo una oferta sólida y que en verdad lo tenía todo listo para firmar. Todo me parecía bien de la propuesta y en ese momento ya era tarde. Así que aproveché la oportunidad que se me presentó y firmé de inmediato con SD Worx» se sinceraba la neozelandesa.

En los tiempos que corren la inmediatez forma parte inexorable de nuestras vidas, la precocidad en el deporte de élite y en el ciclismo en particular es un tema vox pópuli. ¿Es beneficioso que los jóvenes talentos den el salto a los equipos más punteros desde tan pronto o supone demasiada presión para estas jóvenes generaciones? En otras palabras, ¿es demasiado grande el salto?

Niamh no lo ve como perjudicial, ni cree que le haya supuesto una presión añadida: «Depende de la persona. Una podría sentir mucha presión u otras cosas. Pero creo que, en mi caso, el equipo se ha asegurado de que no sintiera demasiada presión en mi primer año, ya que soy especialmente joven, todavía estoy en desarrollo y necesito encontrarme a mí misma. Formar parte de un equipo tan exitoso es muy alentador y pienso que supone un estímulo y me motiva para mejorar constantemente. Así que, creo que es muy positivo para mi desarrollo formar parte de una estructura tan grande y exitosa y que cuenta con tan buen apoyo, con tan buenos medios materiales, patrocinadores y demás».

Quizás en ese acomodo a la élite más selecta es algo en lo que ha reparado recientemente el equipo SD Worx. Y es que, a lo largo del par de lustros que lleva el conjunto neerlandés en la élite del ciclismo, han sido numerosas las corredoras excepcionalmente jóvenes que han formado parte de su plantilla, si bien la eclosión de estas, arcoíris vikingo aparte, ha sido sensiblemente inferior a las expectativas generadas. No parece estar siendo el caso de la ciclista kiwi., que desde los primeros compases de la temporada 2021 parecía integrarse rápidamente en la dinámica del equipo, dando muestras de sintonía y progresión a partes iguales. «Fue tremenda la sensación de llegar a un equipo tan exitoso con todas estas mujeres tan talentosas. Contamos con campeonas del mundo en el equipo y corredoras que han ganado las carreras más importantes del mundo. Fue bastante abrumador acudir al primer campo de entrenamiento con el equipo. Pero tras hablar con ellas por primera vez y estar concentrada con ellas te das cuenta de que son gente normal, que también busca divertirse, que bromea, que tienen un gran sentido del humor y que hacen que todo sea más agradable. Entonces, eso definitivamente me ayudó a aprender rápidamente durante esa primera concentración y por eso me sentí tan cómoda rápidamente».

Recientemente equipo y corredora han prolongado el vínculo que les une hasta 2024, hecho que pone de manifiesto la satisfacción con la ciclista en el equipo y que Fisher-Black se siente valorada en el equipo neerlandés. Sobre este extremo preguntamos a la ciclista, que no deja lugar a dudas: «Me siento valorada en el equipo. Estoy muy contenta de formar parte de este equipo. Es así porque me encuentro cómoda en él. Me llevo bien con todas los ciclistas, somos un poco como una familia en el equipo y eso es muy bueno. Todas tenemos confianza en cada una, en las habilidades de cada una de nosotras, y hemos encontrado la manera de trabajar juntas en equipo de forma adecuada. Así que, es genial correr de este modo con ellas y también de entrenar y estar junto a ellas durante gran parte del año. Eso es muy importante y me siento verdaderamente valorada en este equipo».

Uno de los principales cambios en el equipo SD Worx para esta temporada ha sido la retirada de su gran baluarte, la legendaria ciclista neerlandesa Anna van der Breggen y su transición hacia el asiento del vehículo del equipo. Cuando le preguntamos por las expectativas que tiene de su nueva directora, por su carácter y forma de ser Niamh nos confiesa: «Eso es lo que más me sorprendió cuando conocí a Anna. Tiene mucho éxito y es muy buena ganando carreras, pero también es muy tranquila y eso es muy bueno. En las carreras también, está relajada y sabe lo que hace todo el tiempo. Es casi como si ella siempre tuviera el control. He corrido junto a ella el año pasado y he visto la forma en que puede ganar y mostrarse tan fuerte y ejecutar siempre los movimientos correctos. Sé que puedo confiar en que ella también tomará las decisiones correctas desde el coche este año, como directora. Creo que es muy importante la relación de confianza entre las ciclistas y las personas que van en el coche de equipo. Así que sabemos que Anna ha estado ahí antes y que tiene toda la experiencia que necesita ahora y creo que está capacitada para tomar algunas buenas decisiones desde el coche este año».

