Historia

Fabio Roscioli: pundonor y raza de un italiano infatigable

Desde sus inicios como profesional, Fabio Roscioli, nacido en Grottamare (Le Marche) en 1965, llamó la atención a los aficionados por múltiples motivos. El joven corredor que debutaba a finales de los 80 en el Ceramiche Ariostea, destacaba por sus gafas redondas, que recordaban a aquellas que hizo famoso el añorado Beatle John Lennon. Su figura evolucionaría a la de un veterano ciclista de finales de los 90 que destacaba por su larga melena rubia recogida en una coleta al viento, ya sin las gafas de sus comienzos y con una expresión tan sonriente fuera de carrera como guerrera dentro de ella. Pero si por algo “Rosco” se ganó la admiración de los aficionados, fue por su estilo de ataque, siempre buscando la machada casi de salida y poniendo en jaque día sí, día también, a los equipos que querían controlar la carrera. Pese a tener una buena punta de velocidad, la mayoría de sus once victorias como profesional terminaron con el italiano cruzando la meta en solitario después de grandes cabalgadas individuales.

Debutaba en 1988 con el ya citado equipo Ariostea, recordado por su original maglia rojigualda y en el que militaban ciclistas míticos como Rolf Sorensen o Bruno Cenghialta. En ese año, ya mostraba sus buenas cualidades al acabar cuarto en la Milán-Sanremo que vencía Laurent Fignon, con el que compartía cierto parecido físico debido a la forma de sus gafas. Así empezaría un periplo por algunos de los equipos italianos más combativos y conocidos de la época; pasando por el Del Tongo de Franco Chioccioli, Maurizio Fondriest, Franco Ballerini o un debutante Mario Cipollini en los años 1990 y 1991, con los que su mejor resultado sería un segundo puesto en la actual E3 Harelbeke, para después saltar al inolvidable Carrera de Chiappucci, Stephen Roche o Marco Pantani.

En el potente equipo de Davide Boifava llegaría la primera victoria profesional del bravo corredor transalpino, y no podía ser de mejor manera. El Tour de Francia de 1993 afrontaba una etapa entre la estación de Isola 2000 y la ciudad de Marsella, dando por finalizada la batalla alpina de los días anteriores, de la que Miguel Induráin saldría de líder tras su duelo con Rominger, reforzado en su moral de cara a conseguir su tercer amarillo consecutivo en París. Fabio Roscioli lanzaba un ataque en solitario en el kilómetro 75 de una etapa de 287km. Por detrás se formaría un grupo en persecución con grandes nombres como Jalabert, Ghirotto, Abdoujaparov, Ballerini, Tafi o Ludwig, que en ningún momento conseguía encontrar entendimiento para alcanzar al loco que se había ido por delante. 200 kilómetros después, Roscioli entraba en Marsella con más de siete minutos sobre sus perseguidores, celebrando una victoria épica tras nada menos que siete horas y media de carrera. El bueno de “Rosco” entraba en la historia por la puerta grande.

En 1994 cambiaría de aires, para recalar en la Brescialat, escuadra en la que realiza una gran temporada en cuanto a resultados, anotándose victorias de prestigio como la general de los Tres Días de La Panne, una etapa de la Vuelta a Suiza, y otra de la extinta Settimana Siciliana.

Un año después, se va junto al manager de Brescialat, Primo Franchini, al nuevo equipo Refin-Cantina Tollo, Con ellos lograría en 1996 un gran triunfo en la semiclásica italiana Milán-Vignola (actual Gp.Bruno Beghelli), llegando, cómo no, en solitario. Además, conseguiría su único triunfo en la especialidad de contrarreloj haciendo pareja con Daniele Nardello en el Gran Premio de Europa.

