Historia

Federico Martín Bahamontes, 94 años de historias

No hay mito más grande en la historia del ciclismo español. Los hoyuelos de su sonrisa delataban una forma de ser fanfarrona, repleta de ego, anécdotas de todos los colores y una leyenda que le perseguirá mientras viva. Incluso más allá. El helado fue casi más famoso que la consecución del primer Tour para España, recibido como un héroe en su Toledo natal a lomos de un descapotable y el gentío que le aclamaba como si se tratase de la visita del mismísimo Caudillo. Cuentan que ni siquiera las visitas del general tenían tanta trascendencia por allí. Apodo el del ‘Águila’ que tuvo mucho que ver con la época que se estaba viviendo. La montaña, la bandera, el régimen. Un devorador de cimas que estuvo en el punto y momento indicado siempre. 

“De haber sido francés, hubiese ganado más de un Tour”. Es una frase que el toledano espetó en más de una ocasión a los micrófonos. Es cierto que el ciclismo español de la época flaqueaba en moral y determinación, el sentimiento de inferioridad atenazaba los nervios y aplastaba las buenas condiciones que muchos corredores, por supuesto, tenían. Bahamontes tenía claro que en Francia se favorecía a los franceses. Un principio chauvinista que tuvo su punto culminante cuando el fino escalador explicó su sospecha sobre todo un mito, Jacques Anquetil. La leyenda cuenta que una tarotista le afirmó que iba a morir, lo cual añadido a lo supersticioso del francés, le hizo subir y bajar Envalira con todo tipo de miedos. Después recuperaría tiempo y finalmente ganaría el Tour. Fede siempre sostuvo que la organización le montó en un coche durante aquel descenso. 

Fue un joven polémico, con rivalidades por todas partes. Aún recuerdan algunos su enfrentamiento con el difunto Julio Jiménez en directo ante los micros de la Cadena Ser durante una Vuelta a España. Que el abulense fuese gregario de su archirrival Anquetil tal vez tuvo algo que ver. Y que ambos luchasen por ser considerados los reyes de la montaña, también. Sin embargo, su gran rivalidad es la recordada con Jesús Loroño. En el equipo español, capitaneado por el también mítico Luis Puig, surgieron las rencillas entre ambos ciclistas, ambos considerados entre los mejores de aquella generación. Talentos enfrentados y objetivos coincidentes. Saltó a la prensa y el país se vio obligado a elegir entre uno u otro. Blanco o negro, Jesús o Federico. Algo que tuvo una magnitud ciertamente parecida, aún con menor hype y leyenda, con la rivalidad entre Abraham Olano y ‘Chava’ Jiménez en la Vuelta a España de 1998. 

La anécdota del helado es, sin duda, la que más ha llamado siempre la atención. En el imaginario popular quedó que el toledano iba tan sobrado que paraba en lo alto de los puertos a tomarse un helado. Nada más lejos de la realidad, aunque a nuestro protagonista le encantase que ese tipo de historietas sobre su persona circulasen. Todo sucedió en el col de la Romeyere, extinto para el Tour de Francia desde el año 1985. En los ’50 se ascendió en dos ocasiones únicamente. Y en una de ellas Bahamontes llegó con un radio roto a la cima. Había que esperar al coche del equipo, por lo que el ciclista trató de refrescar su bidón de agua. Clásica camioneta de helados en lo más alto del puerto, por lo que el objetivo estaba claro. Después nunca quedó claro si el ganador del Tour de 1959 se tomó el helado o simplemente se acercó para rellenar su botella. 

Lo que no era un mito era su escasa capacidad para los descensos. Un susto en la bajada de Pajares, en Asturias, por quedar colgado de un quitamiedos le afectó tanto que en ocasiones perdía lo ganado subiendo en las bajadas. Le lastró en sus opciones de ganar grandes vueltas, donde las etapas de montaña tenían importancia capital en sus aspiraciones. Por ello, se dedicó más al maillot de la montaña, que tenía un premio económico interesante. Cuando Coppi se cruzó en su camino, se convenció de que podía luchar por el maillot amarillo y dejar de lado los topos rojos. Así hizo y voilá! El resultado: el primer ganador español de la ronda gala. 

Charly Gaul tuvo mucho que ver en sus largas escapadas. El luxemburgués es también considerado uno de los mejores escaladores de todos los tiempos. Cabalgadas que a veces compartían, repartiéndose el botín. Los Alpes, sobre todo, eran su coto de caza predilecto. “Vamos, Charly, que hoy es mi día”, le dijo camino de Grenoble en 1959. Bahamontes lució el amarillo por primera vez y no lo abandonaría hasta París. El año anterior, 1958, se produjo una circunstancia similar camino de Briançon, donde su amigo Fede ganaría la etapa y Gaul aventajó al resto de favoritos. Ése sería su Tour. Y es que cuando ambos estaban aliados en reventar la montaña, los demás contrincantes tenían poco que hacer. 

Largo vuelo al ‘Águila’ que será recordado por siempre como un voraz escalador, coleccionista de cimas: tres veces el Tourmalet, otras tantas el Aubisque, Soulor, Aspin, Peyresourde, Envalira, Romeyere, Puy de Dôme, Restefond, Izoard, Galibier… Pocos corredores tienen un palmarés de puertos tan completo. Pocos han coronado las tres grandes desde el maillot de la montaña. Pocos han levantado la polvareda que el gran Fede ha levantado a lo largo de la historia. Aún hoy, con tantos admirados corredores que han quedado y están por el camino, se recuerda quién fue y se transmite de padres a hijos cuál es el arquetipo de escalador español: el que no tenía miedo a nada y subía como los ángeles. 

Escrito por Jorge Matesanz

Foto: Biblioteca de Asturias via Europeana

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