Cuando le preguntamos a la corredora neozelandesa si espera que van der Breggen critique posibles errores que cometa o le proporcione frecuentes consejos, Niamh lo tiene claro: «Seguro que lo hace. Ella competía de la manera en que lo hizo; no era muy vehemente en carrera diciéndonos qué teníamos que hacer en la carrera, pero siempre tenía buenos consejos y críticas para nosotras después de la carrera. Anna es el tipo de persona a la que siempre escuchas. Es muy divertida y bromea, pero también tiene momentos en los que tendrá una palabra severa y te dirá lo que has hecho mal, si necesitas hacer esto, o bien si tienes hacer aquello otro. Y siempre la escucharás. Yo aprendo de ella en cada carrera a la que voy. Aprendí mucho de ella el año pasado, siempre tenía muchas cosas valiosas que decirme el año pasado. Y creo que eso no cambiará. Ella todavía puede aportarme mucho en mi carrera profesional».

En declaraciones el manager del conjunto SD Worx Danny Stam ha manifestado que es solo cuestión de tiempo que Niamh Fisher-Black se establezca como una de las líderes mundiales en la montaña. ¿Supone eso una presión añadida para Fisher-Black? «Creo que no lo es. No me supone en absoluto demasiada presión extra. Creo que, en todo caso, la mayor presión que tengo me la pongo yo misma y eso es porque siempre quiero ser la mejor, llegar a ser la mejor atleta que pueda. Y quizás, como dice Danny, la escalada sea una de mis fortalezas, ya que soy una corredora baja. Así que, es un área o faceta que tengo como objetivo, en la que quiero mejorar mi rendimiento y con la que espero mejorar mis prestaciones como atleta. Espero poder convertirme en una corredora muy buena en montaña. Creo que ya he demostrado cierta solidez en ello, así que tengo el objetivo de convertirme en una gran corredora en esta área».

Y es que, a pesar de su corta trayectoria en la élite, la ciclista del SD Worx ya ha mostrado una notable progresión y rendimiento. Cuando le preguntamos por esta progresión mostrada a lo largo de las últimas temporadas, por su ambición y sí se ve ganando en breve, Niamh nos confirma lo que intuíamos: «Diría que soy muy ambiciosa y creo que eso se puede ver en el modo en que he progresado en los últimos años y el salto que he dado al más alto nivel de competición. Nunca estoy satisfecha, no me conformo con solo hacer entre las veinte o las diez primeras, siempre quiero mejorar y superarme a mí misma. Así que sí, creo que ya logré algunos buenos resultados el año pasado y que también realicé buenas actuaciones en algunas de las carreras del World Tour, quedándome muy cerca de estar en la cabeza de carrera en los finales de carrera. Espero estar mucho más cerca a la cabeza en el final de las carreras de este año y poder luchar por las plazas del podio o, tal vez como bien dices, por la victoria. Pero la prioridad en el equipo es ganar. Y la mayoría de las veces y en concreto en este momento, hay varias corredoras en el equipo que aún son más fuertes que yo. Entonces yo voy a hacer mi trabajo para asegurarme que ellas puedan estar en el escalón más alto del podio. Pero, por supuesto, también voy a buscar esas oportunidades para lograrlo.

Quizás sea ahí en donde se pueda poner en cierto modo el único pero a la brillantísima primera temporada de Fisher-Black en el equipo neerlandés. Y es que, en una temporada plagada de múltiples clásicas, pruebas de un día y por etapas, rayó constantemente a gran nivel trabajando en favor de sus compañeras y cosechando notables resultados, a Niamh solo le faltó disfrutar de una oportunidad y culminar el año con una victoria (de la que estuvo especialmente cerca en la Vuelta a Burgos). Una chispa que parecía no tener fin, hasta que de repente terminó por desfondarse, pero que aun así le sirvió para imponerse holgadamente como mejor joven del circuito UCI WWT.

