Historia

Galicia y la Vuelta´93, tierra suiza

El 16 de mayo de 1993, la Vuelta volvía a coronar al suizo Tony Rominger (CLAS) como vencedor de la carrera, tras su éxito del año pasado, en una crono individual, entre Padrón y Santiago, en la que su compatriota, y máximo rival, Alex Zulle (ONCE) se alzaría con el mejor tiempo del día.

Era el año Xacobeo, y la competición rendía homenaje a tal coyuntura, planteado un recorrido que prestaba especial atención a la comunidad gallega. El maillot amarillo, además, lucía en sus hombros y en la parte superior izquierda la figura de Pelegrín, el simpático dibujo que se identificaba con la de un peregrino.

Algo menos de un mes antes, el 26 de abril del mismo año, también en Galicia, en concreto desde La Coruña, la ronda española se iniciaba con la ausencia de un nombre propio, Miguel Induráin, el navarro de Banesto que venía de ganar dos Tours consecutivos y el Giro de 1992 y que, postergando su presencia en España, se alzaría con un nuevo doblete Giro-Tour en ese año de 1993.

19 equipos, y una nómina de ciclistas en las que descollaban, además de los suizos ya mencionados, los locales Delgado (Banesto), Montoya (Amaya), Chozas (Artiach), Fuerte (Kelme), el holandés Breukink (ONCE), el vencedor en 1990, Giovannetti (Eldor) y el británico Millar (TVM).

La Vuelta comenzó con un prólogo en el que se impuso el jovencísimo Zulle. Lo que parecía que era “flor de un día” se convirtió en un liderato sólido y la primera demostración del mismo llegó en la séptima etapa, una cronoescala que transitaba por el Puerto de Navacerrada y en la que, de nuevo, nadie pudo batir el tiempo marcado por la joven promesa del equipo ONCE.

Aprovechando la festividad del 2 de mayo, el pelotón abordó Madrid, y el francés Laurent Jalabert alzó los brazos en el sprint, cosechando la cuarta victoria de los hombres dirigidos por Manolo Saiz en las primeras siete jornadas.

El dominio de Zulle se mantuvo hasta la etapa que finalizaba en la Cruz de la Demanda, si bien, ya en la jornada de Cerler, Rominger avisó, imponiéndose en la meta y dejando más que patentes sus aspiraciones a repetir triunfo en la general. Ese día, en el que Rominger obtuvo un botín de casi un minuto con el líder, fue la tumba de Perico Delgado. Los ataques del equipo Amaya y de Rominger estrecharon la diferencia con Zulle a unos exiguos 18 segundos en la general, pero Delgado cedía ya más de 5 minutos, que pudieron ser muchos más de no haber contado con la ayuda de su fiel escudero Marino Alonso; el descalabro de Breukink fue tan mayúsculo como de 7 minutos en meta. Una escabechina.

Dos días después, tras la victoria de Abdou en el sprint de Zaragoza, se planteaba una crono por la capital aragonesa de 37 kilómetros. ONCE consiguió la victoria parcial, gracias a Mauri, y Zulle mantenía su liderato.

Pero la alegría duró muy poco. Rominger vencía en el Alto del Cruz de la Demanda, distanciaba en 37 segundos a Zulle y en 41 a Rincón y Cubino. En la general, apenas 33 segundos con su compatriota y unas diferencias más que considerables de 3,40 con Cubino y 6,40 con Rincón.

En el siguiente envite montañoso, con final en Alto Campoo, la gloria iría a Jesús Montoya (Amaya) y los favoritos concurrieron juntos a la meta. De nuevo el Amaya, en esta ocasión con el colombiano Rincón sumaría una nueva victoria parcial en montaña cuando, al día siguiente, el escalador fuera el más rápido en la meta de Los Lagos. Fugado desde el kilómetro 48, completó los 231, franqueado ocho puertos en fuga. Por detrás, aguantando la lluvia, los tres primeros de la general, de nuevo, juntos con el mismo tiempo.

Consciente de la igualdad existente, Rominger no quería dejar la decisión de la Vuelta para la crono de Santiago. Así, en la etapa que terminaba en el Naranco, aprovechó el mal tiempo reinante y demarró, junto con su compañero Iñaki Gastón, en el descenso de La Cobertoria.

Zulle, ampliamente conocido por sus problemas de visión, perdiendo contacto y, muy nervioso, acabó dando con sus huesos en el suelo (después, en la entrevista para la televisión, dejó para la historia la mítica e inconexa, pero no por ello menos representativa, explicación de: “mucho dolor de culo, electricidad, pero después no he visto mi bici, mi bici abajo de flores“). Restaban 50 kilómetros para la meta, un auténtico calvario para el joven suizo que veía cómo la brecha de la diferencia se desbordaba por momentos, a pesar del trabajo de Breukink por tratar de aminorar los daños. En meta, la diferencia entre los suizos era de 1,17 y Rominger no tenía duda de su triunfo.

Abdou volvió a ser el velocista más rápido en Ferrol. Y, según lo adelantado, el triunfo en la última crono, no serviría a Zulle para desbancar a Rominger que, junto a su paisano y Cubino, completaron el pódium final de la edición.

El suizo, que tomaría la partida en el Tour, sería el más arduo rival de Induráin en la consecución de la tercera de sus victorias en París, completándose el pódium con el polaco Jaskula, ampliamente reconocido por su capacidad de sufrir en las montañas haciendo la goma.

Rominger, además, volvería a España en 1994 para completar su trilogía de éxitos en la Vuelta, competición en la que no participaría en 1995 (temporada en la que venció en el Giro) y en la que, en 1996, se subiría al tercer puesto del cajón, por detrás de Zulle (ONCE) y Dufaux (Festina), en una de las mayores demostraciones de poder helvético que se recuerdan por nuestros lares.

Zulle, por su parte, sería el máximo triunfador de la prueba española en 1996 y 1997. Ningún suizo ha vuelto a pisar el pódium, en la general, desde esa edición.

Santiago de Compostela, por su parte, repetiría como final definitivo de trayecto de la Vuelta´2014, que iría a parar a Alberto Contador.

Escrito por: Ángel Olmedo
Foto: Sirotti
Publicado en el nº 5 de HC

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