#GodSavetheGavia Opinión

#GodSavetheGavia: ¿Abraham Olano caía bien o mal?

– BIEN –

Decir que un ciclista de la calidad de Olano caía mal es afirmar que la unanimidad existe en algún ámbito de la vida. Como siempre, había y hay muchos aficionados que estaban en contra de Abraham por muchos motivos. Eso es incuestionable. Y que hacían mucho ruido, tampoco. Pero volvemos a lo mismo. ¿En qué ámbito de la vida pesa más lo positivo que lo negativo? En cuanto hay una cualidad negativa, se descartan todas las positivas. Digamos que es algo humano. 

Sí es cierto que a su alrededor generó una serie de expectativas que no cumplió de forma flagrante. Eso en ningún caso es culpa suya, sino de los medios, que necesitaban cubrir el hueco de Indurain con una figura que cargara sobre los hombros la palabra heredero del quíntuple ganador del Tour y que además respondiese a esas expectativas. En un momento en el que la prensa deportiva tenía una influencia mucho mayor, aquello afectó a la opinión de parte de la afición, que sintió decepción por el hecho de que Abraham no pudiese hacer ni por asomo lo mismo que Miguel.  

Pero la gran mayoría, que es la más silenciosa, valora de forma positiva los logros del de Anoeta, que por otra parte consiguió un palmarés absolutamente envidiable, maillot arco iris incluido. Y me encuentro entre ellos, me pareció una auténtico titán de la lucha que buscó optimizar sus virtudes y exprimirlas hasta el punto de contrarrestar sus defectos, que los tenía si quería aspirar a ganar vueltas de tres semanas. De hecho, lo hizo tanto que fue capaz de ganar una. Se le criticó que no era un ganador en alta montaña. Y aquí pregunto: ¿lo fue Indurain en sus tiempos de dominador del ciclismo? Se dice que dejaba ganar a sus rivales, y así sería en algunas ocasiones. El propio Miguel ha reconocido que en otras sencillamente no fue capaz de superar a su rival. Sin comparar las prestaciones de ambos en las subidas, diametralmente opuestas. 

Olano fue un gran corredor y así se le reconoce. No estoy de acuerdo en señalar mayorías que no existen. Todos los ciclistas que adquieren fama tienen sus detractores. Que le pregunten al propio Valverde. ¿Quiere decir que no es un ciclista aclamado por la afición? La respuesta es obvia. 

Escrito por Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)

– MAL –

Me gustaría comenzar dejando claro que para mí Abraham Olano ha sido uno de los ciclistas más destacados del ciclismo español de todos los tiempos. Si exceptuamos al de siempre, Indurain, a Valverde, Contador y tal vez los ganadores de Tour, no encontraremos ciclistas con un palmarés semejante. Campeonato del Mundo en contrarreloj y en línea, una Vuelta a España que no le pusieron precisamente en bandeja, dos veces podio en el Giro, Romandía, Tirreno-Adriático, Critérium Internacional y un sinfín de victorias (45 en total). También me gustaría dejar claro que empatizo con su historia y siempre fui un gran defensor de su figura en activo. 

Dicho lo cual, Abraham no logró el reconocimiento de la crítica. No dudo que haya muchos aficionados que le apoyen y aplaudan. El ciclismo por suerte poco o nada tiene que ver con el fútbol y en nuestro deporte se reconoce a todos por su esfuerzo y mérito. Un hecho es que en la era post-Indurain el seguimiento del ciclismo profesional estaba mucho más arraigado que ahora, y no sólo en los aficionados de enero a diciembre, sino, sobre todo, en el mes de julio, por la costumbre que nos dejó Miguel de volver a ver a otro español ganar el Tour. Precisamente el Tour fue la gran asignatura pendiente de Olano. No era su carrera, y pese a todo logró una cuarta plaza en 1997 y en la anterior edición, 1996, la del famoso sexto Tour, estuvo cerca del podio hasta la suicida etapa de Pamplona donde el Mapei inmoló las opciones del vasco. 

Olano no era Indurain. La losa que echaron a sus espaldas no fue justa. Olano debía ser Olano y construir su propia carrera. Para más inri, fichó por el Banesto que precisamente abandonaba el navarro tras su retirada. No podía haber más paralelismo ni más alimento para una prensa que exageró la coincidencia al extremo. Fracasó estrepitosamente no debido a una mala actuación. Sino porque las expectativas hubiesen aniquilado a cualquiera. Después pasó todo aquel conflicto de intereses con Chava, que era extremadamente popular y no benefició a su imagen. Tal vez en la gestión de la comunicación esté el quid de la cuestión. No fue buena entonces, como tampoco lo fue tras su abandono de la Vuelta a España de 1999. La flojera en las subidas no ayudó. Nos referimos a España, un país donde los escaladores tienen mucho tirón por tradición. 

Y después está el Mundial de Duitama. Ese arco iris era de Miguel y mucha gente nunca le perdonó que fuese precisamente el gregario quien le arrebatase la victoria que le faltó al gran campeón. Ese momento fue visto por millones de personas que entonces seguían el ciclismo. Y aunque se produjo en una época en la que las comunicaciones eran de otra manera, sí que es un hecho reconocido por mucha gente. 

De forma injusta, puede que, como decía, por una mala gestión de la comunicación, pero Abraham ha sido un ciclista que no ha gozado de buena fama entre los aficionados y la prensa. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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