«Tanto yo como mi equipo admitimos que al final de la temporada pasada estaba un poco pasada, acabé cansada. Obviamente es por esto por lo que digo que probablemente afrontaré esta temporada de una manera un poco diferente, con el objetivo de asegurarme que puedo encontrar un buen equilibrio entre el descanso, los entrenamientos duros y las carreras. También tengo que ser consciente de que todavía soy joven y que el año pasado fue mi primera temporada completa. En 2020 ya competí todo el año, pero esa fue solo media temporada por la COVID.

Así que, creo que no debía nunca haberme esperado que pudiera rendir bien durante todo el año. Eso es algo en lo que mejoraré poco a poco a medida que envejezca y madure como deportista. No diría que tengo demasiados rituales previos a la carrera. Aunque siempre hay cosas que haces, que forman parte de tu rutina previa a la carrera. Como las cosas que comes o que haces en el autobús, como poner tus dorsales. Pero una cosa muy pronta es que siempre estoy lista pronto. Casi siempre estoy allí sentada en el bus con el casco y las zapatillas puestas antes que nadie. Siempre me ha gustado estar preparada con mucho tiempo de sobra. Así no hay estrés».

Y ello supone que también de cara a la temporada que ha comenzado la ciclista del SD Worx perfilará un poco más sus objetivos: «Como ya he dicho antes, en 2022 abordaré la temporada de manera un poco diferente. Creo que el año pasado, solo traté de ser buena en todas las carreras, pero para este año me he dado cuenta de que hay algunas carreras en las que quiero estar un poco mejor. Y algunas carreras para las que probablemente necesite tomarme un poco de tiempo para recuperarme durante la temporada. Diría que mis objetivos van a estar en nuestra semana de las Ardenas, en las clásicas ardeneras. Y luego, probablemente, vuelva a estar muy fuerte para más adelante en la temporada, para el Giro Donne».

Un Giro Donne en el que ya sabe lo que es subirse al podio como mejor joven y en el que ha sido capaz de finalizar entre las diez mejores de la general. Unos resultados que invitan a soñar con días gloriosos si mantiene su progresión. Una mejoría que Niamh tiene claro que puede y de donde ha de provenir: «Aún tengo margen de mejora, por supuesto. Todavía me estoy descubriendo a mí misma como ciclista. Pero incluso de un año para otro veo grandes mejoras en mis habilidades y también en mi sentido táctico en carrera, aunque aún necesito mejorarlo. Creo que la clave de mi progresión va a estar en encontrar el equilibrio entre el entrenamiento y todo lo demás; en asegurarme de que estoy bien y de cuidarme, de hacer de manera adecuada todo aquello que es elemental, todo lo que forma parte de lo básico. Y una vez logrado eso, entrenar y competir. Asegurarme que la nutrición sea correcta, también de adquirir la capacidad para leer las carreras y ahorrar lo suficiente para la parte final de estas, de moverme en los lugares y momentos correctos y cosas así por el estilo. Esas son las cosas en las que todavía estoy aprendiendo en el día a día. Así que, espero que este año pueda lograr grandes avances en estos aspectos».

¿Y en qué momento en su espectacular pero constante progresión pensó Fisher-Black o cuando se dio cuenta de que podía ser una ciclista profesional? «Creo que es algo extraño porque viniendo desde Nueva Zelanda, es algo que realmente tuve que desear desde una edad muy temprana. Tienes que viajar hasta el otro lado del mundo si quieres ser profesional, tienes que comprometerte de verdad. Creo que cuando era junior en Nueva Zelanda me di cuenta de cuánto disfrutaba de esto, disfrutaba viendo carreras en el extranjero, en Bélgica y otros sitios y me di cuenta de que esto era realmente lo que quería. Cuando vine por primera vez a Europa, en mi primer año aquí, tras haber competido en mis dos primeras carreras menores en Bélgica, que eran una especie de kermés, yo ya estaba segura de que esto era lo que quería, de que quería convertirme en profesional. Fue genial, me encantó. Seguramente la mayoría de la gente me miraría y pensaría, que no era el tipo de ciclista adecuada para las pruebas belgas y cosas así, pero me daba igual. Me gustó y yo ya sabía que quería convertirme en un profesional».

