Historia

Gaetano Belloni, el primer «eterno segundo»

En la memoria de la historia ciclista, la expresión “eterno segundo” ha sido siempre compañera de grandes corredores. Recientemente, a cualquiera se le podrían venir a la mente nombres como Peter Sagan o Jan Ullrich, pero a todos se nos aparece rápidamente el nombre del francés Raymond Poulidor.

Para que un “eterno segundo” se gane tal apodo, suele hacer falta un Campionissimo. Ahí, indudablemente, aparece la legendaria figura de Fausto Coppi. Pero antes de él, un Campionissimo conquistó a base de hazañas el corazón de los tiffosi italianos: el gran Constante Girardengo. Y su gran rival, su gran amigo, el milanés Gaetano Belloni, quedaría para la historia como el etterno secondo que asistía como testigo a las victorias del mito piamontés. ¿Cómo puede haber quedado la leyenda del segundón ligada a un ciclista capaz de ganar un Giro de Italia, tres Giros de Lombardía o dos Milán-San Remo? Los caprichos del destino, quizás el haber nacido en el momento equivocado, lo que le llevó a cruzarse en el camino primero de Girardengo y después de Alfredo Binda. Sea como fuere, Gaetano Belloni acumuló a lo largo de su carrera más de 100 segundos puestos.

Belloni, “Tano”, nacía en 1892 en la localidad cremonesa de Pizzighettone y desde muy pequeño, ya con el triciclo, se enamoró de los pedales. En tiempos difíciles se curtió a base de trabajos con los que ayudar a la economía familiar. En uno de estos empleos, sufrió un accidente que a la postre sería clave para forjar su trayectoria ciclista: perdió una falange de su dedo pulgar. Curiosamente esta desgracia se convirtió en fortuna cuando se libró de ser llamado a las armas tras el estallido de la I Guerra Mundial.

Pese a que la bicicleta era ya una prolongación de su ser, fue a los veintidós años cuando explotó como gran promesa del ciclismo transalpino. En el convulso año que provocó el estallido de la Gran Guerra, 1914, se proclamó campeón italiano amateur. Belloni conquistaba gracias a un físico agraciado. Era un hombre de tez morena y sonrisa perpetua. Su simpatía y locuacidad le dotaban de un carisma único.

Como profesional debutó en 1915 de la mejor manera posible, conquistando con solo 23 años el primero de sus tres Giros de Lombardía. “Tano” había nacido para triunfar en el ciclismo; ni los accidentes, ni la guerra podrían parar una carrera meteórica.

Sería en 1917 cuando lograría una hazaña épica, una victoria propia de aquel ciclismo heroico de titanes del pedal. Se disputaba la Milán-San Remo, que recibía a los ciclistas con uno de esos días terribles de frío, viento y granizo con los que a veces decide amanecer la Classicissima. No hay mejor momento para escribir una leyenda que en el passo del Turchino. En las descarnadas carreteras de la Italia de principios de siglo, Belloni lanzó su ataque a 150 kilómetros de la meta y ya nadie pudo pararle. Ni siquiera el aparentemente invencible Girardengo, que llegaría a meta en segundo lugar a más de once minutos del lombardo. El tercero en discordia, Angelo Gremo, entraría extenuado a más de tres cuartos de hora del vencedor. Triunfos de un ciclismo de otros tiempos.

Un año después, el Campionissimo, que había estado poco presente en las competiciones debido al conflicto bélico mundial, se tomó la revancha y devolvió la moneda en la clásica de primavera con 200 kilómetros de fuga en solitario. Belloni entró a trece minutos. Volvía a ser etterno secondo. La Gran Guerra tocaba a su fin y “Tano” volvió a engrosar su palmarés en 1918, alzándose con su segundo Giro de Lombardía.

Terminada la guerra, se retomaba la Corsa Rosa. El Giro de Italia volvía a llenar de emoción las carreteras italianas. Nuestro protagonista asistió a la exhibición de su buen amigo y rival Constante Girardengo, que venció en siete de las diez etapas disputadas, dominando la general de cabo a rabo de la carrera. Belloni, pese a vencer en una etapa, volvió a ser segundo.