En 1997 vuelve a la estructura de Davide Boifava, bajo el nombre de Asics, donde volvía a coincidir con antiguos compañeros como Claudio Chiappucci. Los resultados no le acompañan, pues en los dos años que corre en el equipo, solo logra la general de la Hofbrau Cup en Alemania en 1997. Aunque ese mismo año estaría a punto de lograr un triunfo en el Giro de Italia en Dalmine, al quedar segundo en una fuga de veinticinco corredores rematada por el veterano Fabiano Fontanelli.

En 1999 llega un momento muy duro, pues tiene que ser operado de un problema cardiaco que pone en riesgo su continuidad en el ciclismo. A pesar de la preocupación inicial, todo sale bien y consigue un nuevo contrato en el Amica Chips – Costa de Almería, dirigido por su antiguo compañero en Ariostea, Bruno Cenghialta, y en el que también se encuentra el Diablo Chiappucci.  El pundonor de Roscioli le lleva, tan solo un par de semanas después de la operación, a lograr una victoria que, sin ser la más grande, es recordada como la más emotiva de su carrera, al llegar en solitario a Oviedo en la última etapa de la 43ª edición de la Vuelta Ciclista a Asturias. Pero no se acabarían ahí sus éxitos en ese año.

En la Vuelta a España, volvió a hacer gala de su combatividad, siendo segundo en Zaragoza tras Serhiy Utchakov, y unos días después conseguiría una victoria de prestigio en la ronda española, tras llegar fugado junto a Massimiliano Lelli en un circuito urbano por las calles de Barcelona que generó gran polémica, puesto que la lluvia y la peligrosidad del mismo amagó con suspender la etapa y con un parón del pelotón encabezado por los equipos españoles.

Costa de Almería se unía a Jazztel en el año 2000 para patrocinar al equipo de Miguel Moreno. Ya en el declive de su carrera, el bueno de Fabio todavía tenía alguna bala en la recámara para deleitar a los aficionados. Llegó un día que marcó su carrera profesional más incluso que sus victorias, aquella etapa de la Vuelta con final en Xorret del Catí. Roscioli se había escapado a más de 100 kilómetros de meta, fiel a su estilo. El pelotón se confió y dejó que el italiano fuera adquiriendo más y más ventaja, llegando a superar los doce minutos de renta. El italiano parecía encaminado a lograr una victoria increíble para el Jazztel-Costa de Almería, en una cima que solo había sido conquistada anteriormente por el legendario “Chava” Jiménez. A pesar de sufrir una caída, con pinchazo en la rueda trasera, llegaba a pie de puerto con siete minutos de ventaja. Parecía imposible que se le pudiera escapar el éxito. Pero entonces, cuando la carretera se empinaba, todos los espectadores nos quedábamos asombrados viendo a Roscioli completamente atrancado, dando chepazos y yendo literalmente de lado a lado de la carretera. En poco más de cuatro mil metros, los siete minutos se esfumaban y “Rosco” veía como era superado por Eladio Jiménez, vencedor final de la etapa y por varios corredores más, terminando decimotercero.

Después se sabría la razón del naufragio del italiano del equipo de Moreno. Tras la caída, al cambiar la rueda trasera, le habían puesto un piñón de 23 dientes en lugar del que llevaba, de 27, formando un desarrollo imposible de mover para el rodador transalpino en unas rampas tan duras. Una derrota dura y decepcionante, que en realidad le convirtió en héroe y consiguió ganarse el cariño de muchísimos seguidores después de aquella jornada épica.

Aún correría en 2001 con el Jazztel-Costa de Almería, aunque ya en claro declive y sin buenos resultados. Tras su retirada, se instaló en Pamplona, enamorado de la ciudad (y de una pamplonica) desde que empezó a correr en España. Durante su carrera profesional había conseguido sacarse los títulos de instructor de spinning, así que, colgada la bicicleta, decidió abrir su propio gimnasio en la capital navarra, en la que reside y trabaja a día de hoy.

Escrito por: Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)

Publicado originalmente en roadandmud.com

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