La pasión o el disfrute por el ciclismo comenzó muy pronto, casi tanto como sus primeros pasos y pedaladas en una bicicleta. «Comencé bastante joven. Al principio solo montaba con una pequeña bici de montaña, pero siempre he sido bastante competitiva porque tengo un hermano menor que es un año menor que yo [su hermano es también ciclista profesional, Finn Fisher-Black] y teníamos la típica rivalidad entre hermanos. Luego comenzamos a participar en unas pequeñas pruebas de ciclismo en pista al aire libre, pero lo hacíamos en nuestras pequeñas bicis de montaña. Ahí fue cuando comencé a competir, tenía unos siete u ocho años por aquel entonces. Luego, cuando tenía 11 o 12 años, seguí progresando y comencé a participar en pruebas de ciclismo en carretera. En Nueva Zelanda tenemos unas competiciones denominadas “carreras escolares” en la que corremos representando a nuestra escuela. Y ahí es donde ya se puede decir que comenzó todo comenzó para mí, cuando empecé a correr y representar a mi escuela».

Aunque ahora el ciclismo neozelandés goce de un prometedor futuro y presente optimista, con la generación joven liderada por Fisher-Black, Harvey o Harris, hace no tanto tiempo, poco más de un lustro, era habitual ver a una mujer pasear el helecho plateado sobre fondo negro – símbolo y endemismo neozelandés– en los podios de los campeonatos del mundo, hasta el punto que en Richmond 2015, Linda Villumsen lograba por fin (tras cinco medallas previas) el arcobaleno de la especialidad contra el reloj. A pesar de que Niamh todavía era una precoz adolescente se acuerda perfectamente de ello: «Me acuerdo de ello. Fue genial. Estaba comenzando en el ciclismo, apenas me estaba comenzando a interesar por él, tenía interés en la vertiente femenina de las cosas o de los deportes y tener a una mujer kiwi logrando un éxito tan mayúsculo fue genial. En términos de su reconocimiento en Nueva Zelanda, no fue algo grande, ya que probablemente no reciba tanto reconocimiento como lo harían logros como este en los países europeos porque en Nueva Zelanda el ciclismo no es un deporte grande. Se siguen con especial atención otros deportes. Incluso a día de hoy, no se nos reconoce mucho como ciclistas. Pero es un deporte en crecimiento; está llamado a darse un mayor reconocimiento en Nueva Zelanda».

Un éxito mayúsculo que, aunque no fuera tan mediáticamente seguido a lo largo de todo el país, sí que supuso un impacto importante para entorno ciclista neozelandés. Las jóvenes ciclistas tenían una posible referente, un ideal a seguir, que había demostrado que a base de tesón y perfeccionismo – no resulta baladí recordar el cuidado de los detalles de Villumsen, hasta el punto de optar por no competir con la bicicleta de su equipo de carretera en aquella mágica jornada – a veces los sueños se cumplen. Y más o menos ese fue el caso para la joven del SD Worx: «Sí, por supuesto. Al ver su victoria, de alguna manera te das cuenta de que como deportista de Nueva Zelanda y a pesar de estar tan lejos de todo, estos grandes resultados aún se pueden lograr. Lo bueno que tiene Nueva Zelanda es que es un país muy pequeño con una población pequeña. Así que al final todo el mundo se conoce entre si. Yo conocía a gente que conocía a Linda Villumsen e iba a algunas carreras en las que ella también podía ir o había participado antes. Recuerdo que antes de acudir a una de mis primeras competiciones en carretera, antes de la prueba esperaba que Linda estuviera allí. No creo que estuviera allí, pero una sensación tremenda pensar que podrías estar compitiendo junto a esas ciclistas de primer nivel».

Y fue en esas carreras donde Niamh fue alimentando su sueño, donde poco a poco y pacientemente fue cimentando su progresión y transformándose hasta dejar de pasar desapercibida en los reducidos pelotones del circuito formativo junior neozelandés, donde compartió colores con la que después sería su compañera en Europa, Mikayla Harvey. 

«La situación del ciclismo junior en Nueva Zelanda no es espectacular, pero tenemos algunos pequeños pelotones con las ciclistas que competimos. Siempre he sido bastante baja, también lo era de más joven. Además, cuando la gente pegaba el estirón o se desarrollaba, cuando llegabas a la pubertad y demás, siempre iba un poco más atrasada que el resto. Así que, al principio siempre me vencían, no ganaba mucho. Cuando terminé por desarrollarme y me puse al día respecto a las demás, comencé a demostrar que tenía algunas fortalezas y talento para la bici. Creo que mucha gente se sorprendía de cómo una corredora tan pequeña podía ser tan potente. Eso me dio cierta confianza, que la gente viera eso en mí. Y como dices, Mikayla Harvey y yo terminamos siendo compañeras de equipo en Bigla. También fuimos compañeras de equipo en un equipo junior chiquitito en Nueva Zelanda, que de hecho lo gestiona el padre de Mikayla. Su padre hace mucho, ayuda en gran medida al ciclismo junior femenino neozelandés, con este equipo local que compite también en algunas carreras australianas menores. Así fue como empecé y Mikayla Harvey también».