El Giro de 1920 se presumía como un nuevo duelo entre los dos grandes del ciclismo italiano del momento. En la primera etapa, con salida en Milán y llegada a Turín, marcada por la lluvia, Girardengo sufría una caída en el descenso del Monte Ceneri. Mientras, dolorido, reparaba su bicicleta, el Bianchi de Belloni aprovechaba la situación y lanzaba un ataque que permitiría a “Tano,” Olivieri y Germo aventajar en más de once minutos a su gran rival. Por si fuera poco, Girardengo terminaría abandonando en la tercera jornada, castigado por los dolores que le había producido la caída de la jornada inaugural. Belloni no iba a tirar por la borda su gran ocasión. Eliminada su bestia negra, logró su primer y único Giro de Italia, proclamándose vencedor en cuatro parciales. La última etapa de aquella edición de la Corsa Rosa entraría además en la historia por contar con nueve vencedores ex aequo, decisión tomada por los jueces después de que un caballo desbocado interrumpiera la resolución de jornada en el grupo delantero. Sería este el gran año de Belloni, pues sumaría también su segunda Milán-San Remo.

En 1921 se le presentó la oportunidad de alcanzar la gloria de nuevo en la ronda italiana. Girardengo volvió para no dejar títere con cabeza, anotándose los cuatro primeros parciales. Otra vez una caída, esta vez el quinto día, obligaba al gran campeón a abandonar, aupando hasta el liderato al etterno secondo. “Tano” se las prometía felices, pero sería por poco tiempo. En la séptima etapa, Giovanni Brunero lograba colocarse como líder en Livorno, y aguantó su posición durante las tres etapas finales para llegar a Milán con una ventaja de cuarenta y un segundos sobre Belloni, una distancia ridícula en aquellos tiempos de grandes minutadas. El tercero, Bartolomeo Aymo, quedó a casi veinte minutos.

En 1922, en el conocido como el “Giro de las mil disputas”, abandonó la carrera con todo su equipo, al igual que Girardengo. El motivo: Giovanni Brunero había realizado un cambio ilegal de rueda en la primera etapa, por lo que fue penalizado con veinticinco minutos, algo que los dos grandes del momento consideraban insuficiente. Las estrellas transalpinas reclamaron su expulsión, pero esta fue desestimada por los jueces.

En 1923 se retiró en la primera etapa, y en 1924 no tomaron la salida ni él, ni Girardengo, ni Brunero, como muestra de disconformidad con la cantidad económica que los equipos pretendían pagar a los corredores por participar. En 1925 consiguió dos etapas, y terminó cuarto en la general, compartiendo equipo con Girardengo, que también se doblegó ante la aparición de un nuevo campeón, Alfredo Binda, que se mostraría prácticamente imbatible a partir de entonces.

En 1927, participa en el Campeonato del Mundo con una cuarta posición en la exhibición del combinado transalpino, que se proclamó vencedor con Alfredo Binda, y completó el podio con Girardengo y Piemontesi.

El Tano comenzaba ya a notar el paso de las temporadas, pero eso no impidió que, en 1928, consiguiera el triplete de triunfos en el Giro de Lombardía, diez años después de su anterior victoria. Su marca de victorias en la Clásica de las Hojas Muertas sigue siendo histórica pues solo Coppi y Binda han podido superar esa cifra.

Su última gran temporada en la Corsa Rosa terminaría de una forma terrible. Ganó la primera etapa y se colocó de líder, contestando así a la supremacía de Binda. Pero los años no pasan en balde. Con treinta y siete primaveras ya a sus espaldas, el lombardo se fue hundiendo en la general con el paso de las etapas. Sufrió una caída en la octava etapa y se vio obligado a remar contra corriente para recuperar el tiempo perdido. Pero lo peor estaba aún por llegar. Durante el transcurso de esa etapa, un niño saltó a la carretera. Belloni, que luchaba agónicamente para volver a entrar con los mejores, no pudo esquivarlo. El niño falleció como consecuencia del impacto. Gaetano, anímicamente destrozado, abandonó la carrera.

Además de sus éxitos y sonadas derrotas en la carretera, Gaetano Belloni fue un grandísimo pistard. Las competiciones de los seis días, tan en boga en aquellos años, eran su gran pasión. Conoció los más grandes velódromos mundiales, siendo apreciado y conocido a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos corrió en numerosas ocasiones, con victorias de prestigio en pruebas como los Seis Días de Chicago o, en dos ocasiones -1922 y 1930-, en el Madison Square Garden de Nueva York. Su carisma, su belleza latina y su don de la palabra le sirvieron además para anotarse un buen número de conquistas en otro campo, el de las mujeres, una de sus grandes pasiones.

Retirado del ciclismo, ejerció como director deportivo en diferentes escuadras italianas. Gaetano Belloni falleció un 9 de enero de 1980 a los ochenta y siete años. También llegó segundo a esa cita con la parca, como ya le pasara a Poulidor con Anquetil, pues su íntimo enemigo Constante Girardengo había dejado este mundo dos años antes, un 9 de febrero de 1978.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)

Publicado originalmente en roadandmud.com

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