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Estonia, tierra de ídolos ciclistas

La victoria de etapa en Picón Blanco y consecuente liderato de Rein Taaramäe en la Vuelta a España ha vuelto a poner al ciclismo estonio en primera página. La pequeña república báltica, que formó parte de la extinta y poderosa Unión Soviética, ha dado pocos, pero muy interesantes nombres al ciclismo de élite. Ciclistas que, por alguna extraña razón que se escapa de los límites de lo objetivo o empírico, suelen ser objeto de admiración o fijación de muchos aficionados.

Si echamos la vista atrás, a los tiempos en que el poderoso rojo soviético domeñaba el panorama amateur, excluidos de las grandes competiciones del otro lado del Telón de Acero, el gran nombre del ciclismo estonio era el gran Aavo Pikkuus.  Una leyenda del deporte en su país, logrando grandes hazañas en los años 70. Exitoso en el plano individual, triunfando en la mítica Carrera de la Paz en 1977, el campeonato soviético en cuatro ocasiones o el Circuito de La Sarthe en Francia y el Giro de las Regiones en Italia. Pero también imperial en cuanto a hitos colectivos, tan valorados en la cultura soviética, llegando a ser campeón olímpico de crono por equipos en Montreal 76 y campeón mundial de la misma disciplina en San Cristóbal, Venezuela, en 1977.

En el plano de las curiosidades, llama la atención el trío de estonios que llegaron a militar en el conjunto español Kelme en 1989. En plena Perestroika, la marca de ropa deportiva quería reforzar su presencia en los países del este, y fueron varios los ciclistas que pudieron saltar al pelotón profesional de la mano de los verdiblancos. Arvi Tammesalu, Riho Suun y Toomas Kirsipuu, formaron parte de aquel equipo en el que brillaban los Fabio Parra, Pedro Saúl Morales o José Recio. De ellos, el más destacable es sin duda Riho Suun, quien acumuló un interesante palmarés en la década de los 80, venciendo cinco etapas en la Carrera de la Paz o una en el Tour del Porvenir, entre otras, además de ser importante compañero de leyendas del ciclismo soviético como Barinov o Soukho.

Pero quien sin duda abrió la espita del éxito ciclista para una Estonia de nuevo independiente, fue el espectacular velocista Jaan Kirsipuu, corredor por el que he tenido especial admiración. Hermano pequeño del citado Tomas, Jaan acumuló a lo largo de su carrera más de un centenar de victorias, logradas en su mayoría en el seno de la estructura del actual AG2R (antes Chazal o Casino), donde militó desde 1992 hasta 2004. Cuatro etapas en el Tour de Francia, una en Vuelta a España, dos en París Niza, ocho en el Tour de Polonia, y un sinfín de éxitos parciales en las siempre competidas carreras del calendario galo, adornan un palmarés al alcance de muy pocos. Además, tiene el honor de ser el único ciclista de su país en haber llevado el amarillo del Tour, prenda que mantuvo durante seis jornadas en el Tour de 2000. Velocista puro, de esos que sufre para subir un puente y que no se lo piensa cuando ve llegar las montañas. Prueba fehaciente de ello es que nunca acabó una grande, pese a haber tomado la salida en quince, doce de ellas en la Grande Boucle.

Francia ha sido en los últimos años la puerta por la que el ciclismo estonio ha ido entrando a la élite europea. Por sus equipos, carreras y rutas se hicieron un nombre los Janek Tombak, Gert Jõeäär, Alo Jakin o el llorado Lauri Aus, quien murió atropellado por un conductor borracho mientras entrenaba cuando era corredor del AG2R.

En época reciente, un dúo de ciclista estonios ha dado grandes momentos a los aficionados de la república báltica. Hablamos de Tanel Kangert y Rein Taaramäe. Trayectorias paralelas. Ambos debutaron en Francia, en 2007, como stagiares, Rein en Cofidis, Tanel en Ag2R. Los dos probaron a meterse en las generales de grandes vueltas, siendo su techo el mismo, la 11ª posición: la de Taaramäe en el Tour de 2011 y la de Kangert en la Vuelta de 2013. En cuanto a sus diferencias, también muchas. Kangert más regular, más diésel, buen escalador, pero también notable en la lucha contra el crono, ciclista muy valorado por los grandes equipos para acompañar a líderes de la talla de Vincezo Nibali, Fabio Aru, Rigoberto Urán o Simon Yates. Taaramäe más valiente, más escalador y combativo, y por tanto más ganador. Ciclista que brilla cuando le dan libertad, y que, a tontas y a locas, se ha labrado un bonito palmarés, con dos etapas en la Vuelta y una en el Giro y generales como la Vuelta a Burgos, Arctic Race o Tour de l’Ain entre otras. Y, por supuesto, recogiendo el legado de Kirsipuu para liderar una gran vuelta, el primer estonio de rojo en la Vuelta.

Las nuevas generaciones de ciclistas estonios parecen seguir la inspiración del gran Jaan Kirsipuu, y es en el embalaje donde muestran sus mejores armas. Es el caso del actual campeón nacional, el carismático Mihkel Raïm, quie, aunque este año ha sufrido para encontrar equipo y volver al calendario continental con los polacos del Mazowsze Serce, ha demostrado tener nivel más que de sobra para estar en categorías mayores. O el corredor de BORA Martin Laas, que ya se ha metido en sprints de la presente Vuelta a España y que este año ya se ha anotado parciales en Tour de Estonia y Arctic Race. Incluso Aksel Nommela, del Bingoal, cuenta con buena punta de velocidad, aunque aún se encuentra un escalón por debajo de sus compatriotas. Y entre los más jóvenes que empiezan a dejarse ver, destacaremos a más velocistas: Karl Patrick Lauk, que milita en la filas del filial de Groupama-FDJ, y el campeón nacional junior, Madis Mihkels.

Antes de cerrar este repaso por el atractivo ciclismo estonio, miremos al deporte femenino, pues ahí brilla un nombre por encima de todos, el de Erika Salumäe, leyenda de la velocidad en el velódromo, especialidad de la que fue campeona olímpica en dos ocasiones, en Seúl 88 y Barcelona 92 y doble campeona del mundo en Viena 87 y Lyon 89. En la ruta, destacaremos el nombre de Grete Treier, ocho veces campeona nacional en los inicios del s.XXI, y ganadora de varias pruebas del calendario europeo, como el Tour de Limousin.

Al igual que sus vecinas Letonia y Lituania, Estonia va ofreciendo nombres a la memoria ciclista con cuentagotas, pero cada una de esas gotas aportan mucho sabor. Sirva este somero repaso como homenaje a un ciclismo y una bandera que ha podido lograr un nuevo hito en su historia deportiva con los éxitos de Rein Taaramäe en la Vuelta 2021.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto:
Sirotti

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