Pero todo comienzo termina también por tener un final y llegó el momento en que a Fisher-Black comenzó a quedársele pequeña la escena neozelandesa y ambicionó con nuevos objetivos. «Acabé el instituto y luego, al año siguiente, estaba firmemente decidida a irme a Europa. Así que simplemente puse todo mi empeño en eso. Todos mis amigos iban a marcharse a la universidad y yo estaba así. Quería ahorrar dinero para irme a Inglaterra. Tengo familia en Inglaterra, así que cuando vine a Europa me fui con ellos primero».

Un paso enorme en la vida de Fisher-Black, abandonando el hogar familiar y de sus progenitores, aunque se fuera a casa de sus tíos, en el que su determinación fue decisiva para suavizar o anestesiar de la despedida. «No recuerdo muy bien cómo fue la despedida con mis padres. Pero no creo que fuera muy mala porque creo que obviamente mis padres sabían lo decidida que estaba para lograr este sueño. Creo que quizás sabían desde hace mucho tiempo que eso era lo que yo quería y lo que había planeado así. Así que, creo que ellos en ese momento estarían orgullosos de mí por haber dado el paso por mí misma de marcharme a Europa».

Sin grandes sentimentalismos, dejando entrever su yo más introvertido y racional, pero con una maleta de sueños fue como Niamh deshizo el trayecto que un día vislumbro e iluminó el navegante James Cook para plantarse en la capital de Inglaterra y del Reino Unido. Un lugar, el centro de Londres, que quizás como también nos reconoce la corredora, no sea el idóneo para montar o al menos entrenar en bicicleta. Y dicho trayecto implicaba tener que afrontar algunos cambios, entre ellos en los entrenamientos, teniendo también que buscar equipo, grupo de entrenamiento o cambiar rutinas o hábitos alimenticios.

«Me mantuve con el entrenador que tenía en Nueva Zelanda. Así que tuvimos que lidiar un poco con la diferencia de zona horaria, pero estuvo bien. En Londres entrenaba principalmente sola. A veces salía a rodar con mi tío, que me enseñaba algunas de las carreteras de Londres, pero es difícil entrenar en Londres. Siempre estaba tratando de abrirme paso entre el tráfico o tratando de salir de la ciudad con algún tren para ir a entrenar a las colinas o así. Y hacía cualquier cosa que pudiera para marcharme de Londres e ir a algunas carreras. Así que ahora me resulta bastante lujoso vivir en España donde ahora es bastante agradable entrenar».

Competir era su gran objetivo, tener la oportunidad de mostrar sus cualidades en carrera, para lo cual Fisher-Black fue anticipando gestiones hasta conseguir enrolarse en las filas del equipo Torelli-Assure. «Recuerdo que cuando todavía estaba en Nueva Zelanda hacía todo cuanto podía para enviar mensajes o llamaba a gente desconocida en Inglaterra, preguntándoles si tal vez podría competir en su equipo o algo. Y con el tiempo, conseguí contactar con este pequeño equipo local en Inglaterra que me dijo que podía correr para ellos en el calendario local. Así que solo pensé que iba a aprovechar esa oportunidad. 

«Fui e hice el calendario local en Inglaterra. Era el equipo de un club pequeño, no tenían mucho apoyo, todo se hacía en su mayoría en términos de autosuficiencia. Hice algunas buenas amistades y también pudimos disputar algunas carreras en el extranjero. Pero también aproveché todas las oportunidades que se dieron para correr como ciclista invitada en otros equipos menores, ya que algunos de esos equipos menores [conocidos frecuentemente como club teams] podrían participar en algunas pruebas de estatus UCI. Así que, en aquel momento estaba al acecho ya que podía correr como invitada para cualquier equipo y competir en algunas carreras menores del ranquin UCI. También hubo un momento del año en que un equipo de Nueva Zelanda vino por un período corto de tiempo, durante el cual yo también corrí para ellos en algunas de esas pruebas UCI. Fue literalmente un año de aprovechar cualquier oportunidad que pudiera tener para competir, incluso simplemente la de correr en una kermés en Bélgica, en cualquier oportunidad que pudiera. Al final valió la pena porque la gente comenzó a percatarse de mis resultados y de cómo lo que estaba haciendo en las carreras».

Y así pasó a competir en pruebas ciclistas que en poco se parecían a las que ella había disputado hasta entonces, o al menos en términos numéricos. Un cambio que implicaba un esfuerzo notorio para adaptarse a rodar en estos nuevos pelotones, pero no tanto en cuanto a la técnica sobre la bici, donde Niamh contaba ya con buenas cualidades merced a su buen historial de pista y en otras modalidades de ciclismo, sino a la táctica de moverse en los mismos de forma eficiente.

«En cuanto a la sensación de rodar en pelotón no tuve ningún problema, de inmediato me encontré bastante cómoda con eso. Me manejo bien encima de la bicicleta. He competido en ciclismo en pista de Nueva Zelanda, así que ya estaba acostumbrada a correr muy pegada a otras corredoras. El cambio residía más en acostumbrarse a moverme por el pelotón o grupo principal, asegurándome de estar en cabeza para poder estar en los movimientos. Porque a menudo, muy a menudo en esas primeras carreras, vi como se escapaba la carrera delante de mis narices porque estaba demasiado retrasada en el pelotón. Pero se aprende pronto».

Y así, poco a poco, Niamh fue moviéndose con mayor soltura en los pelotones, lo que permitió comenzar a mostrar esa garra, esa actitud combativa en carrera, casi pasional, que ahora mismo nos tiene acostumbrados a ver y que contrasta notoriamente, como si de un yin y yang se tratase, con la persona introvertida y racional que aparenta y afirma ser. Una actitud que no pasó desapercibida para el conjunto Bigla, en donde ya estaba su compatriota Mikayla Harvey. ¿Casualidades de la vida? ¿O tuvo ella algo que ver?

«Obviamente Mikayla estaba en el equipo, pero no creo que ella pudiera hacer algo como corredora del equipo para que yo fuera allí. Todavía tenía que demostrar mi valía como ciclista. Para ser exactos, hubo una carrera en la que coincidí con el Bigla, que fue el Women’s Tour of Scotland. Esa fue la primera vez que el manager del Bigla me vio correr. Creo que se quedó bastante impresionado por mi forma de correr; yo fui bastante agresiva en la carrera, siempre estuve probándolo, lanzando algunos ataques. Y era solamente una corredora en un “club team”. Recuerdo una vez que me dijo que Mikayla y él conversaron un rato sobre mis ataques durante la cena después de la carrera y que le preguntó a Mikayla sobre mí». 

«Después de eso se puso en contacto conmigo y me dijo que podían estar interesados en mi. El equipo me hizo algunas pruebas, algunos test para comprobar y valorar cómo podía rendir. Creo que Thomas Campana quedó satisfecho con los resultados y me dio la oportunidad, la oportunidad para competir con ellos durante 2020».

Llegó 2020, su primera temporada completa con el conjunto Bigla-Katusha, y desde primeras de cambio, Fisher-Black no decepcionó. Antes del hiato pandémico alzaba los brazos en Cambridge (sede de los nacionales neozelandeses) para erigirse portadora del helecho plateado. Con emoción aún en su voz nos reconoce el lugar tan especial que ocupa en su memoria aquel día: «Es un día muy especial. Creo que si hablas con cualquier deportista siempre te dirán que, a lo largo de su carrera, tuvieron alguno de esos días especiales. Ya sabes, esos días, en que todo sale bien y el viento te empuja al final. Es una sensación buenísima la que se tiene tras ganar una carrera como esa. Además, solo era solo mi segundo campeonato nacional como corredora élite. Recuerdo claramente la sensación de ponerme el maillot de campeona nacional y darme cuenta de que iba a poder llevarlo durante el resto del año. Y que también iba a poder llevar para siempre las bandas de campeona nacional en mis brazos. Fue sensación muy especial la que tuve al representar al “fern” [el helecho plateado, símbolo neozelandés] y llevarlo por Europa, en todas las carreras en el continente europeo en mi primer año como profesional. Fue genial. Me dio un buen impulso y me ayudó a abrirme paso, ya que la gente me reconocible vistiendo el maillot de campeona nacional».

Niamh no es una persona que crea en el destino; si acaso en que las cosas suceden en cierta medida de un modo aleatorio. Y casualidades de la vida, de una manera un tanto aleatoria fue como esta joven neozelandesa iba a vivir el que probablemente haya sido el gran punto de inflexión es su corta carrera deportiva. En 2020 participó en el Giro Rosa, prueba que terminaría de catapultarla a lo más selecto del pelotón, cuando su entonces compañera de equipo Clara Koppenburg se vio obligada a renunciar a la carrera en el último minuto debido a una lesión en el pie. 

«Sí, definitivamente lo fue. Recuerdo esa semana, recuerdo la semana anterior cuando el equipo me dijo que no correría el Giro Rosa. Estaba muy triste y decepcionada. Pasé unos días en casa y justo dos días antes de que comenzara el Giro Rosa recibí una llamada diciendo que tenía que ir. Así que, allí estaba feliz, pero al mismo tiempo muy nerviosa, porque me encontraba conduciendo en dirección hacia el Sur de Italia un día antes de comenzará el Giro, el primero de mi vida, la prueba por etapas más larga que jamás iba a poder correr. Sentí mucha presión. Fue como tirarme a la piscina casi sin agua y creo que fuimos conscientes de ello. No comencé el Giro muy bien, pero conforme avanzaban los días me iba encontrando cada vez mejor».

«Y sí, claramente fue un punto de inflexión para mí, porque me di cuenta de la corredora que puedo llegar a ser, de que puedo encontrarme fuerte al final de una prueba por etapas de más de una semana. Y lo vimos en la última etapa donde conseguí mi mejor resultado». Fue segunda en Motta Montecorvino, donde ferozmente demarró en los metros finales, viéndose únicamente superada en los instantes finales por la francesa Évita Muzic. «Fue una carrera que marcó un antes y un después para mí. Creo que mucha gente empezó a darse cuenta de quién era yo. Una joven corredora, enfundada en el maillot de campeona nacional, realizando buenísimas actuaciones en su primer Giro. Supuso un gran estímulo a mi confianza en mí misma».

Y después de la tempestad llega la calma. Pero al ciclón Niamh le siguió una tormenta, la de la desaparición de su equipo; en aquel momento ya denominado Paule Ka, tras no aportar los fondos de patrocinio acordados con la marca francesa de moda. Un revés tremendo tras su fulgurante Giro Rosa, que dejaba a Niamh en la estacada con un futuro prometedor, pero tremendamente incierto. 

Por supuesto, en ese momento tras el anunció del equipo estaba asustada y como equipo fue algo muy triste. Habíamos hecho muy buena piña y creo que habíamos demostrado que, pese a ser un equipo continental modesto, éramos un equipo fuerte y potente, que teníamos algunas corredoras muy buenas y que teníamos el potencial necesario para ser un equipo puntero la temporada siguiente. «La noticia de que el equipo no iba a continuar nos cayó como un jarro de agua fría, nos sorprendió a todas. Fue un momento muy estresante, porque todas nosotras estábamos muy unidas y queríamos apoyarnos mutuamente y ayudarnos a buscar equipo. Pero a la vez también necesitábamos pensar en nosotras mismas y lograr encontrar un equipo. Fue un momento extraño, pero al final creo que todas nosotras conseguimos acomodo en equipos muy buenos. Fue algo que tenía que suceder, todo salió bien al final».

Y si todo sale bien al final, si lo mejor aún está por llegar, veremos a esta joven corredora escribiendo ataque a ataque gratas páginas en la historia del ciclismo. Pero antes de que eso suceda, ponemos a Fisher-Black en la difícil tesitura de tener que escoger entre vencer en el Giro Donne, Tour de Francia, Juegos Olímpicos, campeonatos del mundo o en una clásica (a su elección). A pesar de la duda, finalmente se decanta: «Es tan difícil escoger uno. Me encantaría ganar una de las Vueltas Grandes, como el Tour de Francia. Pero también me encantaría ganar una clásica, mi favorita es Strade Bianche».

Escrito por Diego Martín (@MartinTheCaleb)
Foto: ©gettysport / SD Worx

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